Media hora

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media hora



Así lo dijo Jorge Rodríguez, con media hora más habrían ganado la Gobernación del Zulia. Necesitaban 30 minutos para consolidar un fraude que gestaron desde el pasado mes de agosto. En el caso del Estado Bolívar, la hora se les hizo eterna, pero al final allí actuaron como siempre, a la fuerza y sin tiempo para rechistar.


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
Media hora más. Eso dijo Jorge Rodríguez que les faltó para hacerse con la gobernación del Zulia. Solo 30 minutos, para poder redondear el fraude en ese importante Estado fronterizo. Una media hora, que en el caso del Estado Bolívar se les hizo eterna por lo que decidieron romper el reloj y no darle más tiempo a sus agujas para que revelaran una verdad que no les interesaba. Le dieron una patada a la mesa, mandando todo al carrizo para proclamar a media noche, -que es cuando las brujas cocinan su poción-, a su candidato a la gobernación.

Así de fácil hicieron un fraude continuado que comenzó cuando no permitieron la sustitución de candidatos en los “tarjetones” electrónicos. Si el elector se equivocaba, pues mejor. Ese fue el segundo obstáculo, el primero se lo sacaron debajo de la manga anunciando unas elecciones en poco tiempo y con sus aliados de Smarmatic fuera de juego, por “acusetas” y “chivatos”.

Así empezaron a trazar su destino inmediato dentro de las fronteras del país, en vista de que afuera la cosa estaba más oscura. Ya solo cuentan con el apoyo de los parias izquierdistas de naciones como España o los pocos amigos de aquel que fue el gran club del siglo XXI y que ha quedado con tres miembros, Nicaragua, Bolivia y Cuba.

Dicen que el plan lo iniciaron en el mes de agosto. Reuniones de los chivos del gobierno en el Consejo Nacional Electoral y las invitaciones cursadas a técnicos de Nicaragua, Cuba y España para redondear la trampa y salir lo más ilesos posible. Había que demostrar que aquella cifra que engordaron a base de renglones escritos con tinta mágica de 8 millones de seguidores a quienes no les importa no comer o morir por falta de medicamentos, existían, aunque fuera una leyenda. Era la demostración del apoyo sin contrapartida a una revolución que sostiene a la cúpula del PSUV y a la cúpula militar, a sus negocios y a su estilo de vida tan capitalista.

En el plan se adjuntó otra irregularidad del CNE a pocos días de los comicios, el cambio de los centros electorales. Más de 700 mil electores vieron cómo su centro de toda la vida desaparecía en las ollas nocturnas de las rectoras. El pataleo de la oposición no tenía tiempo de extenderse, el asalto a la norma se hizo a pocas horas de la contienda y las quejas quedaron en eso, en quejas.

Desde que anunciaron las elecciones promovieron una campaña en las redes sociales para que la abstención fuera importante. Tenían que esconder a como diera lugar a los millones de venezolanos que habían votado el 16 de julio pasado y ese plan se les hizo bien fácil. Encontraron a un grupo de venezolanos que rechazaba cualquier “trato” por muy electoral que fuera con el gobierno y se juntaron para reforzar a los que están hartos y desilusionados.

Hasta que llegó el día y empezaron su plan apegados al reloj. Puntos rojos, televisores, bolsas clap. El hambre precedía cualquier aspiración posterior en muchos sectores. Hoy tendrían algo que darle de comer a sus hijos, ¿Por un voto? sí y por la promesa que vendrían muchas bolsas más. El hambre siempre puede ser engañada.

De ahí en adelante, todo valía. La improvisación, el no dejar entrar a los testigos, el que el Plan República cogiera las actas y se las llevara debajo del brazo sin previo aviso, el voto asistido y descarado; el voto con el carnet de la patria en la mano; abrieron los centros en la madrugada cuando la Ley dice que es a las 8 de la mañana; operación morrocoy; máquinas dañadas; fallas eléctricas; los colectivos amedrentando;  no había tinta indeleble, así que se podía votar varias veces. Una lista interminable de irregularidades.

Al mediodía las cifras indicaban que ganaba la oposición en muchos estados. Ahí comenzó a funcionar la media hora que no había actuado bien a tempranas horas. Ahí se movieron para inflar a sus seguidores a como diera lugar. Ahí amedrentaron y prometieron, ahí extendieron el horario y no permitieron la presencia de nadie. Ahí estuvo la media hora.

Fraude cantado desde agosto. Justificación de sus 8 millones.

En el Estado Bolívar la cosa se les puso un poco complicada. Andrés Velásquez sabe trabajar, ya tiene mucha experiencia en elecciones y en votos camuflados y birlados. Sus votos los tenía contados, sus actas bien resguardadas, sus testigos ahí. ¡Ah, caramba!, la media hora que necesitaba Jorge Rodríguez ya era insuficiente. La eternidad era insuficiente para lograr ganarle. Así que en ese caso se dejaron de tonterías y al filo de la media noche dieron el zarpazo. El candidato del gobierno, no importa el nombre, siempre es el candidato del gobierno, fue impuesto y puesto en la silla. Sin derecho a pataleo de la oposición. Sin importar las actas, los votos mal contados, las voluntades del PSUV aparecieron de la nada.

Las críticas internacionales, el desconocimiento de las elecciones de parte de muchos gobiernos, a Nicolás Maduro le sabe a casabe. Protestará, llamará a embajadores y se hará el ofendido, pero ya el fraude está hecho.