Llegó el fin de la hegemonía del PT de Brasil tras 14 años en el poder



dilma rousseff


En una decisión histórica el Senado brasileño destituyó a Dilma Rousseff. Es la segunda Jefe de Estado que no culmina su mandato en ese país por haber sido acusada de corrupción. Atrás quedaron los tiempos en que el partido de Lula da Silva se daba abrazos con Hugo Chávez y Fidel Castro. El club de amigos que le rendían tributo al cubano ha ido poco a poco perdiendo a su miembros.


Dilma Rousseff tendrá que cerrar la puerta de su presidencia y pasar la página. Aunque se empeñe ahora en acudir a la Corte Suprema para presentar una demanda judicial, su destino quedó marcado hoy, 31 de agosto de 2016, después que 61 senadores decidieron que es culpable de haber manipulado el presupuesto de la nación. Solo los 20 senadores del partido del pueblo respaldaron a la ex presidenta. Contó además, en este último proceso con el apoyo irrestricto de los presidentes que todavía se alinean en el eje político que iniciaron Hugo Chávez y Luis Ignacio Lula Da Silva, cuando el dinero corría en abundancia por las manos de los gobernantes que compraron conciencias, jueces, amigos y partidos.

Su agonía comenzó en el mes de abril, cuando comenzaron a darse todos los pasos necesarios desde el Congreso brasileño para proceder al impeachment, su juicio político. Rodeada de escándalos de corrupción tanto en su gobierno como en el de Lula, a ella le llegó el turno de ser juzgada específicamente por maquillar las cuentas del estado, pero al mismo tiempo, los escándalos de corrupción en Petrobras, con miembros de su gobierno, o los casos de Odebrecht y Camargo, que han llevado a sus presidentes a la cárcel, también han salpicado el mandato del Partido de los Trabajadores, el cual, su máximo líder, Lula, el gran amigo del socialismo del siglo XXI, el protagonista de los foros de Sao Paulo, también es señalado por la justicia al encontrar casos dudosos de adquisición de apartamentos y lavado de dinero.

En su comparecencia Dilma Rousseff aseguró que la decisión del Senado era un golpe de estado. Un guión distribuido entre los presidentes del club del socialismo del siglo XXI. Echan mano de los mismos argumentos para demostrar su incapacidad.

Lo cierto es que los 14 años de hegemonía del PT llegaron a su fin. Se necesitaba que 54 senadores votaran por la destitución y lo hicieron 61. Entre los discursos de ataque y defensa, apareció el del senador del partido de Rousseff, Lindbergh Farias, quien llamó “canallas” a todos los que votaron por acabar con el mandato del PT en el Palacio de Planalto, “Esto es una farsa, una farsa. Nosotros nunca olvidaremos este día”, gritó como acostumbran los que amenazan.


Pero el senador del  DEM Ronaldo Caiado, le respondió: “Canallas son los que vaciaron Petrobras, los que se enriquecieron ilícitamente, los que llevaron al límite a este país”.


Se cierra en Brasil una época en la que durante un tiempo se convirtió en una potencia Latinoamericana y que por el desbordado gasto público, la corrupción y los desvíos de dinero, llevaron al país a una enorme crisis económica, con desempleo y problemas en los negocios. 

El Club de amigos, de los que siguen las directrices cubanas, de los que no viajan sin visitar la isla de Cuba para rendirle honores al hombre que decidió cambiar la historia de América Latina y que consiguió al final de sus años el apoyo de la izquierda bañada en dólares y especialista en políticas populistas, es un grupo que cada día se estrecha más, cada día se le cae más la careta delante del pueblo, que se ha dado cuenta que su hambre aumenta y que reparten solo las sobras.

Por lo pronto y por segunda vez -ya lo había hecho en mayo-, Nicolás Maduro retira al embajador de Venezuela en Brasil, Alberto Castellar, como protesta enérgica por la decisión “soberana” del Congreso brasileño, Rafael Correa, de Ecuador, también optó por retirar a su embajador, al igual que Evo Morales de Brasil. Cuba y Nicaragua se sumaron a la nota de protesta del club en la Organización de Estados Americanos.