Crónica de dimes y diretes

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Fue una larga reunión, que se extendió más por el las intervenciones constantes de las delegaciones de Nicaragua, Bolivia y Venezuela para impedir que se hablara de Venezuela, porque según ellos era una clara intervención. Como en toda democracia ganó la mayoría. Fueron 20 estados que apoyaron la discusión contra 11. Al final, el que salió regañado fue el representante venezolano.


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
La reunión del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos fue intensa y fue una especie de reflejo de lo que ocurre en Venezuela cada día, con un gobierno intolerante, que hace del insulto su carta de presentación y que no admite equivocaciones ni cambios a un sistema que ha implantado desde hace 18 años y que cada día se radicaliza más.

El principio de la reunión comenzó con un bullying de Venezuela y sus dos socios más cercanos, Bolivia y Nicaragua. El gobierno de Rafael Correa, Ecuador, no demostró ser un guardaespaldas del gobierno de Nicolás Maduro, aunque todavía tenga que firmar en la lista de sus apoyos.

Reiteradamente, con los mismos argumentos y las mismas preguntas impedían que el objetivo del Consejo Permanente convocado por México se cumpliera. Por supuesto, esa ronda de “fastidio” hacia el resto de los países miembros, logró la primera desestabilización de la paciencia de los embajadores.. Hasta que la delegación de Canadá pidió que se cumpliera con el objetivo de la convocatoria, que era discutir el comunicado de los 14 países miembros y proceder a la votación para exponer lo que sucede en Venezuela expresado primero en el informe de Luis Almagro, Secretario General de la OEA y luego con voluntades no tan drásticas, en el mencionado comunicado.

Veinte países estuvieron de acuerdo en hablar sobre lo que ocurre en Venezuela, 11 dijeron que no, dos abstenciones y una ausencia. Los que dijeron  que no querían discutir fueron los más fieles, hasta ahora, guardias de los gobiernos socialistas y los que reciben todavía algo del crudo venezolano. Las declaraciones del senador norteamericano Marco Rubio no sirvieron de mucho, los países a los que les dijo que no recibirían ayuda de Estados Unidos (EL Salvador, República Dominicana y Dominica), obviaron sus declaraciones y votaron al lado de Venezuela. Está visto que para ellos todavía es más importante la ayuda venezolana.

Comenzaron entonces las delegaciones a expresar su preocupación por lo que ocurre en Venezuela, los presos políticos, la normalización de la institucionalidad democrática, respeto a la separación de poderes, la necesidad de llamar a elecciones, promover los derechos humanos, buscar los caminos para que Venezuela regrese a la democracia, enviar una delegación de la OEA a Venezuela para buscar un nuevo diálogo con nuevos actores, salidas a la crisis humanitaria, a la emigración...En fin, todos hablaron de los problemas que atraviesa Venezuela y que ya son del dominio del mundo entero, de los pueblos y hasta de los menos leídos.

Le tocó el turno a Luis Almagro. Fue breve y conciso, reiteró lo que ha venido diciendo, democracia, Derechos Humanos, que América Latina está en deuda con Venezuela. “No es intervencionista la protección de la Democracia, así como no es intervencionista la promoción de los Derechos Humanos” .

Cuando finalizaron las exposiciones, decidió hablar Samuel Moncada, Vice Ministro venezolano para América del Norte y nombrado de pronto embajador alterno ante la OEA, sin la aprobación por supuesto, de la Asamblea Nacional. Al iniciar su intervención comenzó su discurso como si estuviera imitando a sus jefes más directos. Pidió libertad para hablar porque entre otras cosas, a él eso de las normas no le gustaba mucho.

Habló de lo mismo, de intervención, injerencia, invasión, que Venezuela hace lo que quiere y nadie tiene que ver con eso. Se refirió al propio mimetismo del pueblo venezolano con el gobierno, pues para el gobierno de Maduro lo que quiere ellos quieren es lo mismo que quiere el resto del país. Lo que para Moncada no sucede en el resto de los países, pues según él los pueblos de otras naciones nada tienen que ver con los gobernantes representados por los embajadores allí presentes. Como siempre, lo que es bueno para unos no lo es para los otros. Y ahí empezó a insultar. País por país. Tenía su rabia acumulada para tildar a cada gobierno.

Comenzó con Luis Almagro, por supuesto, pero como para descalificarlo más, dijo que no iba a perder su tiempo criticándolo. Así que enfiló sus baterías con Brasil y Colombia. Al embajador de México se le iba acumulando la molestia y pidió al embajador de Belize, que es el secretario del Consejo Permanente que le pidiera a Moncada que bajara el tono. Pero él, como si no escuchara, seguía en su perorata. Canadá también llamó la atención del Secretario y entonces Canadá fue el objeto del vice Ministro.

Brasil, Colombia, México, todos pidieron puntos de orden. México en varias ocasiones y le llegó a decir que si continuaba con ese estilo se iba de la sesión. Los insultos de Moncada seguían chorreándose en su intervención, salpicada de reclamos. Perú también intervino y pidió que lo callaran, lo mismo hizo Estados Unidos, representado por el subsecretario de Estado adjunto para asuntos del Hemisferio Occidental de Estados Unidos, Michael Fitzpatrick…El seguía, hasta que llegó su “coco” Estados Unidos, el imperialismo, el culpable de lo que sucede en la OEA, el que orquesta todo. Le pidió que derogue el decreto de Obama sobre Venezuela y que devolvieran el dinero que los corruptos se llevaron…No aclaró nunca cuáles corruptos.

Al final se tomará nota de todo lo ocurrido. Habrán más reuniones y más votaciones. A lo mejor Venezuela decide no ir por si misma, sin necesidad de suspensión. Total ya comenzó una nueva etapa en la que el Tribunal Supremo de Justicia ordena y manda.