La izquierda española acompañará al rey Juan Carlos en los actos de Fidel

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Barack Obama ya anunció que no irá, no estará en la despedida del hermano de su amigo Raúl, más aún después que Donald Trump aseguró que si no ve libertades en la isla pondrá fin al acuerdo firmado por el Presidente saliente. En España las preocupaciones son de negocios y mientras la izquierda critica la designación del rey Juan Carlos para representar al gobierno, otros creen que deberían haber mandado una delegación menos importante.


No solo es en Venezuela donde se habla de la muerte de Fidel Castro. En España quizás por pasión o pudiera ser que  por pragmatismo, se han desatado titulares de noticias en todos los sentidos ideológicos por la muerte de Fidel Castro y sobre quién acudirá en representación del gobierno español a las exequias del dictador con más años frente a un gobierno.

Los negocios españoles en la isla son una posición de peso para preocuparse por la figura de Fidel con “un si pero no”. El noticiero de Televisión Española ha desplegado largos minutos a identificar las relaciones entre los dos países y la figura de Fidel Castro, sin explicar por ejemplo, que según un informe de Cuba Archive la revolución cubana lleva en su haber la sumatoria de 7 mil 101 muertes provocadas por el Estado, entre las que se incluyen sus distintas modalidades: ejecuciones por fusilamiento, ejecuciones extrajudiciales y desapariciones.

El elegido para ir a acompañar a los cientos de cubanos que han hecho fila para despedir a un Fidel Castro hecho cenizas, ha sido el rey emérito, Juan Carlos I y su designación ha traído desagrado desde los diferentes pensamientos de la política española. El Rey irá contento, porque de alguna manera tuvo muchos contactos con el dictador cubano.

Que sea precisamente el rey Juan Carlos, el padre del rey Felipe VI, el designado para estar mañana en los actos fúnebres tampoco ha caído muy bien en la política española. Los dirigentes de Ciudadanos piensan que es excesivo y argumentan que con la presencia de un secretario de Estado habría bastado. Pero para Podemos esta designación es una manifestación de la “irrelevancia” por la que apuesta el Gobierno, “pues España debería estar presente con miembros de mayor consideración”. Por lo que lamentaron inmediatamente la muerte del hombre que mantuvo más de 50 años a Cuba sin libertad, ensalzando al mandatario como un referente no solo para Cuba o América Latina, sino también para “todas aquellas luchas por la soberanía que han ido aflorando en el panorama internacional en las últimas décadas” y para que no quede dudas de su devoción por el líder comunista decidieron enviar su propia delegación a Cuba, claro sin Pablo Iglesias a la cabeza.

También los acompañara el etarra Arnaldo Otegi, quien anunció que logró arreglar su pasaporte y que estará mañana en la Plaza de la Revolución para homenajear al líder cubano. Así se mueven las cosas entre las izquierdas populistas del mundo,

Por lo pronto las largas colas que hacen los cubanos para rendirle homenaje a Fidel no permiten que se escriba en un libro de condolencias. Los que vayan a inclinar su cabeza ante la foto del líder comunista tienen que decir “Por estas ideas seguiremos luchando. !Lo juramos!” Las cenizas por ahora no están cercanas al público, no vaya a ser que alguien se le ocurra darles una patada y se esparzan y el Papa Francisco, jesuita como la formación temprana de Fidel, acaba de señalar que esparcir las cenizas no está permitido por la Iglesia.

El lugar del homenaje es la Plaza de la Revolución con tres accesos que llegan al mismo sitio, a una foto de Fidel. No hay figura embalsamada como en el caso de Hugo Chávez. Lo cierto es que los cubanos han acudido durante largas colas a las que están acostumbrados para comprar comida, a pasar por “la tumba” del comandante que tantas loas ha recibido de la izquierda. Algunos lloran de verdad a quien durante toda su vida vieron dirigir los destinos de su país.

Muchos aseguran que este acercamiento del pueblo cubano más que por despedirlo es por miedo, por eso también el silencio. Pero puertas adentro, sin los ojos espías de los “patriotas cooperantes”, los cubanos celebran el fin de un símbolo de su opresión, su hambre y su falta de libertad, mientras en la televisión de la isla sus animadores solo se les ocurre decir cosas como “Fidel el 25 de noviembre no se montó en el yate Granma, se montó en el yate de la eternidad”, repite el locutor de la televisión cubana”