El Premio de la Paz no es oro para todos



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El Comité Noruego que otorga los Premios Nobel anunció que Juan Manuel Santos, presidente de Colombia, había ganado el Nobel de la Paz, por sus esfuerzos para lograr la paz. Esta designación ha traído mucha tela que cortar. Lo han felicitado sí, pero también lo han criticado, pues al final el pueblo colombiano, que es el interesado, en su mayoría no aceptó el acuerdo que Santos firmó. Además los guerrilleros también sintieron que debieron compartirlo. Es el mundo del revés.


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios 
Juan Manuel Santos recibió el Premio Nobel de la Paz. Era un rumor a voces. Los que estaban de su lado aseguraban que era un premio que merecía gracias al enorme esfuerzo que había puesto en lograr un acuerdo con las guerrillas colombianas que han asesinado a miles de personas en ese país y han hecho de la droga su fuente de ingresos. Los que han estado en contra de cómo llevó a cabo esa negociación y que desde un principio no estuvieron de acuerdo en cómo se estaba haciendo, señalaban desde antes que fuera anunciado el premio, que Santos tenía como objetivo llevarse tener un Nobel debajo del brazo y ser el segundo colombiano, después de Gabriel García Márquez en llevárselo.

La prensa mundial amaneció hoy con la noticia. También con las opiniones de unos y otros y con la posición que las redes sociales permiten globalizar de miles de ciudadanos que fijaron su posición.

Muchos contradicen las palabras del jurado del Premio en Oslo, la ciudad sede de los premios Nobel que otorga Suecia, cuando especificaron que “es un homenaje al pueblo colombiano” y resulta que la mayoría del pueblo colombiano simplemente votó que no por ese acuerdo del gobierno con las FARC. Pero los suecos se apresuraron en aclarar que “el pueblo de Colombia no dijo ‘no’ a la paz, sino a este acuerdo en concreto”.

El premio se lo dieron a Santos, dice el jurado,  por su “duro trabajo” y porque “fue el primero en dar el paso en esta iniciativa”. El comité subrayó además que el Nobel a Santos es “un gesto de ánimo hacia todos aquellos que luchan por la paz en Colombia”, y espera que este galardón le dé la fuerza suficiente para lograr “este exigente objetivo”. Agregaron que el galardón reconoce  “sus esfuerzos para poner fin la guerra civil de más de cincuenta años en el país, una guerra que ha costado la vida a por lo menos 220.000 colombianos y desplazado a seis millones de personas”

La directora del Comité Nobel Noruego, Kaci Kullmann Five, advirtió que a su juicio es un peligro que el proceso de paz se detenga por el resultado del referéndum y reiteró la importancia de que ambas partes, el gobierno representado por Santos y las FARC por Rodrigo Londoño (alias Timochenko), sigan respetando el alto el fuego.

Muchos han señalado que Santos buscaba este premio desde que asumió la presidencia en agosto de 2010. El periodista colombiano Eduardo Mackenzie, lo calificó de “asombroso y chocante” y agregó que “Santos ha sido colonizado por la ideología que mueve a las Farc. El cuento del Premio Nobel oculta esa realidad.” y por supuesto encadena esa ideología al socialismo del siglo XXI.

En el diario que dirige el periodista español Pedro J. Ramírez, su editorial El Rugido del León comienza con esta frase: “La concesión del Premio Nobel de la Paz a Juan Manuel Santos, tras el sonado fracaso de su acuerdo con las FARC es un nuevo golpe a la credibilidad de este galardón. El Nobel de la Paz arrastra sonoras polémicas, pero nunca hasta ahora se había dado en contra de la voluntad de un país”. Y compara el plebiscito de Colombia con el referéndum de Gran Bretaña por el Brexit y lo que significó para el primer ministro David Cameron, quien renunció tras perder el apoyo a su decisión.

Sobre el hecho de que el premio sólo se le haya concedido a Santos y no a las FARC, “Iván Márquez” dijo que la guerrilla, convertida ya en movimiento político, no se siente excluida y que para ellos el “principal premio es el de la paz y la reconciliación”, según señala el periódico El Espectador.


La izquierda del mundo también se inscribe en esa misma onda cuando aseguran que la Academia debió compartirlo con el grupo guerrillero. 


Santos por supuesto está feliz, era su objetivo, no solamente el ser nominado sino equipararse en la adjudicación de este premio a Oscar Arias, a Barack Obama o a Yaser Arafat. Por eso en un comunicado al conocer su designación manifestó “Esta mañana muy temprano me despertó mi hijo Martin para contarme la decisión del Comité Noruego de otorgarme el premio Nobel de Paz”…“Agradezco infinitamente y de todo corazón esta honrosa distinción. La recibo, no a nombre mío, sino a nombre de todos los colombianos, en especial a las millones de víctimas que ha dejado este conflicto que hemos sufrido a lo largo de más de 50 años. Colombianos, este premio es de ustedes”.

El ex presidente Alvaro Uribe Velez, que tanto se ha enfrentado a cómo se firmó el proceso de paz y que fue junto con el ex presidente Andrés Pastrana y otros líderes colombianos el propulsor del NO a ese acuerdo, posición que finalmente obtuvo el apoyo de la mayoría del pueblo colombiano, manifestó a través de un Twitter que felicitaba a Santos por el Nobel y deseaba que condujera a “cambiar acuerdos dañinos para la democracia”.

Nuevamente el Premio Nobel de la Paz es cuestionado. Se entrega a quien buscó la paz, pero encontró un rechazo de la mayoría por cómo la firmó, bajo qué condiciones. Hoy aquellos que mataron, que traficaron con armas y con drogas, desde la comodidad que les ofrece el gobierno cubano, con enorme tabacos Davidoff en sus manos, se muestran molestos porque el premio debió haber sido compartido. Pareciera todo que este es un mundo al revés.