Entre el luto y la protesta

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luto


Caracas amaneció hoy triste. Venezuela amaneció hoy de luto. El interior con persecuciones y protestas. La capital con rezos y llanto. Así fue el día de hoy, removido, movido. Las redes sociales reventaron temprano con un video de Maripili Hernández contando “su verdad” y cerraron el día con las declaraciones del embajador de Venezuela en España, que se vio increpado por decenas de venezolanos que protestaban por lo que el gobierno en otras fronteras, se empeña en defender.


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios


El día fue triste. Muy triste. Caracas se vistió de luto de nuevo. Los estudiantes volvieron a rezar y a cambiar sus cascos, sus franelas amarradas en la cara, su arrojo. Solo la bandera de Venezuela siguió siendo compañía. Solo los pies que han corrido en las marchas caminaron hoy junto a sus padres y a los que quisieron sumarse a la concentración repudiando la muerte de Miguel Castillo Bracho, un joven de 27 años, ex alumno del San Ignacio de Loyola.

Por eso fue la comunidad ignaciana la que dio el paso de rezar y caminar, de llorar y acompañar, de reclamar en silencio y homenajear a uno de sus muchachos. Uno más que lleva el dolor a un país, que lo viste de negro. Uno más que no cuenta para un gobierno que se ha quitado la careta rápidamente y que empieza a ver cómo se desempolvan sus aires de grandeza.

Así comenzó el día en la calle, pero antes se había iniciado con un video que se hizo viral. La presencia de Maripili Hernández en las calles de Barcelona en España, increpada por dos ciudadanos venezolanos. Estaba acompañada de dos opositores, Pedro Nikken e Hiram Gaviria y un compañero de partido, Rodrigo Cabezas. Se sumaba su camino por un país lejano a lo que ya había sucedido con la hija de Jorge Rodríguez en Australia o lo que pasó en la Universidad Autónoma de Querétaro en México.

Se encontró Maripili con unos venezolanos. Porque es que hay muchos, muchos fuera del país. Viviendo algunos en condiciones difíciles. Han tenido que partir por lo que sea y han dejado atrás tantas cosas, tantos afectos, tantos recuerdos, que encontrarse con alguien que les recuerde a lo que perdieron, los subleva y les remueve el dolor de la lejanía.

Los venezolanos del exterior también dejaron enterrado el miedo. También decidieron que los que se han hecho responsables de lo que sucede deben al menos responder por qué lo han hecho. La ex ministra de la Juventud, precisamente de esa juventud que está en las calles y le disparan, esa juventud a la que le arrebatan la vida, esa juventud que no ve futuro, esa juventud que detienen por tener franelas y un megáfono, esa juventud que juzgan en tribunales militares. Ella, precisamente ella, pide respeto a quienes la increpan y después se hace eco de las palabras del gobierno, “mi verdad es que a esos muchachos los mató la oposición”…mejor no hablar de quienes estaban con ella. Mejor no hablar.

Horas más tarde los ganaderos se pronunciaron en contra de la Constituyente propuesta por Nicolás Maduro y también lo hicieron los abogados y los médicos. Y así poco a poco todos van sumando voces. Cada vez más deportistas con su bandera la enarbolan y piden justicia, el cese de la violencia, paz. Piden que no haya represión. Porque la represión, a pesar de lo que diga Maripili, viene de quien tiene las armas, viene de quien acosa, viene de quien detiene sin mirar cómo ni a quién, viene de quien se salta todos los derechos y juzga a civiles en tribunales militares.

Ya en la tarde la protesta se trasladó a Madrid. En la capital de España los venezolanos se apostaron en la calle Hermosilla, en un instituto, el Centro de la Diversidad Cultural (Venezuela), donde iban a hablar las supuestas víctimas de los hechos de febrero de 2014, los mismo por los que detuvieron a Leopoldo López. Unas víctimas que como las Madres de la Plaza de Mayo de Argentina, han vivido del gobierno, viajando por el mundo, haciendo como Maripili Hernández, contando su verdad. O más bien la verdad del gobierno.

Fueron muchísimos venezolanos. Y es que tantos no pueden estar equivocados. No puede estar equivocado el 83% por ciento de la población. Esa calle de Madrid se vistió con banderas, pitos, cruces y carteles.

Se quedaron horas delante de la sede gritando, pidiendo justicia, haciendo saber al mundo las barbaridades que ha cometido el gobierno, los muchachos que ha matado en las últimas semanas. Y gritaban “Asesinos”.

Ya en la tarde, se conocía la destitución de Alfredo Ramos como alcalde del municipio Iribarren de Barquisimeto. Lo habían decidido los concejales del PSUV, porque sí. Así, sin más. Como todo lo que hace este gobierno que al menos de cara al público no se detiene.

Más tarde el embajador de Venezuela en España, Mario Isea, a quien ya lo habían increpado hace unos días al salir de un restaurant y otro al salir de una conferencia, a quien le habían forrado el carro con mensajes contra Nicolás Maduro y su gobierno, tildó la manifestación de los venezolanos frente a su acto de denuncia,  de “actos violentos”. Aireado dijo que le iba a reclamar al jefe del gobierno Mariano Rajoy. No se ha enterado el señor Isea que España es una democracia, donde se respeta el estado de derecho y se respetan precisamente los derechos de los ciudadanos. Y los ciudadanos, tienen derecho a protestar. ¿Cuáles fueron sus armas? todo el mundo lo vio, bandera y pitos. Seguro que al señor Isea le pareció material subversivo. Por eso denunció que se encontraba asediado.  ¿Sabrá del asedio de lo venezolanos en las calles?