El gobierno queda repartido en las distintas cuotas de poder

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El año 2017 comienza con una nueva Asamblea que promete cambios y un gobierno que incluye a sectores de poder en su gabinete para evitar que desaparezcan en el caso de unas elecciones regionales. Las críticas y angustias han corrido por las redes que ven una mayor radicalización en un gobierno que nunca acaba de asombrar.


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
Los Reyes Magos llegan a una Venezuela convulsionada que estrena el año con una nueva directiva en la Asamblea Nacional y para no ser menos original, un nuevo gabinete. Pero al final es más de lo mismo. Caretas diferentes para seguir un rumbo que por los momentos no se antoja en nada distinto al que se vio el reciente año pasado.

Elecciones regionales por los momentos no hay, pero en el caso que las circunstancias obliguen al gobierno a darle apariencia democrática a esta nueva dictadura que para nada sirve, Nicolás Maduro se llevó a su gabinete a aquellos individuos de los que no puede prescindir. Los nombramientos no parecen otra cosa que seguir preservando el espacio que cada uno de los componentes del descompuesto chavismo tienen en el mando de poder.

Tareck El Aisammi y Adam Chávez abandonan sus gobernaciones. Dejan de lado la “labor” que venían desarrollando para ocupar cargos ministeriales. Están bien claros que en el caso de tener que convocar a las elecciones regionales el pueblo no va a votar por ellos y no pueden quedarse así por fuera, sin nada en su haber político y esperando la misericordia del gobierno para llevarlos después de una segura derrota a cobijarse en el gabinete. Así que más elegante queda antes que después.

Sin embargo, los nuevos cargos ministeriales de los dos discípulos de esta revolución, denotan el grado de poder de cada uno de ellos. El ex gobernador de Aragua asume la Vicepresidencia Ejecutiva, ese cargo que solo le sirvió a Aristóbulo Istúriz para dar discursos y nada más. Nicolás Maduro, cuando anuncia el nombramiento, le ofreció o le pidió más de lo que le había exigido a Istúriz en todo un año. Tendrá que asumir las funciones que también le había dado al ministro de Interior y Justicia, Nestor Reverol, combatir la delincuencia y la seguridad ciudadana. Pero sobre todo ,le asignó algo del total gusto del ex gobernador, detener a cualquier político que emprenda acciones terroristas.

Y con un tono de voz alto, de amenaza, le ordenó: “No me importa el cargo que tenga. ¡Tareck, vamos con todo! contra los terroristas, los extremistas, los criminales… ¡Terroristas ríndanse!, Vamos por ustedes y ustedes saben a quienes me refiero. Tareck los conoce y tiene los ganchos listos”.

Por supuesto, para el gobierno de Maduro, terrorista es todo aquel que le moleste en el camino, así lo tildan, aunque después lo conviertan en preso común y como en las actuaciones cubanas lo dejen por pertubadores en las cárceles sin la posibilidad de juicio.

Adan Chávez es el último reducto que queda de lo que fue el autor de este desastre, su hermano Hugo Chávez. Ya no ocupará el ministerio de Educación, donde dicen que sacó de circulación maravillosas obras de arte de pintores venezolanos, porque eran de la Cuarta República, así que para darle algo, aunque nada que ver con su vida, le ofrecen el ministerio de la Cultura. Probablemente para continuar haciendo chapitas y franelas de su hermano, que para eso quedó, gracias a los buenos oficios de Fidel Castro que lo comercializó como al Che Guevara, pero bien que se ocupó que su imagen quedara a resguardo de cualquier ficha comercial, al prohibir que su nombre se utilice en avenidas o souvenirs.

Muchos han hablado de qué Diosdado Cabello pierde poder, sin embargo continúa con los mismos espacios que ha mantenido hasta ahora, con sus hombres clave sin ser removidos y él, donde quiere estar. Igual sucede con Vladimir Padrino López.

Al final son los mismos de la baraja cambiados todos en la nueva repartición.

Así quedan las cosas en el nuevo gobierno, con Hugbel Roa como ministro de Educación Universitaria, a pesar que tenga la mala costumbre de lanzar micrófonos en público y con Elias Jaua, con un cargo más a sus órdenes, ministro de Educación, quizás para recordar su época de alborotador universitario, cuando tiraba piedras y quemaba autobuses.