Fidel no quiso que los perros levantaran la pata a sus pies

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Esta semana anunciaron en Cuba que el parlamento aprobó un proyecto de Ley cumpliendo la última voluntad de Fidel Castro. Su imagen no podrá ser destinada a estatuas, avenidas, calles, ni comercializada. El hombre de la revolución parece que se dio cuenta que cuando todo cae, y que pudiera en cualquier momento acabar hecho añicos en un pote de basura.


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
El parlamento cubano aprobó un proyecto de ley por el cual el nombre de Fidel Castro no podrá ser utilizado para designar espacios públicos, además se prohíbe comercializar su imagen. Es decir, van a hacer todo lo contrario de lo que hicieron con el Che Guevara y con el propio Hugo Chávez, por instrucciones del líder muerto.

Al menos en Cuba no habrá una calle, una avenida ni una estatua del creador de la revolución que ha producido tanta hambre en el mundo. Aquellas vallas publicitarias con “pensamientos” de Fidel Castro se supone que serán entonces removidas. Fidel quedará para la historia,

Fue su propio deseo. El que se encargó de comercializar la figura del Che Guevara hasta lograr que fuera pintada en tazas de café y como fondo de papeles que luego irían a la basura, prohibió que su imagen tenga el mismo destino. Que no aparezca ni joven y mucho menos con la figura retorcida y delgada que lo llevó a estar todo el día en una silla en los últimos años de su vida, en cualquier calzoncillo de un malandro.

Así que esa estatua de Hugo Chávez que pusieron recientemente en Margarita, probablemente con el asesoramiento de los cubanos, que ya habían dictado las directrices para continuar teniendo a Chávez vivo, no será replicada en ningún espacio cubano. Las palomas no tendrán en la figura de Fidel ningún depósito para esparcir sus necesidades fisiológicas.

Ahí estará la diferencia, mientras las figuras hechas a imagen y semejanzas de El Che Guevara y Chávez, acabarán justamente rotas en la basura o llenas de pupú de pájaro, Fidel Castro quedará solo en las páginas de los libros y en las fotos de internet, pero nunca como objeto de expropiación.

En la página web cubana 14ymedio.com citan a la columnista Miriam Celaya, quien piensa que de esta manera “Quieren mantener la imagen de Fidel Castro con ese halo de misterio que siempre lo caracterizó. Se encargaron de presentarlo al pueblo como un superhombre, del cual apenas teníamos información sobre su vida privada, hay que estar atentos porque podría tratarse de una maniobra para convertirlo en un símbolo nacional más” “No quieren que pase lo mismo que ocurrió con Ernesto ( Che) Guevara”.

Así que parece que Fidel decidió que su figura murió con él, que eso de servir para que un perro levante la pata y deposite sus desperdicios en los pies de “ese revolucionario” no iba con él. Al fin y al cabo ya él no va a poder seguir fregándole la vida a nadie, ni dirigiendo los destinos de esos que se dicen “socialistas”, ni dando consejos para empobrecer a los pueblos, él quedó ya hecho cenizas y pasó a la historia. Si otros quieren seguir su camino, habrá pensado antes de redactar su testamento, perfecto, pero nunca serán Fidel Castro.

De hecho, los diputados de la Asamblea Nacional querían hacerlo. Lo veían grande, engalanando cualquier plaza principal, pero no les quedó más remedio que acatar la última voluntad de su líder y por eso, en rimbombantes palabras asegurar que  “Únicamente el respeto sagrado a su voluntad, expresión de la humildad y modestia que le caracterizaron, y el haber hecho siempre honor a la prédica martiniana de que toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz, nos conduce a asumir un texto legal de tal naturaleza”…Oh Oh, hasta el último momento, fueron grandilocuentes dirigiéndose hacia Fidel.

Para Elisa Valdés, una ama de casa de la provincia de Cienfuegos, la ley pone el nombre de Fidel casi a la par del de Dios. “Es como si fuera sagrado”, dice al teléfono. En vez de “no usarás el nombre de Dios en vano, ahora tendremos que decir: no usarás el nombre de Fidel en vano”, comenta con ironía.

A Hugo Chávez en cambio, no le pasa lo mismo. “El vive”, porque definitivamente los revolucionarios venezolanos saben que sin tener a su comandante en cuanta proclama o esquina se les ocurra, nadie los seguiría. Eso será así, hasta que se termine de instaurar la dictadura. Después, ya todo será el recuerdo de un pasado que trajo como consecuencia el presente. Que, de paso, seguramente quedará por fin en un mal recuerdo.