Los ojos de Chávez hace tiempo que se quedaron ciegos

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los ojos de chavez


Ya no ven, los ojos del comandante eterno que enterraron ya hace tres años, ya no miran. Ni Chávez, ni Maduro, ni ninguno de los gobierno tienen capacidad para mirar la pobreza, el hambre, los muertos por la falta de tratamiento, ni la tristeza que invade a “su amado pueblo”


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
Los ojos de Chávez son simplemente un símbolo intimatorio regado por cuanto rincón se les ha ocurrido a sus seguidores, pero está claro que son un dibujito cualquiera, que no dice nada, porque sino los que se empeñan en colocarlo por todo el territorio habrían dado cuenta de las necesidades que está pasando el pueblo de Venezuela, del hambre, la tristeza, las enfermedades…

Definitivamente los que están en el gobierno no ven más allá de sus narices y lo peor es que tampoco lo quieren hacer. Viven con una indolencia inusitada, nada les importa, ni les conmueve, pero al fin y al cabo, comentaba alguien, ¿acaso a los asesinos les importa matar, o a los malandros les da lástima dañar al contrario?…esa es la razón por lo que no hay nada que esperar. Ellos están ahí para vivir bien, ellos y los suyos. Por eso los colocan donde hay. Así son todos los que han accedido al poder en estos años. No tienen carencias, necesidades y con eso basta, no hay porqué mirar alrededor. El resto del país es una piedra en el zapato que hay que aguantar y si se va, como sea, pues mucho mejor.

A ellos no les importa que Ana Torrealba cobre un sueldo mínimo, que sus quincenas sean de siete mil 500 bolívares y que con esa cantidad tenga que comprar una salsa de tomate que le cuesta mil 350 bolívares, un paquete de pasta 800, un kilo de jabón mil, una mantequilla 940 y un kilo de carne cuatro mil. Y esos precios son cuando logra conseguirlos regulados. 

Porque Esperanza Parra asegura que en el estado Carabobo el arroz está a mil 700, la margarina a dos mil, medio kilo de pasta también a dos mil, el aceite a tres mil 50, la carne a cuatro mil 500, la harina leudante a mil 200 y “pare usted de contar”

Eso no es nada si se remiten a los precios de los buhoneros en la redoma de Petare en Caracas, donde el arroz lo venden a dos mil 500, el azúcar a tres mil y el paquetico de jabón en polvo a dos mil 500 bolívares.

A ellos no les importa que Mai de Blanco llore porque le dan su bolsa CLAP, con pocos productos y después tenga que esperar dos meses más a ver si le toca de nuevo, en una espera en la que podrían “venirle con el cuento” los de la Junta Comunal que se robaron las bolsas en Mercal. “Mis hijos hoy estaban felices porque en la casa había dos paquetes de arroz, uno de azúcar y una leche en polvo y el más pequeño me dijo, mamá ya no somos pobres”.

O que Paula recuerde sus días cuando paseaba por los centros comerciales tranquila, y podía comer en cualquier panadería y que hoy, a sus 65 años, después de haber trabajado toda la vida para vivir con dignidad, tenga que engañar al estómago con una cucharada de mermelada vieja que le quedaba en la nevera.

A ellos que viven entre villas y castillos, no les importa que ni una torta de cumpleaños puedan preparar en cualquier hogar del país porque no hay harina ni azúcar.


¿De qué pasta están hechos, que no son capaces de mirar a los lados, y que con sus ojos chavistas solo son capaces de llenarse de dinero y ver solo las tiendas más caras para engalanar sus armarios?


En qué país vivieron estos revolucionarios que tienen tanta rabia en sus entrañas. Crecieron en una Venezuela en la que todo el mundo compartía, en la que los pobres a lo mejor no tenían lujos pero tenían comida, en la que podían ir a los hospitales y conseguir medicinas.

Crecieron en una Venezuela en la que el gobierno repartía los medicamentos para el cáncer y no se morían los niños por falta de tratamientos. Cualquiera podía comprar harina, pan y huevos.

¿Qué les pasó a los del gobierno para volverse tan insensibles, para no preocuparse por su pueblo, para no ver nada y convertir los ojos de Chávez en los ojos de la desesperanza y los malos recuerdos?

¿Qué clase de mosquito les habrá picado para darle la espalda a sus semejantes, para amarrarse con cadenas de oro al poder y para congraciarse con la desgracia ajena?