Dos películas prohibidas se exhiben en el Festival de Cine de Miami

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Cuba y Venezuela van de la mano en todo. Ese es el mar de la felicidad con el que soñó Hugo Chávez y esa es la historia de la prohibición. Los dos países prohibieron dos películas, “El Inca” en Venezuela y “Sara y Andrés” en Cuba. Las dos serán exhibidas en el Festival de Cine de Miami, abriendo paso a la libertad


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
Miami se viste de cine latinoamericano y en la tierra de la libertad se estrenarán dos películas que fueron prohibidas en su país de origen. “El Inca” y “Santa y Andrés”. Venezuela y Cuba. Los dos países del “mar de la felicidad”, los dos países que se atreven a proclamar y dictar sentencias sobre Derechos Humanos, son los que llevan la bandera de la censura sobre estos films que fuera de sus fronteras tienen la posibilidad de proyectarse ante los ojos de quien quiera.

Prohibir. Esa es la premisa principal de estos gobiernos que hablan de igualdad y dignidad y que encierran todo lo que les es incómodo por alguna razón. En Cuba, no les gustó el planteamiento de “Santa y Andrés”. En Venezuela, tampoco se sintieron a gusto con “El Inca”.

Eso de cuestionar al régimen, que se pinte la realidad de la vida en la isla, no es del gusto del régimen castrista y eso de retratar la vida de un hombre que alcanzó la fama y que destruyó su vida con las drogas, muriendo con la figura de Chávez en el pecho, tampoco parece que agradó al gobierno revolucionario.

El guionista y director de “Santa y Andrés” Carlos Lechuga, no recibió ninguna explicación de parte de los censores. Simplemente le dijeron que su película, que tenía previsto asistir el pasado diciembre al festival Latinoamericano de Cine de la isla, ya no iba a participar. Así sin más. Los críticos de cine, los que no escriben las páginas públicas del gobierno, sino en blogs y columnas en el extranjero, aseguran que la película cubana representa sin medias tintas el dolor de personajes que han sido marginados por la ideología.

Carlos Lechuga ha dicho que el tema de Santa y Andrés” es “la libertad, la libertad y la libertad”. También una película sobre el dolor, ese hondo dolor que causa no disponer de libertad y con el que muchos viven, escribe Luis Leonel León, en El Diario de las Américas.

En Venezuela un juez prohibió El Inca. EN diciembre pasado. La prohibió sin verla, sin saber de qué va. Solo escuchó una parte, la de la familia del pugilista Edwin Valero que  pidió un amparo para proteger a los hijos del boxeador. ¿La mejor parte? La familia cuando interpuso el amparo tampoco la había visto. Pero así son las cosas en el país de las prohibiciones.

Cuando la película llevaba tres semanas en cartelera llegó la orden judicial. Prohibido, no se puede exhibir más. Desde entonces ha sido un devenir de abogados, audiencias y jueces. Y la orden sigue. La película no puede ser vista por los venezolanos.

La decisión del juez se adapta a ese refrán que asegura que “son más papistas que el Papa”. Probablemente supuso que la película tenía tintes políticos porque el personaje era afecto al gobierno de Hugo Chávez y bastó y sobró para dictar sentencia, apoyado en la petición familiar.

Ignacio Castillo Cottin, su realizador, guionista y director, se basó para realizar su película en hechos públicos y notorios, nada inventado. Investigó durante tres años la tortuosa relación de Valero y Jennifer Viera con la intención de escribir un libro y se dio cuenta del potencial cinematográfico de la historia cuando descubrió la relación extramatrimonial del boxeador, que  tenía problemas con las drogas.

El director ha dicho en todas las entrevistas a las que ha asistido en Miami queEl Inca” no busca enfrentarse al Gobierno, sino que es la “trágica historia de amor” de un hombre que estuvo en la cima, el boxeador Edwin El Inca Valero (1981-2010) y que se suicidó horas después de que su mujer, Jennifer Viera, fuera encontrada sin vida. Aunque las circunstancias de la muerte de Viera nunca quedaron claras y el suicidio de El Inca llevara a pensar que él cometió el crimen, Castillo Cottin piensa que ella se pudo haber quitado la vida, aunque asegura que cualquiera haya sido el verdadero trágico final, ninguno de ellos exculpa a Edwin Valero, cuyo historial de violencia machista marcó sus últimos años de vida.

Ignacio ha insistido en cada una de sus entrevistas que la historia de amor del personaje es el tema de la película, aunque evidentemente se tratan las circunstancias que rodearon a este personaje. Por esta razón ha asegurado que quien vaya a verla solo porque cree que es crítica con el chavismo va a salir “decepcionado”.

El Miami Film Festival, en su 34 edición, le abrió las puertas a estas dos películas nacidas en medio de dictaduras con color caribeño. La edición número 34 del Miami Film Festival pone a disposición de la comunidad del sur de la Florida más de 130 películas de 40 países.