El caos se apoderó también de los subterráneos caraqueños

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Como en una película de catástrofes, así se vieron ayer los usuarios del oeste de la ciudad del metro de Caracas. Ellos fueron los protagonistas del caos que se armó por una falla en el tren, en la línea 2. La desesperación los hizo caminar por las vías, alumbrados por la luz de los celulares. A la desesperanza, resignación y malvivir, el gobierno que gasta dinero en un festival y no en mantenimiento ni respondió.


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
Adentrarse en una estación de metro convierte los minutos en el tren, en una aventura silenciosa. Desde que el aire desaparece y la tierra abre un hueco arrebatado por unas máquinas escabadoras que como un topo construyeron túneles y salas, la vida se convierte por un tiempo en una especie de historias primitivas, de supervivencia en cuevas. Mucho más modernas…eso si.

Así es en cualquier parte del mundo. En las horas que llaman “pico”, el aglutinamiento en la espera a veces puede llegar a ser desesperante. Cuerpos desconocidos unos contra otros, rozándose, olvidándose del yo para de pronto ser una masa uniforme, compuesta de seres delgados, gordos, altos, flacos, hombres, mujeres, no se sabe, limpios, sucios. Es el lugar exacto en el que todos son iguales. Por eso los que se encumbran en el poder, dejan de etiquetarse con esa característica, de “iguales” para pasar a ser privilegiados.

Los minutos en la espera de un tren rápido, se hacen eternos y cuando llega el vehículo para detenerse de pronto, ocurre el primer momento de desesperación. La masa se mueve sola, al mismo paso. No hay nada que la detenga ni que la impulse, es la inercia, esa ley física que se hace ejemplo. Solo cuando el tren captura en su interior a parte de esa masa voluminosa y ya no queda ningún espacio para un cuerpo más, casi que ni siquiera queda espacio para que el aire haga de las suyas y circule y permita respirar, solo entonces, las puertas se cierran y empieza una nueva parte de la historia.

Todos los días, a las horas pico es el mismo procedimiento.

En Caracas, una ciudad con casi 4 millones de habitantes, la pesadilla del metro puede ser más complicada que en otras ciudades. No por nada en especial, porque las historias individuales deben ser paralelas de un país a otro, o más bien poniéndolo desde un punto de vista político, deben ser iguales de una dictadura a otra. En Caracas el desasosiego tiene que ser más complicado porque el gobierno no sabe lo que significa la palabra mantenimiento. Por esa razón sucede el caos cuando se detiene una línea. Una situación que se repite cada cierto tiempo.

Aquel metro que fue inaugurado en los tiempos de Luis Herrera Campins, como uno de los más modernos del mundo, se ha convertido por obra y gracia de la revolución bonita, en un medio de transporte obsoleto que se suma a cada uno de los activos del país que se van deteriorando, uno tras otro, hasta que un día queden inservibles.

Es como un apartamento viejo al que no se le hace mantenimiento. Un día se rompe una tubería, otro la nevera, después la poceta, la regadera deja de funcionar, la cocina solo tiene una hornilla que sirve, el piso tiene una enorme grieta, la pata de la cama trasera se rompió. El dueño no tiene plata para reparar nada y seguro que llegará el momento en que el apartamento en algunos espacios hará ¡Plas! y todo quedará como la ciudad olvidada del Planeta de los Simios.

Eso fue ayer lo que sucedió en el metro de Caracas. Una falla, dicen que el descarrilamiento de un tren en la estación de la Paz y el caos de pronto se apoderó desde las 5:15 de la tarde del oeste de la ciudad.

En cualquier país sucede un descarrilamiento e inmediatamente se abre una investigación. En Venezuela el metro de Caracas solo alertó que debido a que los usuarios caminaban por las vías férreas, estaban disponibles los metrobuses para los teques, era una “contingencia por el cierre momentáneo de la línea”. Así sin más, “los usuarios caminaban por las vías férreas”, fue la explicación…sin disculpas, sin por qué.

La zona rental de Plaza Venezuela comenzó a ver gente desesperada y así se fue haciendo viral en el resto de las estaciones que llevan a  la gente hacia Las Adjuntas y el Zoológico. A las 8:30 hubo un fallo eléctrico en Antímano. Ya las personas que habían dejado de ser masa en espera, decidieron tomar acciones. Unos se salían y buscaban moto taxis, taxis, otros se sentaban con paciencia en la estación a ver si había suerte y el “momentáneo” anuncio de la dirección del metro se hacía realidad, otros decidieron como en una película caminar por las vías del metro. Huir, usar los túneles. Alumbrarse con la luz de los celulares. Al menos la tecnología del mundo solucionaba el problema de un medio de transporte con características de tercer mundo por descuido. Era preferible caminar entre las vías de los trenes, expuestos a ratas o cucarachas, a tropezar con una vía y caer, que salir a la calle a exponerse a la inseguridad. Esa es la ciudad.

Sin embargo, muchos optaron por esa modalidad. Caminar por la calle, en fila india, con la luz de los celulares como santa compañía, las velas del siglo XXI, hasta que la batería falleciera, hasta que el cuerpo aguantara. Personas con  muletas, con andaderas, mayores, niños. La confusión se apoderó de un espacio de la ciudad. Se sumó a la tristeza, a la desesperación, a la desesperanza. Trató de huir de la delincuencia que parece que caminó junto con la aflicción por llegar tres horas más tarde al refugio del hogar.

Maryuri después de horas en este drama escribió en su muro de Facebook:

Buenas noches que lo sepa el mundo entero este lunes desde las 5 de la tarde. Hasta las 10 estuvimos miles de ciudadanos en un mega retraso en el metro de Caracas línea 2, me parece que es un saboteo y falta de ética. Hasta cuándo abusan y se burlan de los usuarios vale, si quieren hacer presión. Que no sea de esta forma, poniendo en riesgo a todo el mundo, de verdad con todo respeto salúdenme a su mamá