Las FARC quieren redimirse con solo pedir perdón



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El haber actuado al margen de la Ley durante muchos años, haber destrozado familias y pueblos enteros, haber desaparecido a cientos de colombianos, el comerciar con drogas y armas, para los guerrilleros se olvida solo con escuchar la palabra perdón. Juegan con la dignidad sin vacilar y se creen dueños de la verdad, sin mirar al contrario. Se parecen tanto al gobierno venezolano, que definitivamente son los franquiciados del patrón originado en Cuba


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
El perdón, que palabra tan extensa, más aun cuándo quien la pide ha tenido tantos años para arrepentirse, para demostrar su equivocación y nunca ha hecho uso de ella. Al contrario, siempre han seguido matando, secuestrando, traficando con drogas: léase, siendo unos delincuentes, que además se hayan hecho llamar ejército de liberación.

Ya cansados de vagar, ya cansados de vivir en la selva o escondidos en fincas venezolanas, o en casas cubanas, los miembros de las FARC piden perdón. ¡Qué cosa!, muy fácil. Tratan de sentir que todo un pueblo que ha sido desplazado, masacrado, desaparecido, se convierta en Dios, y acepte el perdón por un arrepentimiento tan tardío.

Eso fue lo que le permitió Juan Manuel Santos a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, les dio la posibilidad de poder campear a sus anchas por las ciudades colombianas y por el Congreso sin haber sido elegidos. Subestimó al pueblo y a pesar de la pregunta capciosa, a pesar de las encuestas, el NO lo situó en su sitio, el NO le dijo que se dejara de estar buscando Premio Nobel de la paz a costa del futuro de Colombia.

Las encuestas decían que ganaría el SI. La gente en la calle tenía vergüenza de asegurarles a sus vecinos que votarían por el No. Estaba mal visto. Cómo no iban a querer el proceso de paz, cómo le iban a permitir a las FARC no reisentarse en la sociedad. Tenían que perdonar.

Pero no. Todos comenzaron a ver las desventajas, los abusos que las más de 200 páginas de acuerdo, se instalarían en la vida social colombiana. Una señora que trabaja limpiando hogares, se llegó a ver su bolsillo. “A sí, cómo no. Resulta que yo trabajo 8 horas diarias para ganarme un sueldo mínimo, y los guerrilleros, después de haber hecho lo que han hecho, el estado colombiano les va a dar el 90% de un sueldo mínimo mientras terminan de adaptarse a la sociedad, a costa de mis impuestos. No lo veo justo”


Así muchos casos. Como el del hombre a quienes la guerrilla le arrebató a sus padres y nunca los encontró, nunca pudo enterrarlos.


Los colombianos le dijeron al mundo y de esta manera el mundo lo ha entendido, que si quieren paz, pero no bajo esas condiciones, con la aprobación de una letra chiquita que cambia la Constitución y deja abiertas muchas puertas. No a que sean ellos mismos los que juzguen a su gente, no a que no paguen por sus fechorías.

Es que la guerrilla colombiana se ha llevado a mucha gente por delante, a niños, ha sido muy cruel. Además son los mayores narcotraficantes del mundo y como asegura Andrés Pastrana, el ex presidente de Colombia, el frente número 1 de las FARC no se sumó al llamado de paz y justamente ellos son los que manejan la droga.

La idea era que Timonchenko e Iván Márquez pudieran hacer justo lo que hacen ahora, viajar, compartir. Qué sabroso y ¿lo anterior?… borrado.

Quizás por eso sus primeras declaraciones tuvieron tanto que ver con el lenguaje bolivariano, un lenguaje que se ve clarito que tiene unos patrones cortados en Cuba y confeccionados pret a porter en Venezuela y en las guerrillas colombianas.

“Lamento el poder destructivo de los que siembran odio”, dijo Timochenko nada más conocer la decisión del pueblo colombiano, es decir, ellos que mataron, asesinaron, destrozaron pueblos, familias, fueron crueles, trafican con droga, ganan dinero a través del comercio ilícito de armas y narcóticos, se atreven a hablar de los demás, de los que quieren justicia con otros argumentos, y los califican de sembradores de odio. Cómo llaman entonces a lo que ellos hicieron, ¿el cuento de Blanca Nieves o el de Caperucita?

Los gobiernos de Cuba y Venezuela, que tan buenos tratos han tenido con los grupos guerrilleros, exigen perdón por sus actuaciones, hablan de odio en el contrario, desprecian que pueda haber un discernimiento diferente al de su doctrina, pero a la hora de aplicar sus reglas en el bando opositor, no lo perdonan, lo encarcelan, lo vejan y lo exponen al escarnio público. ¡Qué manera tan fácil de contar siempre con la verdad!

Santos ha tenido que darse cuenta. Necesita del país, de todo el país para poder llegar a un acuerdo, un acuerdo al que todos quieren llegar pero bajo otras condiciones.

Las FARC también tienen que aprender a leer. Aunque ahora, tras reunirse con los líderes cubanos, empiecen a darle una vuelta tipo Cuba-Venezuela a la situación cuando señalan:

“Llamamos al movimiento social y político a respaldar resueltamente mediante la movilización, y otras formas de expresión pacíficas, el Acuerdo Final para la Construcción de una Paz Estable y Duradera. La paz en Colombia es constitucionalmente un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento, que debe prevalecer por encima del odio y la violencia”, precisó.

Veremos en los días por venir, hasta dónde tienen interés en conseguir la paz.