Un pueblo valiente salió a gritar libertad

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pueblo valiente


La rabia fue hoy la actitud del Estado represor. La decisión de la OEA de proclamar que en Venezuela se rompió el orden constitucional, la protesta de los venezolanos por las últimas decisiones del Tribunal Supremo de Justicia quitándole todas las atribuciones y derechos a la Asamblea Nacional, a la genuina representación del pueblo, desataron el espíritu agresor del gobierno contra un pueblo que valiente salió a reclamar sus derechos.


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
Dictadura, tiranía, fuerza, represión, opresión, abuso, totalitarismo, crueldad. Esa fue la respuesta que hoy le doy el gobierno de Nicolás Maduro al pueblo de Caracas, esa fue la respuesta inequívoca que le dio al mundo exterior, a los países de la Organización de Estados Americanos que denunciaron lo que los venezolanos viven, bajo un régimen que no se preocupa en lo absoluto por su pueblo y que persigue sin piedad a la disidencia política, encarcelándola y torturándola.

Caracas fue hoy una batalla campal, un lucha desigual entre quienes detentan el poder de las armas y el abuso de la represión y miles de ciudadanos que salieron a protestar por las políticas dictatoriales del gobierno y los poderes públicos que mantiene secuestrados.

La convocatoria de la oposición se hizo desde que se supo la decisión del Tribunal Supremo de Justicia que anulaba todas las potestades de la Asamblea Nacional. Un poder escogido en las últimas elecciones libres que han habido en el país y que demostraron, ya en el año 2015, que la mayoría de los venezolanos están en contra del régimen. Pero la reacción internacional, apoyada, dicho sea de paso, en la denuncia de la propia Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, quien habló del rompimiento del orden constitucional, fue el peor golpe que ha recibido el gobierno y por eso decidió hoy atacar una vez más sin piedad.

Desde anoche el miedo de los altos mandos del país los obligó a cerrar las entradas principales de la capital con la Guardia Nacional. Sin embargo, los caraqueños que pudieron salieron. Jóvenes, ancianos y dirigentes políticos. Los diputados encabezaron la decisión de ir caminando hacia la Asamblea, la sede del Legislativo, para sesionar y denunciar a la dictadura y sus decisiones, para iniciar el proceso de remover a los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, el brazo jurídico del régimen, para denunciar ante quien lleva el rimbombante título de Defensor del Pueblo, los abusos que se cometen contra la población, porque el pueblo no es precisamente lo que defiende.

La historia se iba a repetir, porque el gobierno siempre actúa igual. Policías Nacionales, fuertemente armados, Guardias Nacionales, fuertemente armados, el Sebin fuertemente armado, colectivos en motos, fuertemente armados. Cada uno en su posición en el campo de batalla, cada uno esperando para actuar.

A la avenida Libertador llegaron cientos de uniformados de verde. Con cascos, escudos, chalecos, armas, lanza granadas.  Todos armados siguiendo órdenes, en una masa verde uniforme. Muchos sin rostro, otros dando la cara. Muchos con rabia contenida, otros obedeciendo. Todos expuestos, sin recibir nada a cambio, ni agua. O tal vez si, el castigo si no cumplen.

Llegó la hora de evitar que los marchantes llegaran al lugar. En un acto insólito de lo absurdo, querían impedir a toda costa que los diputados llegaron a su sitio de trabajo. En un acto insólito de refrendar lo que los países de América habían denunciado sobre un sistema represivo y dictatorial.

La policía primero, más allá los guardias nacionales. Todos se alineaban en barreras que impedían el paso. Los manifestantes no estaban dispuestos a dejarse reprimir. La valentía de las mujeres y los hombres que allí caminaban es admirable. Los dirigentes políticos, los dirigentes vecinales y a la cabeza los diputados, alcaldes, el gobernador de Miranda. Las mujeres, María Corina Machado, Lilian Tintori, las diputadas. Todos juntos en un acto de libertad, en un acto que también resultó una bofetada a quienes desde sus computadoras o su Twitter dicen que la oposición está vendida, haciéndole el juego al gobierno de Nicolás Maduro.

Comenzó la represión. Bombas lacrimógenas, perdigones, gas pimienta, empujones. Salían en grupos a perseguir a los jóvenes. Era como la película de El Planeta de los Simios, donde un grupo de uniformados, armados y en motos, corrían tras jóvenes que solo gritaban libertad.

Al mismo tiempo los líderes del gobierno, los que no se atreven a salir a marchar al lado de “su pueblo”, aullaban sin piedad contra la mayoría de los venezolanos y obviaban que cerca, muy cerca, por sus órdenes, el pueblo era perseguido y reprimido.

Pero valientes, muy valientes siguieron siendo los venezolanos. Las ballenas intentaron persuadir a los que no callaban y el camino lo abrían por otro lado.

Salieron los colectivos entonces y dispararon, e hirieron a un joven, y un policía le pasó la moto tres veces a una muchacha de 18 años, y al diputado Richard Blanco lo tuvieron que llevar al hospital e ingresarlo en terapia intensiva y golpearon a Julio Borges y le tiraron bombas lacrimógenas a Lilian Tintori y a Henrique Capriles y varios diputados fueron heridos.

Un Guardia Nacional, megáfono en mano aseguraba que no había Constitución ni leyes, otro con rabia quería abalanzarse contra los jóvenes, a un policía le quitaron su lanza granadas y lo tiraban de un lado a otro, otros salieron corriendo por la avalancha de los jóvenes y las piedras, otros obstinados le aseguraron a un grupo de opositores que también estaban cansados, que el día había sido fuerte, que de ellos los altos mandos no se preocupaban ni para darles un sandwich o un vaso de agua, que si los venezolanos se mantienen en la calle, ellos no podrán seguir y se pasarían al otro lado.

La Conferencia Episcopal no dejó de pronunciarse en estos momentos y en un documento señaló que hay una distorsión en el ejercicio del poder en Venezuela.

Todo esto sucedió hoy en un país que promete seguir luchando, saliendo a protestar a luchar por sus derechos, en un país de gente valiente, que como dijo ayer el secretario general de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, le dio muchas oportunidades al gobierno de rectificar, de dialogar. Pero el gobierno con Cuba en el horizonte, decidió usar la fuerza y quitarse la careta.