Sánchez quiere dirigir al PSOE y a España como una franquicia de Maduro

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El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez se ha cansado de decirle que no a Mariano Rajoy, jurando que se trata de un gobierno corrupto al que no le va a dar su apoyo, pero si quiere formar gobierno aliándose con Podemos, que ha demostrado que está del lado del gobierno venezolano, que ha recibido dinero de la presidencia de un país que persigue a quienes piensan diferente, los encarcela y oprime al pueblo. Sus ansias de poder lo llevan a seguir los mismos pasos de presión que Maduro, aunque nadie lo quiera, se empeña en estar ahí. ¿Cómo sería como jefe del gobierno español?


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
Pedro Sánchez demuestra su apetito de poder a costa de lo que sea, de cómo sea. El y José Luis Rodríguez Zapatero parece que están hechos de la misma pasta. El segundo antes de ser jefe del gobierno español lo acusaron en su oportunidad, sin pruebas pero con rumores contundentes, de la participación en el atentado de Atocha de aquel marzo de 2004. Lo cierto es que todas las encuestas de aquel entonces daban ganador y con mucha facilidad a José María Aznar, a pesar de sus devaneos con George Busch en la guerra de Irak. Aquel atentado cambio dos días antes de las elecciones generales el panorama político español. Zapatero ganó la presidencia.

En Venezuela también ha sido muy particular el diálogo propuesto por el ex presidente español, en el que sale claramente beneficiado el gobierno. Un gobierno en el que muchos de sus participantes hicieron negocios redondos con España, precisamente durante los tiempos de Zapatero.

Pues su actual secretario general, Pedro Sánchez, con la peor votación de su historia, ha decidido impedir un gobierno del Partido Popular, que ganó en voto las elecciones de junio, utilizando las posibilidades que le dan las leyes españolas. Es como un bombazo para que la decisión de la mayoría de los españoles no se cumpla, solo porque él está empeñado en ser presidente, a pesar de haber llevado el partido a la debacle. 

Para ello está sublevando al partido. Se enfrenta al resto de los dirigentes, al ex presidente Felipe González, quiere socavar las bases con tal de ser Presidente a costa de lo que sea. No va por buen camino. Ni la historia respeta. Hasta ha pedido a sus partidarios que rodeen el próximo sábado la sede del PSOE para presionar. Le faltan las franelas rojas, tal vez Zapatero las lleve en la maleta o quizás, terminen cambiándoselas a moradas.

Es decir, con tal de ser Presidente el señor Sánchez, que ha llevado a su partido al pozo del olvido, es capaz de “vender a su madre”, como dirían en España…porque si no, cómo podría calificarse sus intenciones de pactar con quienes quieren hacer de la península pedazos de países olvidando historia y geografía. 

El señor Sánchez utiliza como argumento que ellos no van a votar por un partido corrupto. Muy bien. Es cierto que en el Partido Popular se han destapado bastantes casos de corrupción y también es cierto que la justicia se está haciendo cargo de ello. Como ha sucedido con el PSOE, que también tiene sus historias.

Pero que Sánchez hable de no votar ni abstenerse ante los corruptos y que esté dispuesto a pactar con otros corruptos es una idea insólita. Está dispuesto a pactar con Podemos, con el partido que apoya sin condiciones al presidente venezolano Nicolás Maduro, va a pactar con Izquierda Unida, un partido que apoya que haya presos políticos en Venezuela, va a pactar con quienes han recibido dinero del gobierno venezolano, dinero que podía haberse utilizado para surtir de medicinas al país o darle un vaso de leche a los niños. Eso para Pedro Sánchez parece que no es relevante. Eso se puede esconder debajo de la cama. Claro, es que él quiere ser presidente.

Que Podemos a través de uno de sus miembros, Alfredo Serrano Mancilla, asesore económicamente al gobierno venezolano cobrando su buena dosis de dólares y llevando hambre a cada hogar, no es para Sánchez muy importante. Para él los corruptos tienen la cara de la conveniencia. Más nada.

El secretario del PSOE en Cataluña, también está de acuerdo en pactar con los independentistas, eso si, sin apoyar el referéndum de independencia. Qué absurdo. Resulta que reconocer a los independentistas, darles beligerancia, y asociarse a ellos, para estos interesados, no significa aceptar que se divida a España.

Hay que ver que el ansia de poder, la necesidad de acceder a él aun cuando no te quieran, es una condición tan dictatorial como la que se vive en Venezuela, donde a Nicolás Maduro no lo quieren y se empeña en hacer cuanta maroma esté en sus manos para continuar mandando. Podrían cantarse uno al otro la canción de Juan Gabriel, “Te pareces tanto a mi”

Parece que el estilo de Zapatero está tratando de imponerse tanto en España como en Venezuela.