Rodríguez Zapatero, el pájaro de mal agüero

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El ex Presidente español se empeña en posarse en los peores lugares, no intenta en lo más mínimo rechazar lo que el mundo democrático rechaza. Cuando el agua está a punto de rebosar aparece como un salvavidas a ayudar. Lo que pasa es que su presencia, aquí y allá, cada día se identifica más con los que apoyan la corrupción y el autoritarismo.


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
Apareció el pájaro de mal agüero. De pronto comenzó a rondar el Palacio de Miraflores. Lo hizo para “reactivar el diálogo”, aun sabiendo que nadie lo quiere, que el país entero lo rechaza, que cuando se para en algún lugar es para traer más desolación, que poca gente quiere lo que él quiere. Así es José Luis Rodríguez Zapatero, el ex Presidente español que no se retrata con los ex Presidentes del mundo. El único que pasea por los predios socialistas y se fotografía junto a los inquilinos del Palacio de Misia Jacinta, para salvarlos cuando el agua les llega hasta al cuello. El héroe anónimo del socialismo del siglo XXI en Venezuela. El mismo que logró ser Jefe del gobierno español porque una bomba dejó casi 200 muertos un 11 de marzo. Pájaro de mal agüero.

Cuando el mundo entero se pronuncia tachando al gobierno venezolano de dictadura. Cuando los españoles de distintas ideologías políticas, los ex presidentes José María Aznar y Felipe González, vuelven a clamar por la liberación de los presos políticos venezolanos, Zapatero ni si quiera aletea por los alrededores de ese documento. Si no al contrario, pocos días después, aterriza para acompañar a Nicolás Maduro y a Delcy Rodríguez. Su victoria siempre es unos días después.

Aterriza para buscar de nuevo el diálogo, vuela hasta Venezuela en los días en los que se deja colar la información de que el Papa Francisco está dispuesto a intermediar en el Vaticano entre las partes. Se sienta en el despacho presidencial para “pontificar”. Es un estilo inconfundible. Retratarse en lo que llega con quienes están cuestionados a nivel mundial por corruptos y por corromper. Le gusta que el gobierno le pase el brazo, que lo reciban con cariño. Lo hace para difundir la fotografía, justo ahora cuando dolió mucho la que publicó la Casa Blanca.

Justo ahora cuando el gobierno de Maduro ha insultado al gobierno de Mariano Rajoy, legítimamente establecido, con “el voto popular” a su favor. Lo hace justo ahora cuando la Carta Democrática Interamericana vuelve a aparecer en el panorama, con más fuerza. Justo cuando los Presidentes Latinoamericanos han hablado por teléfono con el nuevo Presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Uno a uno se han ido pronunciando y escuchando la sentencia, “queremos una Venezuela con democracia”. Ya no está Barack Obama. Y como dijo en su Tweet el escritor venezolano Leonardo Padrón, “Maduro lo dijo claramente. No piensan hacer elecciones. Al menos hasta que no tengan garantizada la victoria. ¿Así o más claro? Oigan!” 


“Queremos una Venezuela con democracia”.


No piensan hacer elecciones. Lo han gritado, lo han requetegritado. ¿Para qué entonces un diálogo con un Estado cuestionado?, con un Estado que inunda las primeras páginas de los periódicos del mundo porque alberga a delincuentes. Con un Estado que no cambia, con un Estado con los antecedentes que demuestran que no tiene la más mínima intención de cambiar. Que lo único que pretende, es que como aquel 11 de marzo en España, la presencia de los pájaros de mal agüero, lo lleven a continuar y ganar tiempo y más tiempo.

Probablemente ahora vendrán a sentarse algunos de la oposición para buscar una salida. Una salida en la que les prometen una gobernación. Un pequeño territorio en el que sentirse casi presidentes. Les prometen que serán intocables. Les prometen una banda que les cruce el pecho y algunas medallas y con esas promesas se sentarán. Olvidarán al resto de los venezolanos, olvidarán a los que están presos, olvidarán el hambre, la falta de medicinas, la inseguridad, el exilio. A eso vino el pájaro de mal agüero. A desoír a los disidentes, a casi al país entero, a la Iglesia que desde los púlpitos describe la verdad del país.

No puede haber diálogo, cuando las exigencias de la mayoría de la población son enterradas, omitidas, burladas. 

En Ecuador los ciudadanos están en pie de lucha. No aceptan que el Consejo Nacional Electoral de ese país se tarde tres días en dar unos resultados. Salieron a pasar la noche y las horas de manera democrática, para rechazar estas prácticas trasnochadas de un socialismo que empieza a sucumbir. El mundo cambia, todo tiene su final.