A Wuilly le borraron los recuerdos

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wuilly



El violinista salió de pronto, sin conocimiento ni procedimientos previos. Fue abandonado en una plaza, con la cartilla repetida hasta la saciedad. No puedes tocar música en las calles, no puedes ir a manifestaciones, no puedes declarar…solo pudo pronunciar unas palabras y qué cosa, fueron para enjuiciar a la oposición. Por lo pronto su Instagram  y su Twitter ya no tienen los recuerdos de aquellos días en los que su violín se enarboló por primera vez como un instrumento de alta peligrosidad.


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
A Wuilly Arteaga le borraron todo. La sonrisa, la esperanza, las notas musicales, los días de sol se los cambiaron por una cárcel oscura. Desaparecieron las fotos de sus redes de aquellos días en los que medio mundo se preocupó un 24 de mayo porque un animal vestido de Guardia le había destrozado su violín. ¡Qué peligro! Un violín con el que la música despedía al aire unas notas de hermosura que afectaban a la maldad, que a fuerza de represión y torturas se ha instalado por estas calles.

El joven violinista que de la noche a la mañana comenzó a saltar a las primeras páginas de los medios de comunicación social por convertirse en la parte hermosa y valiente de la lucha contra la fuerza despiadada de una dictadura, se hizo incómodo para el gobierno. No podían existir notas disonantes ante su barbarie, no podían permitir que la valentía de la música tratara de acallar  las balas, perdigones, bombas, metras y cabillas que disparaban desde la fuerza bruta de la bota militar.

El violín se convirtió en un arrebato para las cúpulas poderosas, se convirtió en un símbolo difícil de callar, se convirtió en el empeño de seguir, y seguir para tratar de despertar la emoción de una serenata en las puertas de la brutalidad. Pero la brutalidad no tiene cura. La brutalidad cada día se sentía más amenazada por unos corchetes que dibujaban colores y decidió entonces atacarla con saña y crueldad.

Lo golpearon una, dos, tres, cien veces. Un violín atronador agredió a uno de los sentidos más importantes para poder vivir la música, el oido, que se resintió ante la brutalidad. Seguro reían con la atrocidad. Lo encerraron, lo incomunicaron. Hoy el gobierno trata de demostrar que nada de eso pasó.

El mundo entero pidió su liberación. Eso es lo que hace la música, tiene la mala costumbre de aparecer en cualquier momento y de hacerse escuchar.

Hasta que Wuilly sin proponérselo apareció sin formas legales en la Plaza Venezuela. Solo, con el cielo como testigo y el recuerdo de unos días de torturas constantes en su bolsillo. Apareció con el alma doblegada.

Su libertad restringida. No puede tocar más el violín en la vía pública, eso es un atentado a la dictadura cubana. Un video recorrió horas más tarde las redes sociales. Wuilly se deslinda de las protestas en las que participó. Dicen que es editado. El publica un Tweet en el que manifiesta que “cuando la maquinaria cubana deje de gobernar nuestro país, estos burdos MONTAJES no se repetirán”.

A Wuilly lo utilizaron para disparar con palabras a la oposición, a Wuilly el gobierno no solo le calló su música, lo doblegaron. Todo se lo borraron, su pasado y su presente.

El Instagram de Wuilly solo llega hasta el 16 de junio. Su violín roto, sus fotos con el médico, con quien le dio el violín, su vida en las calles antes de esa fecha, su tristeza del 24 de mayo cuando le rompieron el instrumento de sus andanzas musicales, sus agradecimientos…ya no existen, ni en su Twitter ni en su Instagram. Lo mismo le pasa a su novia Hazel Pinto Reyes. Su Twitter llega hasta agosto…pudiera ser, pero justamente el 1 de junio, publican un Tweet refiriéndola con una cuenta sin ninguna actividad. ¡Muy casual! Igual sucede con su Instagram, es muy activo, pero ella pareciera que prefirió obviar los días en los que el violín de Wiully fue destruido, como cuando se acaba con el arma del enemigo.

Wuilly no puede volver a ir a una manifestación pública. De eso se encargaron en dejarlo por escrito. Al final, ya lograron por ahora, que la  melodía no vuelva a hablar de libertad