El Jaleo es cuando el gobierno lo decide

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Caracas hoy no tuvo tantas bombas lacrimógenas. Llovió y ellos, los que tienen las armas, no se mojan. No se mojan con nada, ni si quiera con las responsabilidades que tienen como violadores de los derechos humanos. Las emboscadas siempre las organizan desde los centros del poder.


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
Es evidente. Hay “jaleo” cuando los cuerpos de seguridad así lo deciden. Sin más. Cuando la oposición sale tranquila a la calle, simplemente a protestar, sin el ataque de los paramilitares del gobierno o de la policía y la Guardia Nacional, no pasa nada. Todo transcurre sin incidentes, tal como está programado.

Cuando en cambio, el gobierno decide atacar porque si, para demostrar fuerza o miedo, quién sabe, la cosa se pone diferente. En primer lugar porque cuando atacan sin razón, hay que defenderse, pues aunque los que manifiestan huyan de las bombas lacrimógenas las dirigen directamente a los cuerpos desprovistos de todo, salvo de valentía, cualidad que les sobra a quienes luchan por la libertad. Los perdigones vuelan directamente a los cuerpos de los manifestantes.

Federico García Lorca lo definió muy bien en una poesía que se hizo lema tiempo después en la guerra civil española. “Anda Jaleo”, y decía clarito “anda jaleo, ya se acabó el alboroto y ahora empieza el tiroteo”...Y cada día el gobierno venezolano empieza el tiroteo. Hoy Caracas se salvó. Solo al final hubo algunas escaramuzas, cuando unos cuantos jóvenes decidieron protestar en ciertas zonas, en Altamira, en Las Mercedes y en la autopista. Pero en general las dos marchas, la del este y la del oeste lo hicieron tranquilas, con fuerza, con una lluvia pertinaz que acompañaba los pasos y limpiaba las decisiones de las fuerzas de seguridad. Algo se saca en conclusión de esto, que ellos no se mojan. No se mojan con nada, ni siquiera con la responsabilidad de asesinar a jóvenes, a muchachos con una vida por delante. No se mojan con la responsabilidad de los presos políticos, de los que privan de libertad solo por disentir. No se mojan con la responsabilidad de las torturas y la violación de los derechos humanos. No quieren mojarse con nada y sin embargo, como dijo el Secretario General de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro,  el hecho que un gobierno se manche las manos con sangre, lo hace indigno de representar a su pueblo. Están tan mojados.

Están tan enredados que ya no llevan una ilación en su discurso, ni en sus acciones. Nicolás Maduro obvió el 11 de abril lo que había sucedido en San Félix. Montó un video con ropa nueva y silencios de Cilia Flores, para dar fechas y horas, para decir que nada había pasado y esconder lo que todo el mundo vio que el vivió, objetos que caían sobre su gran cuerpo, mientras escoltas asombrados no hallaban cómo protegerlo. Salió como manejando, como si las calles fueran libres para él, como si el pueblo lo idolatrara como lo hizo con el padre de toda esta esperpéntica criatura.

Luego vino Aristóbulo Istúriz a enredar más la cosa, asegurando que lo que tuvo Maduro fue una avalancha de amor, en la que le tiraban de todo, desde mangos a tomates y hasta un pelota de baseball. Con mensaje escritos. Lo que no especificó es que querían decir los mensajes, ni qué hubiera pasado si la pelota le hubiera dado duro en la cabeza, o el tomate se le hubiera aplastado en la cara. No dijo tampoco cómo los escoltas tratando de protegerlo le pegaron y cómo él no hallaba cómo esconderse de tanto amor convertido en inofensivos proyectiles. Una acción inocente al lado de las bombas, perdigones y disparos que los cuerpos de seguridad le pegan a quienes solo intentan protestar. Una acción que hasta despierta sonrisas al lado de las lágrimas que brotan por las consecuencias de sus órdenes.

Al día siguiente, el 12 de abril, habló que lo que pasó en San Félix, fue una emboscada. Emboscada es lo que su gobierno le hace cada día a los venezolanos, privándolos de libertad, violando sus derechos humanos, robándoles el pan, la salud y los recursos que son de todos y no de unos cuantos.