Después de 28 años…

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28 despúes


Lo peor es que hoy después de tantos años, después de 28 años, se escucha un discurso defendiendo una revolución que lo que ha traído es hambre, desilusión y desesperanza. Una revolución que justifica el desorden de entonces y rechaza la actuación de las Fuerzas Armadas contra el pueblo en aquellos días. Pero todo quedó en aquel entonces. Hoy la vida es otro cantar. Y para ellos cuarto no es igual que quinto…o quinta.


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
Han pasado 28 años. Bastantes. La edad de formar una familia. Es decir, miles, millones de venezolanos no vivieron aquellos dos días y los siguientes, tan llenos de incertidumbre, de caos, de escasez. Hubo escasez. Entre los escombros nada se conseguía en la capital de Venezuela. Solo en la capital. El resto del país seguía su vida normal, expectante ante los hechos de desorden que tenían lugar en Caracas, pero vivían su vida normal, con comida en abundancia, con los anaqueles llenos de productos de distintas marcas, con medicinas en las farmacias.

Nueve años después cuando Hugo Chávez Frías accedió al poder, comenzó la cantaleta. Comenzaron las justificaciones, comenzó la bandera de El Caracazo como la justificación al cambio que el socialismo del siglo XXI representaba. Hoy, con muchas anécdotas, con muchas historias, con muchos cuentos entrecruzados, la voz popular asegura que detrás de aquellos días de muertes, saqueos y delincuencia estuvieron los mismos que se encargaron de organizar tiempo después una saga dictatorial que poco a poco ha ido deviniendo en una situación de país, tan parecida a aquellos días, que asusta.

Fue de pronto, dicen, fue de pronto, pero es que el de pronto no existe. Es solo una chispa la que puede estallar y explotar, pero aquel 27 de febrero de 1989 fueron varias chispas al mismo tiempo, en diferentes lugares, con una dirección que comenzó en Guarenas y se expandió en cuestión de minutos. Caracas estalló. Salieron a la calle los que protestaban por el aumento del transporte y la gasolina, pero también salieron los que estaban encargados de alborotar y salió la delincuencia que aprovecha cualquier desorden. Y ahí se inició todo ¿se les fue de las manos? ¿las fuerzas de seguridad actuaron con exceso o muchos de ellos lo hicieron a propósito para generar más caos, para tumbar al gobierno, para desestabilizar? Solo ellos lo saben.

Lo que viven hoy los venezolanos 28 años después tiene características mucho más profundas, mucho más crueles. Hambre, escasez, falta de medicinas, inseguridad, falta de libertad, persecución, tortura, encarcelamiento, aumentos de los bienes y servicios, miedo. Una situación que se repite en todo el país, no solo en la capital. Y todo sigue igual.

Aquellos días los caraqueños huían de un lado a otro con lo que habían encontrado en sus asaltos de piratas. Reses de las carnicerías en hombros, latas de atún en la cartera, pescados en periódicos, aparatos reproductores de videos en los autobuses, una nevera a cuestas, máquinas de escribir debajo del brazo. Todo, todo lo que pudieran agarrar y que no fuera de ellos. Las vitrinas rotas, los dueños sentados en las puertas de sus negocios llorando. Las ventas de lo que habían robado se expandieron por las oficinas. No había comida.

Había que ir de supermercado en supermercado, de abastos en abastos a ver que se encontraba. No había nada, todo se lo habían llevado. Hasta la vida de muchos se la llevó la idea de generar el caos en la capital.

El ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López como le corresponde, 28 años después se refiere a aquel hecho. Pero empezó hablando mal según el mejor español, “soldadas y soldados”. ¿Qué se puede imaginar alguien cuando le dicen “soldadas”?

Fue una tormenta popular espontánea y masiva, surgida para desafiar a una élite gobernante vanidosa y arrogante, que subordinada a poderes foráneos, traicionó y ultrajó a las masas desposeídas al imponerle medidas de corte neoliberal que minaban su estabilidad económica y su dignidad. Así describió los hechos en su comunicado.

Aquel fatídico día el gobierno de turno hizo uso desmedido de la fuerza pública para orquestar una represión que generó caos, anarquía y consecuentemente la masacre de conciudadanos desarmados, lo cual fue y seguirá siendo objeto de repudio y rechazo como política degradante que siempre caracterizó al Estado cuarto republicano.

“Siempre caracterizó al estado cuarto republicano”…

Veintiocho años después sin cuarto, ni quinto, con hambre, dolor y muchas lágrimas, el país entero sufre, hombres y mujeres, niños y niñas, sargentas y sargentos, él y ella, los y las. Todos, todos juntos, sin diferencias de colores, sufren los embates de un gobierno que enterró la alegría y la esperanza. Hoy solo disfrutan de libertad, de abundancia y de poder los que tienen una “convicción de unión cívico militar y a la luz de la Revolución Bolivariana”.