¡Qué pena con esa señora!

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La Canciller venezolana hizo un papelón. Aunque para ella, enfundada en caros trapos de marca, su actitud es la propia de la mujer del socialismo del siglo XXI, “combatiente” más que dama. Por eso se atrevió a decir que en ninguna parte del mundo se había agredido a unas mujeres por un grupo de funcionarios antimotines. Debe ser que ella está en el grupo de mujeres privilegiadas e intocables, mientras que el resto de la venezolanas, esas a las que a diario atropellan las fuerzas del estado, ella y los suyos las consideran unas verdaderas  damas y a las damas, si hay el permiso socialista para vejarlas.


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
A Delcy Rodríguez cuando se aloja en caros hoteles en sus viajes como Canciller, le encanta que le lleven fresas naturales y agua mineral al cuarto. Esa es una de sus exigencias. Así cuentan los encargados de preparar sus viajes. También le gusta ir acompañada de varios de sus amigos, que a su vez les gusta ir de compras. Dicen que para que no los vean entrando con el “bolserío” se meten por la puerta de atrás.

Esa es una de las ventajas de ser Canciller. Ciertamente no puede tener una vida tranquila, mucho menos siendo la canciller de un país como Venezuela con tantas complicaciones.

A Delcy Rodríguez le gusta vestirse con tacones de marca. Eso es como un protocolo que se adquiere al viajar y codearse con gente con muchos “posibles’, como dirían las abuelas. Casi siempre se pone su collar de perlas y sus lentes. Así fue, con esas ínfulas que le da ser Canciller del gobierno socialista venezolano, hasta Buenos Aires, a una reunión a la que no fue invitada pero a la que decidió colearse porque, como en todo, estos “y que socialistas” no saben aceptar las reglas ni respetar las decisiones de los demás.

Como quien se apuesta en la puerta de una casa para tratar de entrar en la fiesta, la canciller venezolana, con media sonrisa en la cara, intentaba pasar a la reunión. Le explicaban decentemente, como se actúa en el mundo diplomático, y le dijeron que así no podía entrar, que había instrucciones precisas sobre quiénes podían asistir y que definitivamente ella no estaba en la lista.

¡Qué pena con esa señora!, decía alguien por ahí. Ella, atropellando a todos los que allí estaban, decidió que se iba a sentar porque sí en la mesa de reuniones y la tendrían que aceptar y escuchar. Al final, por decencia le permitieron seguir. No era cuestión de detenerla a la fuerza. A su lado el coordinador nacional de Venezuela en el Mercosur, Héctor Constant, caminaba como su defensor y hablaba del derecho de la mujer. ¿De cuál derecho decían entre corrillos los que allí estaban?

La verdad es que ella no supo jugar muy bien su papel femenino. Debería más bien defender la dignidad. Una mujer no se deja atropellar de esa manera, una mujer no se expone a que le digan que no se vista que no va, una mujer no intenta entrar a la fuerza en donde no es requerida, utilizando precisamente la condición de mujer. Eso no lo hace sobre todo una dama. Pero claro, hay que recordar que en Venezuela en este gobierno hasta ese nombre lo cambiaron. Ahora se llaman “combatientes”, es como si imagináramos un combate en un ring. 

El ridículo terminó de definir la escena. Todos los que allí estaban la miraban y comentaban en voz baja esa actitud avasallante,  prepotente, de alguien que decidió actuar bajo las mismas actitudes que utilizan en el país, sin darse cuenta que el mundo diplomático nada tiene de imposición y si mucho de consenso y comunicación.

Solo consiguió un aliado, el canciller boliviano, que decidió pararse de la mesa y no acompañar a sus pares de Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay. Llegaron a la sala, que de paso no tenía ningún símbolo venezolano, pues no estaba invitada, y se expusieron con esa “patanería” al desprecio diplomático.

La reunión de los cancilleres de Mercosur ya se había celebrado y sin ella. El resto de los países simplemente demostraron que son gobiernos, autónomos y que no van a recibir órdenes de nadie y menos aún de quien incumple con las normas. Así que ignoraron las imposiciones de un gobierno que no conoce muy bien lo que significa democracia o mayoría.

La canciller argentina, Susana Malcorra, que horas antes se había reunido con Delcy Rodríguez para que recapacitara y no hiciera ese papelón, le explicó que Venezuela estaba suspendida y por tanto, bajo los principios diplomáticos, ella no podía asistir a la reunión . Para que no hubiera dudas le enviaron una comunicación por escrito, según declaró Malcorra después del show de Delcy ,cuando señalo que  “Era una situación compleja. Hizo lo que pudo por acceder al palacio. Iba a entrar por la puerta o por la ventana, como dijo, eso generó mucha tensión, así que la dejamos pasar para no tener un problema mayor”, explicó Malcorra. “No conozco ningún precedente de que se pueda entrar a una cumbre sin autorización”.

Por supuesto en sus declaraciones Delcy Rodríguez habló de fascismo, golpe, derecha, los pueblos, la dignidad y llegó a decir que había sido empujada por un policía argentino. Antecedentes contra una mujer que no se habían visto en ninguna parte del mundo. Tiene mala memoria, no lee la prensa o es ella que tiene un concepto de mujer definido solo por su persona. Vestida de firmas caras, con poder, atropellante. Porque habría que mostrarle las fotos de cómo la guardia nacional ha tratado a las mujeres en las manifestaciones, o en las colas, o cómo le pagaban con el casco a una mujer en el 2012, o cómo han tratado a la madre y a la esposa de Leopoldo López, o cómo muchos otros casos.

“Había un piquete antimotín, yo levanté la mano y dije soy la canciller de Venezuela y en respuesta vino un golpe de un policía, con su mano. Logramos entrar y hubo un piquete protocolar antiprotocolo que también me agarró, me forzó del brazo y me dijo que me retirara”, explicó la ministra de relaciones exteriores del gobierno bolivariano ante un auditorio colmado de militantes kirchneristas. “Ya me vio el médico, decidió inmovilizar y cuando terminemos con la agenda me van a hacer radiografías”, detalló luego a la prensa. “Nunca, en ninguna parte del mundo, se ha recibido a unos cancilleres con piquetes antimotines y se había bloqueado a unos cancilleres y a su delegación oficial. No tengo registros al respecto”, protestó.

Para colmo, desde La Habana, acompañado de otros tiranos, Nicolás Maduro magnificaba los hechos. Un poco payasesco, por cierto, porque el mundo entero vio lo que sucedió y nadie vio cómo la empujaban y cómo le quedaba, como denunció Maduro, la clavícula fracturada.

Lo único que le falta es buscar uno de esos abogados de tráfico en Estados Unidos que ayudan “en caso de accidente, no se mueva, llame ya y le resolveremos su demanda”.

Lo que hay que oír.