De maltratadores a funcionarios represores

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maltratadores


Van en grupo, esa es una constante. Así tiran las bombas lacrimógenas sin mirar a dónde van a caer. Como unos ladinos caimanes esperan a que, a quienes van a atacar, estén solos. Ahí es cuando les caen a golpes y les roban. Así son los maltratadores que salen cada día a la calle a defender a un gobierno que no teme acabar con el futuro.


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
Ríen. Los Guardias Nacionales y la Policía Nacional Bolivariana ríe cuando tira bombas, cuando disparan, cuando roban. Es una actitud. Como es una actitud la de ser agresivos cuando se encuentran de frente con los jóvenes, la de pegar, maltratar. Eso si, siempre actúan en grupo contra uno solo. En las imágenes jamás se ha visto un enfrentamiento igualitario, valiente, de uno solo de estos represores enviados por los altos cargos. No, siempre son varios efectivos con armas que agreden a jóvenes desarmados. Esa es la actitud.

Cuando tiran bombas lo hacen a diestra y siniestra. Sin ver. O más bien sí. Sí saben que en esa alocada lluvia le caen a todos los que se concentran. Hay ancianos, mujeres, discapacitados, niños. Pero igual lo hacen. Es como si lanzaran una bola contra los pines del bowling. La idea es acabar todo lo que tienen por delante. Sin mirar a quién.

¿A eso cómo lo llamarán los países miembros de la Organización de Estados Americanos? ¿A eso cómo lo llamarán las islas del Caribe que coquetean con el gobierno venezolano por un puñado de no se sabe qué?

¿Es que ni siquiera la historia de persecución en la época de la esclavitud, es para estas islas de sol y plantaciones un recuerdo genético?. O quizás sí, pero no es importante en este siglo en el que se olvidan los valores y las luchas.

La represión es bestial. Esos efectivos que se prestan a atacar a personas desarmadas que tranquilas se desplazan por las calles convocadas, probablemente son maltratadores en sus hogares. Probablemente poco les importa que no haya medicinas, ni comida, probablemente sean ese tipo de individuos que llegan a su casa sin nada, en las peores condiciones y esperan que los atiendan, probablemente no saben mirar más arriba de sus narices y no se den cuenta que quienes les dan las órdenes viven en la abundancia sin mancharse directamente las manos, solo su conciencia, si es que la tienen.

Por eso, el poquito poder que tienen a la hora de reprimir saca su lado maltratador y cobarde, porque el maltratador siempre actúa contra el débil, el maltratador es simplemente un cobarde.

Y así es en cada rincón de Venezuela y así es en edificios y en casas.

Ni siquiera les duele pensar que cada una de esas bombas que llenan las cajas que cada día cargan en sus tanquetas cuestan 40 dólares cada una. Ni siquiera se detienen a pensar qué pudieran, como pueblo, recibir si se invirtieran esos dólares en salud, en hospitales, en niños enfermos.

Definitivamente, es que estos individuos no son capaces de pensar.

La represión es cada día mayor. Hacen emboscadas, sorprenden, actúan. Pero la decisión de seguir hacia adelante, de no permitir que los derechos de los venezolanos, sean vulnerados por siempre, no cesa. La decisión de alcanzar un nuevo futuro para las jóvenes generaciones le da cada día más valor a toda la población. Por eso en las calles el único clamor que se escucha es que ya no hay marcha atrás.