Cuba y Venezuela hermanos por la infelicidad

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infeliciad


Ese mar del que Chávez hablaba se convirtió en infelicidad. En la infelicidad de vivir sin nada, de vivir con miedo a que la vida se vaya por no comer, por no tener medicinas o de manos de esos niños que el difunto militar prometió que no estarían más en la calle y que se multiplican en cada esquina, a la sombra de los ojos abiertos que los gobiernos de Cuba y Venezuela, se empeñan en reproducir.


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
El mar de la felicidad…eso es lo que quería Hugo Rafael Chávez Frías para Venezuela y lo consiguió. Lo consiguió a una perfección tal que la vida de los venezolanos se ha vuelto tan miserable como la de los cubanos. Esa isla, le sirvió de ejemplo al militar golpista convertido en Presidente de un país que fue muy rico, esa isla recibió en bandeja de plata el futuro de este país latinoamericano hace 18 años. El país le fue entregado a los hermanos Castro, a los mismos que tienen hundida en la miseria a una isla que pudo haber sido y no fue. Esa es  la hermandad de la felicidad que entendieron Chávez y su gente y los  Castro.

Hoy las noticias que aparecen en los medios aseguran que Venezuela ya no es un país feliz. Como tampoco lo es Cuba. Es irónico, las Naciones Unidas proclaman hoy el día de la Felicidad. Hace pocos años todavía los venezolanos, a pesar de las dificultades que se asomaban en el camino, decían que eran felices. ¿Cuántas veces no hemos comentado que ante cualquier dificultad siempre sacan un chiste y nada se lo toman en serio?. Pero ahora la cosa es más complicada, el hambre y la tristeza se han apoderado de ese humor. Ahora, lo que ven los ojos de Chávez, que como fantasmas se aparecen en las esquinas, es miseria y tristeza. Ahora lo que observa es que esos niños de la calle que prometió no existirían, se han multiplicado con la característica de la indolencia, de la falta de sensibilidad y sobre todo de valores.

En cualquier caso la felicidad la pueden medir todos los corruptos que se han aprovechado de su poder y su posición dentro del gobierno. Las cantidades de dinero que manejan es inimaginable, como lo es la que manejan los jerarcas cubanos.

El paralelismo entre una y otra nación es evidente. Solo a una mente interesada en vivir del resto de sus compatriotas se le pudo ocurrir que Cuba era el mar de la felicidad, solo a los interesados en saber cómo aglomerar el dinero de los demás, son capaces de tomar como ejemplo a una dictadura tan cruel y tan feroz.

El tiempo ha ido amoldando el parecido, lo ha ido profundizando. La falta de medicinas, las farmacias vacías, el hambre, el terrible sistema sanitario, los mercados vacíos, la falta de oportunidades, el futuro incierto. Quizás la única diferencia es que la inseguridad si no ha hecho mella en Cuba, no se ha propagado como una epidemia como en Venezuela, donde como una sombra se ha extendido en todo el país. Van de la mano con las palabras de Chávez. Su voz ahora aparece hasta en el metro, en la radio, en la televisión, sus ojos miran constantemente, su figura camina por las paredes. Eso es lo que ha quedado del líder revolucionario que tratan de revivir, una ruina que campea paralelamente al miedo y al hampa.

Esa es la felicidad que prometió Chávez y que sus hijos, los que se dicen descendientes de su legado, han sembrado en un país en el que hay que esperar que la vida se acabe sin medicinas. Algo tan esencial en este siglo XXI, en el que las medicinas son el producto del avance científico, en Venezuela no existen, no hay. Como ni siquiera existen cremas hidratantes necesarias para mitigar los efectos del cáncer. Dónde está la misericordia y el amor de Chávez. Los laboratorios de medicinas se fueron y no precisamente a Cuba, donde sucede exactamente lo mismo...se fueron de la vida y de la esperanza.