Maduro entre cuatro aplausos le dio un golpe fatal a la democracia

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cuatro aplausos


No había tanta gente. Las tomas eran cerradas y varios videos de anónimos demostraban que los seguidores que llegaron,” con las mismas se fueron”. Nicolás Maduro convocó a una Constituyente. Lo que explicó ninguno de los que allí estaban lo entendía. Solo le pedían. Le pedían congelar los precios y él se los prometió. Todo entre cuatro aplausos. Una vez más les mintió. Tal vez no lo entendieron. O tal vez si.


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
Poca gente se concentraba hoy en la avenida Bolívar, poca gente de un lado de la tarima y del otro. Las cámaras de Venezolana de Televisión no se atrevían a abrir el lente. Hacían un paneo hacia un lado y hacia otro. Por delante y por detrás. En la tarima un hombre corpulento enfundado en una chaqueta negra, muy negra, como de goma. A su lado su compañera, también con chaqueta negra. Un conjunto, aunque esta vez no bailaron salsa. Esta vez gritaron y dieron un golpe fatal a la democracia. A su lado los de siempre, destacando el socio más pegadito Tareck El Aissami.

Del otro, pegaditos también los seguidores incondicionales, los que esperan que sus bolsas CLAP duren toda la vida. Los que se acostumbran a la limosna y rendidos cumplen órdenes. O ni tan rendidos, gritan con sed de venganza, con sed de rabia, con sed de resentimiento. Como si la vida no les hubiera dado nunca nada y las migajas que ahora reciben se convierten en un todo. Sueñan sin saber que soñar no cuesta nada y que las promesas se las lleva el viento. Pero tratan de atajarlas, de llevárselas entre los cuatro dientes que les quedan porque al dentista no pueden ir. Pero que importa, están en la primera fila de la revolución, comiendo con la venganza y con una bolsa que les cruje de vez en cuando en el estómago aunque ya no les alcance.

Pedían a gritos, si. Pero es que eran cuatro gritos, solo cuatro. El resto se había esfumado por donde había venido. Los aplausos intentaban acompasar las palabras de Nicolás Maduro, “Activo todo el Poder Constituyente para que el pueblo tome todo el poder de la Patria”. Nadia sabía con qué se comía eso, pero ahí iban los cuatro aplausos y VTV tratando de maquillar el espacio.

Gritaban como locos, como cuando una turba es elegida por un líder sediento de venganza. Como cuando Gastón, el de la Bella y la Bestia, alzó a los pobladores del pueblo con palos y piedras. Las mismas caras, la misma ignorancia, la misma sed de vivir con el CLAP y con sueños no cumplidos. Por eso le pedían que congelara los precios, porque saben que el anuncio de aumento de sueldos mañana será sal y agua, porque saben que ninguno de los 15 anteriores aumentos han servido de algo.

Maduro les contesta que decreta la congelación de precios. Vuelven los cuatro aplausos y la memoria corta. La burla a la sed y al hambre. Los precios están congelados desde hace años, pero la guerra económica del gobierno, ha hecho que desaparezcan los productos. Ni siquiera esos alimentos que importan a dólar preferencial, para después cambiarlos a dólar negro y meterse unos billetes en los bolsillos, se encuentran ya en los mercados.

La ignorancia sonríe y se siente triunfadora, mientras la serpiente grita con fuerza tratando de disimular que son pocos los que abrazan la foto del comandante que les dejó a un hijo que se quiere eternizar en el poder. “Ha llegado el día en el que no le fallemos a Chávez, no le fallemos a la Patria”, les dice y esos militantes de la decadencia, agrupados para hacer bulto, para arrugar la cara frente a la cámara o a mostrar sobre la tarima un cuerpo enfundado en tela de tigresa con todo operado, (quizás a dólar preferencial), vuelven a tratar de corear “Chávez, Chávez, Maduro, Maduro”.

Tal vez no entendieron. O tal vez si. Tal vez sigan esperanzados en que el golpe que hoy Maduro y sus amigos le dan a la Constitución que promovió y promulgó Chávez, quiere darle una patada militar. Tal vez no entiendan. O tal vez si, que la patria socialista cubana, de hambre y miseria, busca una confirmación jurídica. Tal vez no entiendan. O tal vez si, que Chávez solo quedó para los cubanos en afiches para vender y que las promesas en la que ellos creyeron, acaban de ser rotas en sus propias caras y bajo sus cuatro aplausos.

“Convoco a una Constituyente profundamente obrera, comunal, del pueblo”. “Victoria popular”

Mientras, esa victoria popular, disparaba a mansalva, hería, asfixiaba, acababa con sueños. Mientras, esa victoria popular hacía huir a las decenas de aviones privados que estacionan en la Carlota, en ese espacio que un día Chávez prometió que convertiría en parque y que hoy el gobierno de Maduro recuperó para las naves de los “populares” dueños de la Venezuela dictatorial.