La vida de “ricos y famosos” de los que en el exterior gozan de los “reales de la revolución”.

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enchufados


Una lista en la que están casi todos los que son, corre por las redes sociales. Unos tweet con información de viviendas, vida y costumbres, descubren a los enchufados. Ya nadie se puede esconder. Los negocios están retratados y los que se aprovecharon del dinero del Estado, “van de boca en boca saltando los rumores”, mientras el gobierno se hace el loco y sigue gastando en bombas lacrimógenas para reprimir a la disidencia.


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
Venezuela fue su pozo particular. Casi que se convirtieron en esos personajes que los americanos juran que es cierto, “ese individuo tiene un pozo en el jardín de su casa, por eso es rico”…Pero no, al principio muchos casi que no contaban con casa, pero lograron “enchufarse” en el gobierno  y hacer negocios turbios, nada claros, llenos de sobreprecios y muchas veces, con materiales inexistentes, desfalcando las arcas del estado.

Surgieron así muchos “nuevos ricos”. Sus cuentas de banco en el exterior comenzaron a crecer y crecer y los signos de opulencia ya no los podían esconder. Algunos decidieron subir de nivel y compraron casas en La Lagunita o en el Country Club. Se escuchaban los cuentos de cómo pagaban en dólares contantes y sonantes. A veces con transferencias, otras con maletines. Así el abolengo fue cambiando de manos y de apellidos. La clase si no se compra. Su estilo ha continuado inalterable, es decir, sin nada de clase, pero revestido con marcas, con firmas costosísimas y con aviones particulares.

Así se hizo la nueva oligarquía, que se empezó a codear con los que tenían dinero de antes de la revolución y que vieron también la oportunidad de engrosar sus cuentas bancarias con los negocios multimillonarios que a la larga iban a quebrar al país.

Cuentan que en sus casas, estos “enchufados” tienen fajos y fajos de dólares. Cuentan que tienen fajos y fajos de billetes de moneda local. Cuentan cómo las carteras de Louis Vuitton caen en cascadas y las franelas de Loro Piana, las compran por docenas. Así es la vida de estos multimillonarios que viajan en sus aviones privados.

Al principio muchos seguían viviendo en Venezuela y mandaban cajas con sus productos preferidos cada quince días. Eso si, decidieron sacar a sus hijos del país. La inseguridad es un tema con el que no pueden vivir y salir todo el tiempo con escoltas no es una entrada segura para ningún concierto.

Escogieron entonces los países en los que mejor podían vivir, disfrutar, gracias al dinero que los gobiernos de Hugo Chávez Frías y Nicolás Maduro, le proporcionaron. “Nada nos cuesta, hagámoslo fiesta”...los negocios a veces, fueron cambiando de color y se fueron hacendó más peligrosos en algunos casos. Pero se ponían el mundo por sombrero y allá iban. A disfrutar de lo que la fortuna y Chávez les había dado.

Pero hay una canción que dice que “todo tiene su final” y un refrán que asegura que “entre cielo y tierra no hay nada oculto”. Estos cuarenta días de resistencia de los venezolanos en las calles, esta desesperación que ha llevado a la mayoría del país a protestar, a exigir, esta represión del gobierno hacia los jóvenes, esta mala costumbre de dispararles y arrebatarles la vida, de herirlos, de torturarlos, de llevárselos presos, ha logrado levantar el miedo y descubrir públicamente lo que era un secreto a voces. La vida de “ricos y famosos” de todos los que en el exterior gozan de los “reales de la revolución”.

Una cuenta de Twitter VVsincesura, se ha dedicado a destapar el pozo de la revolución. Una larga lista de quién es quién, rueda por WhatsApp y un mapa de dónde están ubicados, está en las redes sociales. La vida y milagros de cada uno. El prontuario, pues, está a disposición. A ellos hay que agregar, los excelentes trabajos de investigación de sitios como Transparencia Venezuela, el Instituto de Prensa y Sociedad (Ipys), los portales de investigación periodística y el nuevo portal de Vendata.

La escala de enchufados es una pirámide. Los hay también dentro de esta “fauna” que negocia, los que lo hacen a menor escala. Como el que trabaja en el ministerio de la Salud y consiguió un carguito que le dio la posibilidad de obtener sus dólares. No ha podido mudarse de los alrededores de la plaza de la Concordia, no ha podido mandar a sus hijos al exterior, pero si puede ir a Curazao cada dos meses a hacer un mercado cuantioso de comida. Y que no le pidan ni un kilo de arroz, porque “eso me ha costado mucho y no lo voy a dar”.

Esos, por ese poco de comida, también se clavan puñales en el pecho por la revolución de Chávez y Maduro. No les importan las migajas, no les importa que otros hayan robado a mansalva. También ellos “agarran” algo. También están los que como la Jefe Civil de Catia, que anda rodando por las redes, se jacta muy oronda de llevar su corazón rojo rojito. Al fin y al cabo, jamás hubiera podido soñar con un cargo si no es por su fidelidad a la revolución, requisito indispensable. Por eso su demostración máxima a no romper su juramento. Aunque ella no se pueda ni siquiera montar en un avión.

Después están los más pobres de la escala. Los que creen que no son merecedores de nada y que sienten que las bolsas CLAP es un medio regalo del gobierno, aunque las paguen. Se sienten privilegiados por poder tener acceso a ellas. Al fin y al cabo, el opositor de al lado no la recibe y “yo, gracias a mi comandante”, estoy en la lista de beneficiados.

Algún día también saldrán retratados.