Esperando a Matthew

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matthew


Miami espera a Matthew. Una aventura nueva para los emigrantes que están acostumbrados a los embates de un gobierno huracanado. La ciudad lo espera en silencio, con la soledad en sus calles, con todo cerrado, maderas en las ventanas y sin agua en los mercados. Es una experiencia que azotará con fuerza en la noche y que pasará, desaparecerá y quedará solo como un mal recuerdo.


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
Matthew o Mateo, como lo quieran llamar. Lleva días dando vueltas, despacio, viendo a ver qué se lleva por delante, qué cosa transforma para destruirla. Debería haber tenido otro nombre, porque tiene su réplica exacta en los seres humanos. Lo sabemos y lo conocemos. Pero no, aunque tenga un doble en la tierra, Matthew es un huracán que viene echando broma desde que pasó por las costas venezolanas. De ahí empezó a subir hacia el norte y a subir de categoría. Pasó por Jamaica, Colombia, Aruba, Haití, Cuba y las Bahamas. Se encargó de destrozar casas que ya tenían lo suyo de desastre por falta de mantenimiento.

Mientras tanto en Estados Unidos, específicamente en Miami, con una comunidad enorme de cubanos, colombianos y venezolanos, la ciudad se prepara para recibirlo en forma de tormenta tropical, mientras que un poquito más arriba, en el condado de Broward, donde está la ciudad de Aventura, en Fourt Lauderdale, Palm Beach o Vero Beach, la cosa pinta de un color todavía más oscuro. Igual que la costa este de la Florida.

Miami está en la espera. Amaneció silenciosa, sin el sol brillante que generalmente la ilumina. Mucha gente que recién ha llegado a esta ciudad no se imagina cómo será la cosa. Los medios de comunicación solo hablan de Matthew y de cómo prepararse ante su llegada. Los edificios comunican las medidas que tomarán y que deben tomar a su vez los residentes y así se va volviendo todo una locura colectiva de rumores y miedo.

Las calles en el día previo a la llegada de Matthew, es decir el miércoles 5 de octubre eran un caos. Más tráfico de lo normal y todos haciendo cola para poner gasolina. Muchas bombas ya exhibían sus carteles de Sold Out, se acabó. Así que vuelta a empezar a buscar una gasolinera con posibilidad de despachar gasolina, aunque sea de la  más cara.


Los mercados, los dispensadores de comida más pequeños como precisamente los de las bombas de gasolina, quedaron vacíos. Todo sucumbió a la locura del acaparamiento por la posibilidad de que Matthew haga de las suyas en la ciudad.


¿Y qué significa hacer de las suyas? pues a nivel de servicios que se vaya la luz -una situación que se ha hecho costumbre en Venezuela-, cosa que puede alargarse por dos o tres días, depende del trabajo que tenga Florida Power para resolver todos los problemas que cause el huracán, también se puede ir el agua, como consecuencia de la luz, se pueden caer árboles y en una ciudad con tantas casas se pueden volar las tejas de los techos. Los pisos altos tendrán que ver cómo se las apañan porque generalmente también paran los ascensores.

Por estas razones también muchos cierran sus casas, hacen sus maletas y huyen. El tráfico en las autopistas revelaba que así fue. Esta vez se habrán ido al oeste de Florida, donde Matthew no intentará entrar, aunque también tendrán muchas lluvias.

Los que se quedaron a cuidar su casita, han tenido que resolver. Si no hay una buena protección en las ventanas, Matthew se puede colar por un resquicio y es otra torta para el interior de las casas. Las lanchas, yates y botes, también tienen que salir del agua. Y así, caso por caso, situación por situación. Las mascotas otro tema. Beatriz, que tiene cuatro perros, grandes y chiquitos,  y un gato, todos acostumbrados a estar en el patio, ha tenido que tomar todas las previsiones, para encerrarlos con ella en la casa. Los carros deben estar resguardados pero no en sótanos que se puedan inundar. Toda una logística.

Pero volviendo al principio el agua potable de pronto ayer desapareció. Las decenas de marcas que se extienden en los anaqueles fueron arrasadas por otras decenas de manos que trataban de adelantarse a la siguiente. Caras, baratas, todas sucumbían a la desesperación. Los carritos y las cestas se llenaban. Lo mismo sucedió con el atún, con la leche de larga duración y con las latas de salchichas y sopas. Deben saber horrible frías, pero eso con galletas de soda engañan a los estómagos más pintados.

Ni que hablar de los cambures, los mejores, los más verdes, los más maduros, nada, todos desaparecieron del panorama, igual les pasó a las naranjas y a los duraznos. En las ferreterías ya no hay linternas. Ni una…ni caras ni baratas, aunque esperaban para hoy en la mañana un camión con los repuestos. Porque eso sí, nadie se para, nadie tiene temor porque el gobierno le vaya a quitar la mitad de la producción para meterlas en una bolsa y cobrarle al bolsillo del más pobre.

Las maderas, los clavos, todos salían uno detrás de otro de las ferreterías, en fila india iban para tapar puertas y ventanas, especialmente los de las casas viejas que no tienen vidrios de impacto que se supone que pueden resistir cualquier golpe de cualquier Mattew, Andrew o Nicolás.

A partir del mediodía comenzarán las lluvias, es la entrada de Matthew, como si comenzara enseñando el pie. No hay colegios, las tiendas cerraron, no hay oficina abiertas y las autoridades le piden a todo el mundo que se quede en su casa, que no invente. Para los que viven en casas más expuestas a problemas se abrieron albergues, ya ayer a las 11:30 de la noche, habían cerrado inscripciones. No hay aviones y seguramente, ni siquiera Uber, que está en todos lados, se atreverá a salir.

Aunque hay algunos bares y restaurantes de la ciudad que han decidido compartir su experiencia con los clientes y desde ya les han advertido que ellos vana abrir. Qué no hay viento que se les resista ni problema que no puedan enfrentar, así que probablemente se encontrarán los despechados tomando cerveza mientras el viento golpea la puerta.

Las palmeras mayameras los árboles centenarios, comenzarán a mover sus ramas, poco a poco, hasta que los vientos de 50, 60, 70 millas por hora, se ensañen contra ellos y en esa lucha de poder seguramente algunos caerán, pero cuando se tiene buena raíz, no hay nada que temer, ahí seguirán plantados.

Matthew azotará durante dos días el sur de la Florida. Seguramente hacia la costa este del norte hará daño. Es un fenómeno que no piensa, que arrasa porque es así, ni siquiera tiene dos dedos de frente para saber cuán destructivo puede ser. Dicen que a lo mejor se devuelve, que el miércoles de nuevo tratará de repasar lo que no pudo acabar, pero al final desaparecerá, morirá, porque bicho malo algún día muere. Y su nombre quedará solo en un mal recuerdo.