Las notas de la represión

Share on Facebook0Tweet about this on TwitterShare on Google+1Email this to someone


represión


A Nicolás Maduro se le ocurrió hoy tocar el piano. Sentado en un escenario preparado con un gran piano negro, tocó unas notas que nadie sabe de qué melodía era… o sí, de una melodía que lo único que evoca es represión, venganza, humo, jóvenes sin futuro. No fue una buena idea tratar de tapar con ese acto televisado la salvajada que un Guardia Nacional del gobierno, cometió contra el muchacho del violín, la salvajada que cometió contra un chamo con ganas de llevar su música hacia un estado de paz.


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
Es que este señor cree que porque toque el piano (unas teclas por cierto, sin melodía y mucho menos patriotismo) va a opacar la salvajada que hicieron contra Wuilly Moisés Arteaga. ¡Por Dios! por muy sublime que sean las notas de un hermoso piano, tocadas por las manos de quien ordena a matar, simplemente chirrean y desentonan cualquier minuto de paz.

La música tiene una particularidad, especialmente la instrumental, y es que cuando suena, transporta los sentidos a un universo propio, a una paz, a imágenes de recuerdos o de anhelos. Sin embargo, también funciona para exactamente lo contrario, para retrotraer la imaginación a una película de terror, de torturas o de represión. Las notas de ese enorme piano negro puesto en escena, sin nada a su alrededor solo la figura del que ocupa la Presidencia de la República, provoca flashes rápidos de disparos, de humo, de bombas, de heridos. Aparece un joven llorando con su violín, vuelve a aparecer tocando el himno envuelto en la bandera y las bombas y de nuevo él, arrastrado por un Guardia Nacional.

Ha sido una idea muy infeliz esa de querer dar sensibilidad a quien ordena represión, a quien no se le ha escuchado una sola vez hablar de los jóvenes muertos, del futuro coartado. Ha sido una idea infeliz porque en esa misma cadena se inventa una historia que ni siquiera puede convertirse en el guión de una película cómica debido a la tragedia diaria de hambre y muerte que viven los venezolanos. Una historia tan descabellada como que la oposición fue la que desmanteló los puentes que unen la autopista con Las Mercedes, tan descabellada como decir que unos amigos explosivistas le dijeron que iban a volar esos puentes. ¿Con qué? Si las armas están de aquel lado, si las bombas están de aquel lado, si las ballenas están de aquel lado. Si toda la fuerza bruta está de aquel lado.

Son historias tan descabelladas que atacan colegios, residencias privadas, realizan juicios militares a la población civil. No señor Nicolás Maduro, las notas que salen de ese piano, son tan tristes como la historia que hoy viven los venezolanos que no encuentran medicinas, que tienen que vagar buscando cómo conseguir las cosas básicas para sus tratamientos, como las del hambre que pasan las personas mayores, como la historia triste de un soldado que dispara contra su pueblo lleno de rencor.

Jamás son las mismas notas del violín de ese joven que insiste en la paz, en que no disparen, en pedirle a los Guardias y a los policías que no hagan caso de las órdenes superiores, que ellos son los responsables en un juicio, que los van a dejar en la estancada, como hacen con quien ya no les interesa.

Las notas de ese piano son las mismas notas de represión que emanan de cada discurso, de cada tweet, de cada orden, de cada cadena, que olvida que venezolanos somos todos.

Quizás son notas hasta de miedo, porque el miedo también está de aquel lado, por eso la represión, por eso una Constituyente hecha a su medida.

Esto señor Maduro, es tocar el piano con una visión hermosa y libre de Venezuela, la genial artista Gabriela Montero.