Para Almagro en Venezuela no queda otro camino que la suspensión

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suspensión de Venezuela


El gobierno sabe que la suspensión de Venezuela de la OEA tiene cada día más países que se suman. Por más que intenten dar discursos, por más que intenten descalificar, por muchas ayudas que repartan en el mundo, las imágenes de lo que sucede en Venezuela hablan por si solas y los testimonios son historias terribles de la realidad. Para Luis Almagro no queda otro camino que la aplicación de la Carta Democrática Interamericana.


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
Estaba muy nerviosa. La voz la delataba. El discurso lo había aprendido de memoria, aunque ciertamente no es muy difícil, siempre es el mismo. Ordenes son órdenes. Así actúa el gobierno, no hay espacio para rechistar, para disentir, para opinar. La embajadora de Venezuela ante la Organización de Estados Americanos tuvo que representar un papel incómodo. Para cualquiera resultaría vergonzante, pero salir de la revolución no es fácil o no es fácil salir de los privilegios que aporta ser una subordinada del régimen, formar parte del lumpen de todos los niveles que se colocan camisas rojas, se aprenden un guión y salen a la calle a defender lo indefendible.

Así le pasó a Carmen Velásquez, la representante del gobierno de Nicolás Maduro ante la OEA, cuando leyó la carta que envió al Consejo Permanente de la OEA. Avisó que haría uso de la palabra ante la rueda de prensa que no había sido cordialmente invitada. La rueda de prensa que daría el secretario general Luis Almagro junto con Lilian Tintori, Patricia de Ceballos y la hermana de Yon Goicochea, Oriana Goicoichea, para hablar de los presos políticos, de las condiciones en las que vive el pueblo de Venezuela, del hambre, de las falta de medicina, de la inseguridad, de cómo muere la gente por cada uno de estos problemas, del nuevo informe que Almagro presentará ante los países miembros.

El gobierno que no busca resolver si no atacar, se siente atacado en los últimos días por Almagro y enfila todas las baterías en tratar de desprestigiar al contrario, de humillarlo, minimizarlo. A Carmen Velásquez le tocó ese papel. Entró en el pequeño salón en el que estaban los encargados de ofrecer la rueda de prensa y los periodistas y tiró su discurso. Dijo que en la OEA no se podían hacer actos de esa naturaleza con fines proselitistas y políticos, que la oposición no quiere diálogo, que ya Almagro había presentado el informe en junio del año pasado y los países no lo habían apoyado, antiimperialismo…

No fue largo el discurso. Quizás porque estaba muy nerviosa, porque no podía redundar en más de lo mismo, porque no encontró oposición porque la dejaron hablar o porque se sintió como cucaracha en baile de gallina.  Pero habló corto y se fue. Almagro le contestó, “este incidente me convence más del esquema de persecución del gobierno de Maduro que sigue a los venezolanos a todas partes”. Más tarde Lilian Tintori lo confirmó cuando contó como la siguen en Venezuela y cómo  lo hacen a nivel internacional, como sucedió en Ecuador, en Panamá y ahora, con la actitud de la embajadora en la OEA”.

El coro al gobierno desde Venezuela lo siguió Héctor Rodríguez, el jefe de la bancada del PSUV en la Asamblea Nacional, quien pidió que se aplique todo el peso de la Ley a los opositores que piden la intervención de Venezuela. Por supuesto, el gobierno se ve así mismo, como si fuera el país.

También habló el ministro de la Defensa Vladimir Padrino López. Más generalizado, pero advirtió que “rechazan todo intento de intervencionismo, cualquiera que sea sus instrumentos o mecanismos…porque esas amenazas afectan la paz, la estabilidad política y democrática y la integridad territorial de Venezuela”.

Almagro igual decidió hablar una vez más, promover su campaña por una salida democrática a la grave crisis política, económica y social de Venezuela. Esta vez lo hizo por escrito y publicó en varios diarios del mundo su visión sobre lo que ocurre en Venezuela. La primera línea lo dice todo, en Venezuela hay una dictadura.

Cada párrafo tiene una explicación contundente. “Se trata de un sistema autoritario, además de ineficiente y corrupto”. Argumenta lo que todo el mundo sabe, que los intentos para encontrar una solución a la crisis venezolana han fracasado. Es obvio, es algo que todo el mundo ve, menos el gobierno venezolano, que simplemente no acepta que en el país suceda algo, solo una “guerra económica” que están a punto de vencer, aunque nunca lo logren.

Por eso Almagro propone que “de no vislumbrarse a breve plazo, en un período de un mes, un camino realmente democrático con señales claras en esa dirección, como la liberación de los presos políticos, un cronograma electoral, un canal humanitario, se proceda a la suspensión de Venezuela de la OEA, prevista en el artículo 21 de la CDI. Porque ya no queda otro camino. Se necesita que los países de la región demuestren unidad y que las 33 naciones adopten una postura en favor de la defensa de la democracia agredida”

Mientras el gobierno de Maduro para disfrazarse y contradecir lo que todo el mundo ve, le envía bolsas de comida a los damnificados de Perú. Un acto humanitario para tratar de confundir, para intentar ganar adeptos, para hacer creer que lo que se dice es mentira. Pero ya el mundo entero ha visto las imágenes y una imagen, dice más que todas las palabras y retóricas del mundo y también ha escuchado una y otra vez los testimonios del hambre y el olvido.

El camino futuro sigue siendo muy complicado