Para eso quedaron, para acusar a la verdad

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verdad

fotos instagram de @ipaniza



Un Guardia Nacional disparó a un joven y lo asesinó, un Guardia Nacional rompió un violín. Esas son las órdenes, salir a utilizar la fuerza, la brutalidad, a reprimir sin el menor atisbo de sensibilidad. La Fiscal General de la República denunció hoy la represión de este cuerpo. La respuesta del régimen fue acusar a la verdad.


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
Un violín, el símbolo de lo sublime, de la música que acompaña tristezas y protestas. Un violín que solo pide paz y arte. Solo pide eso, acompañar a los sentidos, tratar de borrar la violencia, tratar de despertar un atisbo de sensibilidad. Un violín fue destrozado por la barbarie, por la incomprensión, por el odio, por la brutalidad. Eso es en definitiva, brutalidad. La brutalidad de estos individuos a quienes ni siquiera se les puede llamar seres.

La Guardia Nacional hoy decidió llevarse por delante a Wuilly Moisés Arteaga, decidió arrastrarlo, herirlo, romperle su violín. Es el violín del joven que toca en las marchas envuelto en bombas lacrimógenas. Ese muchacho que sueña con ser un músico y que insiste en recordar el Himno Nacional, en hacerlo el himno de la batalla por la libertad. Ese joven valiente que vive aferrado a un instrumento al que hace gemir paz y con el que pide justicia, lloró cuando ese individuo, armado hasta los dientes, lo arrastró por la calle y le destrozó a su compañero de vida y además, le robó su teléfono. ¡Gran trofeo quiso llevarse el Guardia!. El robo de un aparato que quizás le sirva para dárselo a un muchachito, quien algún día sin duda, sabrá que fueron unas manos asesinas las que le trataron de dar felicidad. Así es la vida de esta revolución.

Ese acto de hoy es el acto de cada día. Ese es el acto de la Guardia Nacional, de esa especie de Gestapo que corre armada detrás de jóvenes y viejos, que ataca sin pensar, que se llena de un odio visceral. Es como si comieran antes de salir, una sustancia que los vuelve malvados, atroces. Inexplicable tanta brutalidad.

Esa Guardia que recibe órdenes macabras de sus superiores, de quienes se amarran a la violencia y a la mentira para vivir matando. Eso es lo que hace este gobierno, vivir matando. Vivir matando a los niños que se mueren sin medicinas, a los enfermos que no tienen tratamientos, a los ancianos que les quitan el sustento, a los jóvenes que se empeñan en perseguir, en amedrentar, en acusar, en encarcelar, en violar, en torturar.

Mientras preparaban la represión del día el miedo los llevó a actuar en otros frentes.

La Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, la misma que ellos contaban en los abonados de sus filas, la misma que necesitaban para seguir adelante, les descubrió una de las tantas mentiras que sustentan. Ni siquiera la oscuridad que intentaron abonar para que ella no diera su rueda de prensa, impidió que no los desenmascarara.

La mentira brotó, como brota la música en el violín de Wuilly. La Fiscal denunció que fue una bomba lacrimógena disparada directamente al cuerpo, al pecho de Juan Pernalete, la que lo asesinó. Todos los que escucharon esta sentencia se conmovieron. Los que estaban allí porque era la aclaratoria de una mentira. Los del gobierno, porque el Ministerio Público confesaba los crímenes que habían cometido

¿De dónde salió la bomba?, preguntaron…la Fiscal General, firme en su decisión de apegarse a la Ley en estos tiempos de vendidos, respondió…”de la Guardia Nacional”.

Todos los medios de comunicación enviaron rápidamente la conclusión de la investigación. Las redes sociales corrieron a la velocidad de la luz que el gobierno quiso apagar.

El gobierno de Nicolás Maduro mintió. Ernesto Villegas, el flamante periodista que acompaña a patria o muerte esta revolución de más muerte que patria, quedó totalmente descubierto, su profesionalidad quedó en el mismo nivel que la del Guardia que rompió el violín. Sus declaraciones profanaron la verdad, enterraron su juramento de libertad de prensa, enlodó el espíritu de un joven libre que luchaba en la calle sin armas.

No fue un pistola de perno disparada por uno de sus compañeros. Fue una bomba que salió de la Guardia Nacional.

Las alarmas se encendieron. Salió Isaias Rodríguez, el mismo personaje gris que inventó testigos y juicios a desvirtuar a Luisa Ortega Díaz, después que tantas alabanzas le había dado. Salió Nestor Reverol, uno de los responsables de las bombas lacrimógenas, de la represión, del violín y de cada una de las muertes de estos más de 50 días, a acusar a la verdad.

Para eso quedaron, para acusar a la verdad.