Venezuela abandonada y sin un real

Share on Facebook120Tweet about this on TwitterShare on Google+0Email this to someone




El mundo parece que voltea ante la situación del país. A punto estuvieron de opinar cuando en la OEA se manejó la posibilidad de aplicar la Carta Democrática de la mano de quien más ha tratado de defender al pueblo venezolano, Luis Almagro, pero las gestiones de la mano de Thomas Shannon, dándole la espalda a las esperanzas, acabaron con el camino andado.


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
Venezuela abandonada y sin un real. Así es el estribillo de una gaita vieja y así es la cruel realidad que hoy vive un país que fue tan maravilloso y hermoso. Un país que le dio la oportunidad hasta a los que hoy gobiernan de crecer en libertad y estudiar y tener las ideas políticas que hoy quieren imponer a una población que no los quiere.

El mundo le cierra las puertas a la emigración venezolana, aunque en otras épocas los venezolanos le abrían el país a los que dejaban el suyo por hambre y por persecuciones políticas. Hoy los mandatarios de otros países reconocen lo que ocurre en Venezuela, pero se voltean hacia otro lado cuando a la hora de actuar deberían hacerlo e ignoran lo que el pueblo venezolano vive. El hambre, la inseguridad, la falta de educación, la falta de libertad, los presos políticos. Eso son letras de los periódicos que los gobiernos de muchos países ignoran.

El secretario general de la Organización de Estados Americanos, OEA, Luis Almagro, libró el año pasado una dura batalla para que se le aplicara al país la Carta Democrática. Un extenso y detallado informe daba cuenta de lo que sucedía en un país abandonado en manos de un grupo que insiste en hacer negocios y en atornillarse en el poder a costa de lo que sea.

Algunos países secundaban la bandera de Almagro. Sin embargo, la mayoría se rendía a los tejemanejes de la Cancillería venezolana. Bailaban entre dos aguas. Hasta que se inventó el diálogo, hasta que llegó Thomas Shannon el enviado de Barack Obama a intentar conciliar unas posiciones irreconciliables y buscó junto con el gobierno a unos interlocutores de dudosa reputación, por más títulos de ex presidentes que acompañen su trayectoria. Y todo el camino que había trillado el Secretario General de la OEA, fue abandonado, ignorado.

Así empezó en la segunda mitad del año una agonía cada vez más profunda. Los países de América se olvidaron de Venezuela, alguna declaración de vez en cuando demostraba una cierta preocupación, pero de pasada. Se olvidaron de los presos políticos, del hambre.

Shannon, José Luis Rodríguez Zapatero, Ernesto Samper, Martín Torrijos y monseñor Claudio María Celli, viajaban tres días a la capital venezolana, con seguridad y buenas comidas a la espera de que el gobierno cumpliera sus promesas. ¿Será ingenuidad o comodidad la que tenían estos interlocutores que lograron convencer a un sector de la oposición para que se sentara? ¿Creen que quien miente consuetudinariamente es capaz de cambiar? La historia y el tiempo contarán que pasó ahí para que acabaran con lo que había logrado Almagro.

Mientras tanto, así sigue la vida. Con Cuba como un país imperialista observando las maniobras militares de un país con muy poca preparación, con la intención de asustar ¿a quién?, será a los venezolanos con las declaraciones de Nicolás Maduro ofreciendo armas a los barrios y al campo. Porque definitivamente, a Donald Trump es difícil que lo amedrenten y mucho menos al general John Kelly, quien en una entrevista aseguró que le dedica 40 segundos diarios de su pensamiento a Venezuela.

Pero como pidiendo cacao al próximo Presidente de Estados Unidos, Maduro le echó un manto de defensa, cuando aseguró “que el empresario es víctima de una brutal campaña de odio, por lo que lo más prudente sería esperar antes de evaluar su conducta”…”nos sorprende la campaña de odio que hay contra Donald Trump, brutal, en el mundo entero, en el mundo occidental y en los Estados Unidos”.

Almagro igual sigue haciendo su papel en el mundo, aunque los interlocutores continúen intentando llegar a la nada. Hoy el Secretario General de la OEA en Honduras recalcó que “la corrupción se ha transformado en una especie de privatización del Estado, de secuestro de los poderes públicos por parte de unos pocos que disponen de lo que es de todos, a su arbitrio y con un sentido patrimonialista y utilitario”. No dio nombres, pero tiró dardos.