La difícil situación por hambre y falta de medicinas de los pacientes psiquiátricos

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En el Centro de Reposo Corazón de Jesús, los pacientes además de no tener acceso a los medicamentos, como la mayoría de la población, tienen problemas de desnutrición. Este centro del IVSS tiene una situación tan complicada que le pide a los familiares que se lleven a sus enfermos


La señora María Rosa tiene un hijo con esquizofrenia. Ella es mayor, con problemas de diabetes y con una vida a sus espaldas nada fácil. Vive con otras dos hijas, una de ellas estudia y entre la otra, y sus habilidades como planchadora trata de sobrevivir en un país que se empeñó en olvidar a los más pobres y que solamente los destaca cuando necesita ponerlos en una lista para prometerles un futuro mejor. Solo prometerles, porque de resto, el hambre es lo único que consiguen en su presente.

Ella logró hace mucho tiempo que su hijo fuera ingresado en un centro psiquiátrico de Caras, perteneciente al Seguro Social. Ya está acostumbrada a tener que ir a buscar de vez en cuando a su muchacho. En muchas ocasiones la han llamado para que lo busque, con muchas razones en la agenda de las excusas, pero la más frecuente en los últimos tiempos es que no lo pueden alimentar, que no hay medicinas y no hay comida.

Cada vez la situación es más crítica. Cuando ella consiguió un puesto para su único muchacho varón en la Casa de Reposo Corazón de Jesús, se sintió aliviada. Su hijo era grande y pesado y cuando le sucedían los ataques de violencia ella temía por su vida y la de sus hijas. Fue una bendición que el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales dispusiera de esa casa con especialistas y con la ayuda del Estado para las personas con necesidades. Allí pensó que estaría bien cuidado. El nombre además de este centro de salud, ya de por si le daba un aliento de tranquilidad y paz.

Con el tiempo las cosas se fueron poniendo cada vez más difíciles. Un reportaje de El Universal fechado el 30 de enero de 2012, relata las penurias por las que pasaba este centro dependiente del IVSS.  No habían medicinas y los presupuestos para su mantenimiento e la Cámara de la Industria Farmaceútica explicaba que había retrasos en los permisos que debía otorgar “la Dirección de Drogas y Cosméticos, adscrita al Servicio Autónomo de Contraloría Sanitaria del Ministerio de Salud. Esto, aunado a los controles y restricciones para el acceso a las divisas y los retrasos para la nacionalización de medicamentos, generan además de escasez, costos adicionales”

Ahora todo es más grave. Mucho más grave. Al problema crítico de las medicinas del país, de cualquier medicina, se suma que el centro no tiene dinero para poder dar alimentos a los enfermos, así que además de no poder controlar la esquizofrenia o la ansiedad por la abstinencia de drogas, hay que añadir la desnutrición. Por eso llaman a las familias para que busquen a sus familiares y se los lleven. No les pueden dar de comer.

La desnutrición, ese mal que se ha apoderado de muchos, también les llegó a los internos de este centro. Un problema grave que lo único que ofrece es la desesperación de no poder hacer nada al respecto. Probablemente con el alto costo de los alimentos y el poco presupuesto del que disponen, tendrían que hacer magia para poder atender todas las necesidades. Dice la señora María que ella vio cómo había fallecido un señor por desnutrición y había visto como todos se iban consumiendo. Cuenta que otros se han quitado la vida, producto quizás de la falta de medicamentos y de los pocos recursos de los que disponen.

La señora María buscó a su hijo cuando la llamaron, pero sabiendo que ella no lo puede tener en la casa. Su vida se complica un poco más con esta decisión, si es que es posible que el agua siga subiendo al cuello. Ella, como al principio cuando decidió que otros lo cuidaran, está mayor. Tiene más años que esa primera vez que se acercó al Centro de Reposo porque ya no lo podía manejar, a su muchacho la esquizofrenia lo desataba. Incluso una vez tuvo que llamar a los bomberos para que lo tranquilizaran.

Pero es que además ahora ella también pasa más necesidades que antes, no tiene con qué adquirir los productos básicos que han subido tanto en los últimos días. No tiene con qué pagar medio kilo de pasta por 4 mil bolívares. Los alimentos no son lo que sobra en su hogar.

En lo que pudo decidió entonces volverlo a llevar al Centro de Reposo. Allí se lo recibieron, pero sabiendo todos sin decirlo que tienen difícil la situación. Al salir miró al cielo, pidiendo al único que proyecta fe y esperanza, le suplicó al Sagrado Corazón.