Murió el símbolo que todos querían derrumbar

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Calle Ocho Foto Beatriz Sabino



Fidel Castro murió el 25 de noviembre, el día de las mayores rebajas en Estados Unidos. Los cubanos, los mayores y los más jóvenes, los que ante cada rumor se acercaban hasta el restaurant Versalles de la calle Ocho de Miami, por fin vieron el fin del hombre que los llevó al exilio y los separo de su tierra y de su gente. Por eso todos cantaron “hasta que se seque el malecón”.


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
La Calle Ocho, varias veces en los últimos 10 años ha albergado a un montón de gente y cámaras de televisión celebrando la muerte del hombre que los obligó a salir de su tierra, de la isla que vio crecer a muchas generaciones antes de que una de ellas decidiera huir del comunismo que Fidel Castro instauró en una isla guapachosa y de boleros.

En esas ocasiones la alegría duraba poco. El suficiente para que las banderas cubanas en el exilio bajaran su asta porque eran falsos rumores. Hasta que el 25 de noviembre, el día en el que los americanos celebraban el black friday, las rebajas del año, cuando ya todos se habían reunido en familia en torno al pavo y brindaban una vez más por la libertad de Cuba y por la muerte de Fidel, la noticia finalmente fue anunciada formalmente. “Fidel Castro ha muerto”. Ya tarde en la noche, aquel deseo de los cubanos exiliados, se hizo realidad y desde el momento que lo supieron la Calle Ocho de nuevo volvió a llenarse de gente agrupada alrededor del Versalles, el restaurant del exilio, un símbolo, el lugar de encuentro de los deseos de los que se convirtieron en enemigos del comunismo cubano, donde los mojitos y la ropa vieja se ofrecen los siete días de la semana, hasta tarde en la noche.

El Versalles brilló con la alegría de sus clientes consuetudinarios, los del encuentro de tantos años.

Entre cafés cubanos, bien azucarados y guarachas, los cubanos viejos y las jóvenes generaciones, esas que ni siquiera conocen Cuba, pero que hablan con el acento como si hubieran salido ayer de la tierra de sus padres y sus abuelos, celebraban la muerte del que los persiguió, del que fusiló a conocidos, a familiares, del que les quitó sus trabajos y sus casas. Por fin, ya viejo, muy viejo, moría Fidel Castro.

El idioma inglés en la Calle Ocho se confundía con el cubano, el spanglish, brotaba entre el gentío. Los venezolanos también se abrazaban de emoción por la muerte del mentor de la revolución socialista que se instaló en Venezuela hace 18 años. No se vendían banderas, la gente las llevaba. Grandes, medianas, cubanas, americanas. Música, el que tocaba el rallo y el que tocaba una botella. Viejos cubanos, muy viejos, los que cada día se juntaban ante el Versalles para pedir por la muerte de Fidel y jóvenes con cortos shorts se abrazaban en la alegría, mientras un señor gritaba “guarapo, guarapo”.


La música de Willie Chirino quizás fue una de las que mas sonó, así como Celia Cruz y la canción más famosa de la isla “Guajira Guantanamera”. Pero sobre todo se escuchaba la palabra libertad.


“Ahora falta que se muera Raúl y Ramiro Valdés”, así gritaban y pedían los cubanos. Una nueva meta, una súplica, se añadía a la lista de los personajes cubanos que dominan la isla y que en el exilio quieren ver desaparecer. Esos dos hombres que todavía mantienen viva esa anciana revolución.

Muchos decían que Fidel murió de viejo, que debió haber sufrido más, pero la mayoría solo celebraba que ya no tendrán que verlo con su barba blanca, recibiendo a algún líder importante.

Un camión con la letras en neon decía Trump. Alrededor los cubanos americanos también celebraban el nombre del presidente que ellos esperaban que terminaría con Fidel. La mayoría estaba molesta con la apertura que le ofreció a los Castro Barack Obama, por eso los que se retrataban con el nombre del Presidente electo, decían que Fidel vio pasar a muchos presidentes americanos, pero que no pudo soportar ni 15 días la presencia de Donald Trump y el republicano los complació con un simple Tweet ” Fidel Castro está muerto”.

Ya entrada la noche, cuando las horas habían escuchado canciones del exilio, del dolor, del recuerdo de cada cubano alejado de su tierra, todos al son entonaron el himno de Cuba, para seguir cantando “hasta que se seque el malecón” y parece que se les secó. Por eso todos bailaron la canción de Willie Chirino, “Ya viene llegando”

Al final Fidel Castro será cremado, tendrá honores militares y duelo de su gobierno. Los cubanos de la isla han guardado silencio, prefirieron no demostrar sus sentimientos, pero seguro piensan como los de sur de la Florida, “por fin Fidel se fue, corrió al infierno”  decían todos. Con él murió un símbolo que todos querían derrumbar.