Venezuela ya es otra señor Maduro…quiere libertad y usted no debería querer el mando #19Abril

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libertad


Lo volvieron a hacer. Volvieron a matar, a reprimir, a perseguir, a encarcelar, a torturar. Pero los venezolanos ya están cansados de no ver el futuro, por eso hoy salieron desde todos los puntos del territorio nacional y llegaron al oeste y gritaron libertad. Nicolás Maduro quedó solo en un rincón, porque es que Venezuela quiere libertad.


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
Dónde está la violencia de los opositores, si eran cientos de miles  y miles atacados por unos pocos efectivos de seguridad armados con bombas lacrimógenas y perdigones, dónde están los que apoyan a la revolución, si las tomas de Venezolana de Televisión eran cerradas y nada más concentradas en la avenida Bolívar, mientras que la oposición estaba en todo el país. Dónde están los más de 60 mil motorizados que defenderían la revolución, si apenas fueron unos paramilitares armados por el gobierno y con las caras tapadas, que contribuyeron a asesinar a dos estudiantes. Dónde está la revolución que se dedica a acabar con la vida de los jóvenes y no es capaz ni siquiera de rechazar la pérdida de vidas venezolanas.

El gobierno está en una revolución corrupta, armada, está ahí para matar y reprimir. Allí está la soberanía de un gobierno sustentado por las Fuerzas Armadas y por paramilitares que conviven en torno al poder. Una soberanía de fuerza y odio.

Venezuela se desbordó el 19 de abril. Todo el país acudió al llamado de la Unidad. Desde distintos puntos del territorio nacional se prepararon para demostrar su cansancio, la desesperación de vivir en un país en ruinas, gobernado por una cúpula corrupta, opresora, tirana.

Cada vez más gente se unía al apoyo que se daban entre unos y otros. Hasta que temprano, como para espantar el alborozo, un muchachito, Carlos José Moreno, un muchachito de 17 años, que en tres días iba a cumplir 18, fue asesinado. Los testigos aseguran que fueron colectivos que pasaron disparando y le arrebataron la vida a un inocente. Ni Nicolás Maduro, ni Diosdado Cabello, ni Vladimir Padrino, ni ninguno de la lista de los que alardean de socialistas, pronunció nada sobre este asesinato de las fuerzas paramilitares que el gobierno más que proteger, financia y promueve.

Pero los venezolanos siguieron, no se detuvieron ante la primera provocación para aflorar el miedo. Obviaron las amenazas de que no se podía marchar por el oeste, las amenazas de división de un Presidente que se empeña en el ustedes y nosotros…evidentemente poco ha aprendido de las funciones que debe tener un Jefe de Estado. El oeste salió. Inmediatamente las fuerzas de seguridad del Estado también lo hicieron y comenzaron las bombas lacrimógenas. Las lanzaban a mansalva, a personas, a edificios, a lo que fuera.


Es impresionante la gran cantidad de bombas de las que dispone este gobierno. Si hubieran gastado ese dinero en las medicinas de las personas seguramente no habrían muerto tantos venezolanos por falta de medicamentos.


Venezuela seguía caminando y las bombas seguían aturdiendo. Empezaron los reportes por todos los rincones del país. Heridos, detenidos, periodistas a quienes les quitaron sus instrumentos de trabajo. La Guardia Nacional y la Policía se lucían en represión. Lo del Estatuto de Roma, los delitos por los que a manera individual responde cada violador de los derechos humanos, es chino para cada uno de estos individuos que se convierten en asesinos con solo portar un uniforme.

Los colectivos, motorizados, eran unos cuantos, unos cientos, jamás los 60 mil de los que hablaba Diosdado Cabello, pero también colaboraron con las fuerzas de seguridad para impedir que el oeste siguiera en el camino.

Mientras tanto los autobuses del gobierno trajeron a algunos rojitos hasta la avenida Bolívar. En otras partes del país no había oficialistas suficientes. No marchaban. Solo colectivos, Guardias y policías, entorpecían las calles del interior. Bombas y balas.

Al este los oficialistas ni intentan ir por supuesto, pero es que tampoco lo pudieron hacer en el oeste. Solo quedaron en la avenida Bolívar, reducidos, acorralados por un país que gritaba constantemente libertad. Un país que recibía bombas y más bombas, y seguía de frente, sin miedo.

Horas más tarde en Táchira los colectivos asesinaron a otra joven, Paola Ramírez, mientras Maduro y su combo desde una tarima, bailaban, criminalizaban a la oposición. Otra vida caía inocente y el gobierno mentía, amenazaba, gritaba. Ya sin argumentos inventaba una nueva conspiración, con los protagonistas de siempre, los diputados que más le molestan.

Más tarde desde el Twitter de la presidencia se burlaba de los que tuvieron que huir por El Guaire ese río que Hugo Chávez iba a convertir en balneario y que al final lo han convertido en el pozo de la revolución.

Pero es que ya no son los líderes de la oposición los que llevan la bandera. Son todos los venezolanos, los de aquí y los de allá. Todos cansados del discurso, de la represión, de la corrupción, de cómo han acabado estos sujetos con el país.

Venezuela está cansada de los mismos argumentos, manejados desde distintos ángulos.

El mundo entero tiene detenidos sus ojos en el país. Han visto como hay más de 400 detenidos. Ya no hay marcha atrás. Venezuela ya es otra señor Maduro. Venezuela quiere libertad y usted no debería querer ya el mando.

 

“El odio es la consecuencia del miedo; le tememos a algo antes de odiarlo.” – Cyril Connoly