¿Y ahora qué?



y ahora qué


Ahora seguirán más acciones pacíficas, de calle, de voces. Ahora el mundo ya sabe que el pueblo venezolano quiere un cambio democrático y que se respeten sus derechos, saben que el gobierno persigue a la disidencia, que no dice la verdad. La comunidad internacional sabe que no hay libertad, que no se respetan los derechos humanos, que hay una enorme crisis humanitaria. Los que apoyan al gobierno se dieron cuenta que nadie quiere a la cúpula que gobierna y que si los siguen apoyando se verán arrastrados en la rodada.


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
Ayer Nicolás Maduro soltó cualquier clase de improperios. Estaba picado y lo estaba porque no es lo mismo imaginar que está derrotado, que nadie lo quiere, que verlo con sus propios ojos. Como lo vio el mundo entero, como está destacado en todas las primeras páginas de los periódicos del planeta, como salió abriendo todos los noticieros, de todos los idiomas y cómo sus canales preferidos, los de la televisión española, destacaron la noticia. Atónito debió quedar. Por eso habló y no contento con eso,  primero puso a declamar a un personaje que ya tiene muchos años metiéndose por todos lados y que encajaba bastante bien con lo que Maduro se propuso decirle a Henry Ramos.

Sonó muy cómico ver con insultaba a “ese viejito”, cuando tenía a uno tan cerca.

Por eso hablaron de cifras maquilladas, de cómo les hubiera gustado que la Toma de Caracas hubiera sido un fracaso, tal como lo fue su marcha, arreglada con photoshop y con detalles tan malos, como el de no colocar los edificios nuevos de la Misión Vivienda que pueblan la  avenida Bolívar.

Pero después que todo salió bien, que la mayoría cumplió con el trabajo asignado, que los venezolanos aceptaron gustosos la hora final fijada a las 2 de la tarde, salieron los encapuchados, azuzados por el gobierno que tenía toda una historia montada para justificar los apresamientos de los días anteriores y no podía dejar sobre la mesa el arsenal incautado. Muy parecido por cierto, al que utilizan las bandas delictivas del país y a las que por ¡Oh casualidad!, nunca encuentran.

Y les llegó la lluvia, una lluvia sabrosa, porque hasta el cielo se sumó al final de la marcha, para evitar que las intenciones del gobierno llegaran a mayores y tuvieron que bajar de los techos de los edificios y meterse las piedras en los bolsillos. La escaramuza de los infiltrados y de los que se dejaron infiltrar duro bien poco.

Sin embargo, ya la rueda de prensa del ministro de Relaciones Interiores estaba organizada y no había más remedio que seguir con el plan. ¿Para qué? para seguir apresando a los líderes de Voluntad Popular, y luego a los de los otros partidos, para tratar de convencer al pueblo que antes tenían de su lado, que lo que quiere la oposición es un golpe de estado y para justificar ante el mundo que ellos son las víctimas de un plan para liquidar la “democracia”.

Pero nada les ha salido bien. El mundo se reafirmó en lo que ya sabían, que la mayoría del país es pacífica y democrática, que quiere salir del gobierno por la vía de la Constitución, que a los militares que apoyan al gobierno no los quieren ni en pintura, que el gobierno es un represor. Delcy Rodríguez ya tenía problemas en la Organización de Estados Americanos, pero con lo de ayer pocos podrán darle si quiera la oportunidad de la duda, las rectoras del Consejo Nacional Electoral, quedan ante el mundo, como unas mercenarias pagadas por el gobierno y los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia como unos sujetos tarifados doblegados ante la presión del régimen.

El trabajo de la Mesa de la Unidad fue impecable. El trabajo de sus líderes, todos con el mismo objetivo, fue fundamental. El trabajo de todos los venezolanos que acudieron a la calle, personas mayores, padres con sus hijos, los que no fueron a hacer las colas de la comida, los que llegaron en silla de ruedas, los que pasaron alcabalas, atentados y humillaciones. Todos juntos le sacaron la piedra a Nicolás Maduro y a su combo, le sacaron la piedra a José Vicente Rangel que no se cansa de importunar, aun con tantos años encima sigue hablando sin ver al pueblo y sigue demostrando que la vista y la cabeza para hacer cálculos, la perdió.


Los que querían más problemas, los que hablan desde 140 caracteres, los que están lejos y no saben lo que sufren en realidad los venezolanos, no pueden entender el espíritu democrático. No pueden entender que con marchas se consiguen muchas cosas.


Las manifestaciones más grandes del mundo han sido pacíficas, no violentas que es lo que quería el gobierno. El objetivo era pedir la fecha del Referéndum Revocatorio para que se realice este año, no armar lío o tumbar gobierno.

El gobierno contestó con más represión. La Toma de Caracas y el gran cacerolazo fue el inicio de las marchas que vendrán. Fue el inicio de lo que tuvieron que leer los que apoyan al régimen, de lo que tuvieron que leer los militares para darse cuenta que no pueden ir contra toda una población, contra sus vecinos, contra sus amigos, contra su familia. Es lo que tuvieron que leer los jueces que se prestan a montar mentiras, porque tienen que saber que existen leyes internacionales que después los perseguirán a ellos. Es lo que tienen que leer todos los que son manipulados y extorsionados por la cúpula corrupta del gobierno que se aferra al poder para no perder privilegios y porque saben que no tienen para donde ir, y quiere arrastrarlos con ellos.

Venezuela se ha convertido en una cárcel para muchos y solo está en la voluntad de todos, de los que se oponen y de quienes están en el gobierno manipulados, pero que ven cómo los que están a su alrededor sufren, liberarla de la opresión.