El miedo se quedó del lado del gobierno (crónica del día)

Share on Facebook0Tweet about this on TwitterShare on Google+1Email this to someone




La resistencia civil comienza a despertar. Los venezolanos están dispuestos a alzar la voz, a enfrentar la fuerza bruta de un gobierno que decidió reprimir con perdigones, con bombas lacrimógenas, con gas pimienta, con armas en las que gastaron un realero. El gobierno decidió combatir cualquier voz que se les oponga. Desde una tarima, protegidos por guardaespaldas, porque el miedo se quedó del lado del gobierno.


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
Hoy las calles de Venezuela volvieron a gritar, volvieron a decir una y mil veces que el gobierno de Nicolás Maduro es una dictadura que se apoya en la fuerza militar. Cada voz de un venezolano que pueda hablar, pronuncia la palabra con fuerza: “DICTADURA”. Porque eso es lo que este gobierno se empeña en patrocinar, la represión con la fuerza policial y militar contra quienes salen a la calle a pedir libertad, elecciones, comida, medicinas, agua, paz.

Por cada grito, el gobierno temeroso ha decidido lanzar una bomba lacrimógena, un perdigón. Pero el grito siempre vuelve a repetirse, a multiplicarse y las calles de Caracas se han llenado de gritos y de valor. Esa es la molestia de la cúpula que gobierna.

Todo comenzó temprano. La convocatoria era a concentrarse en siete puntos de la capital, uno por cada magistrado, uno por cada firma de una sentencia que le arrebata el poder al pueblo. Banderas, los tres colores se expandían por calles y avenidas. Las noticias comenzaron desde temprano. La Guardia Nacional había instalado alcabalas en las entradas de la ciudad. Bloqueaba la posibilidad de movimiento. Igual, el que estaba dispuesto a salir se ponía sus zapatos y adelante, a patear la calle.

Las redes sociales mostraban lo sucedido ayer en la Universidad de Carabobo, donde entraron colectivos y fuerzas de seguridad, violando el recinto universitario y encontrando resistencia. Resistencia, esa acción que en estos días se va anidando en los ciudadanos que quieren un cambio, aunque el gobierno se empeñe en desacreditar a todo el que solo quiere elecciones y comida y medicinas.

Las principales ciudades del interior del país también enviaban informaciones de todo lo que pasaba, de las pancartas que enarbolaban, del entusiasmo y la decisión de demostrar al mundo que lo que el gobierno se empeña en decir no es cierto. Venezuela se llenó de marchas y de protestas.

Desde la cúpula de Miraflores habían programado otra concentración. Otra concentración con el rojo por delante. No esperaban el factor sorpresa, solo esperaban lo que veían como todos a través de las redes sociales, mucha gente caminando y concentrándose para dirigirse al Distribuidor Altamira.

En el gobierno esta vez no contaron con la adrenalina, las tácticas no reveladas, que llevó a la dirigencia a anunciar que irían hasta la Defensoría del Pueblo. El paso de todos dio media vuelta hacia la plaza Morelos. 

Inmediatamente aparecieron en el camino la Policía Nacional y la Guardia Nacional. Las imágenes eran de película, como en las guerras en las que se luchaba cuerpo a cuerpo. Las fuerzas de seguridad alineadas esperaban la llegada de los manifestantes. Una raya homogénea de Policías hacía una línea horizontal, pegados unos a otros, con cascos y escudos. No eran muchos. Al principio apostaron allí a unos cuantos, seguro que eran a los que los altos mandos poco les importaban. Atrás pululaban otros, en motos, en grupos.

En otro lado las ballenas a modo de defensa interrumpían el tráfico. La marcha igual siguió, los caraqueños no se detenían, seguían, resistían. Empezaron las primeras bombas lacrimógenas, los primeros chorros de agua que con fuerza trataban de detener los gritos, pero no podían. Piedras iban y venían. Los líderes de la oposición seguían adelante, gritaban no a la violencia. Recibieron bombas lacrimógenas, ayudaron, acompañaron a todos los que allí estaban.

Al mismo tiempo desde la tarima roja Diosdado Cabello, Freddy Guevara y Aristóbulo Istúriz gritaban y decían cosas terribles, palabras que desde afuera lo que dejaban claro es que están montados en una dictadura a la que están dispuestos a defender a como de lugar, con las herramientas que sean, acabando con quien sea. Fueron las palabras de un gobierno que decidió demostrar que está fuera de la Ley. “Si llegara el momento que cada hombre y mujer agarrara un kalashnikov así lo haremos”, dijo Freddy Bernal.

El Defensor del Pueblo, Tarek William Saab, lejos de actuar como debía, simplemente recibir al pueblo al que supuestamente defiende. El funcionario sin el más mínimo respeto a su puesto, sin ni siquiera intentar demostrar tratar de darle un cierto decoro, publicó una mentira difundiendo un hecho grotesco. ¿Cómo habría que calificar sus actuaciones?

El miedo se quedó del lado del gobierno. El miedo se quedó en cada bala, en cada bomba, en cada detención. El miedo se quedó detrás de cada policía al que exponen y al que enfrentan, al que obligan a atacar. El miedo se quedó detrás de cada una de esas palabras de amenaza, proferidas desde una tarima con guardaespaldas fuertemente armados. El miedo se quedó escondido ante cada grito de libertad que con voz fuerte enarbolan la mayoría de los venezolanos. El miedo lo convirtieron en represión, en fuerza. Tal vez es como escribió el periodista Luis Carlos Díaz en su Twitter, “A veces no estoy de acuerdo con los políticos que dicen que el chavismo reprime por miedo. Mira, en realidad lo disfruta. Le divierte”.