Recuerdos casi que de ayer

Share on Facebook17Tweet about this on TwitterShare on Google+0Email this to someone


cita romántica


A aquellos que se acostumbran a guardar facturas, sacarlas del fondo de la gaveta puede proporcionarles hoy en día un shock emocional. Julio se perdió en sus pensamientos no tan lejanos, de un año atrás, cuando invitó a comer a una chica en una cita romántica, que hoy no puede volver a repetir.



Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
Aquel domingo Julio miraba con detenimiento a través de la ventana, como cuando miras sin ver. La música del barrio de Carapita no había dejado de sonar. Los decibeles eran casi insoportables, pero más aún porque no había parado desde la tarde del día anterior.

Era salsa brava, de esa que llega un momento en que no escuchas ni acordes, ni letras porque las cornetas no varían al emitir las notas de los instrumentos de percusión a todo volumen. Sus recuerdos iban y venían. Trataban de adaptarse a las circunstancias. El WhatsApp fue el único que logró romper aquel ensimismamiento. Era Gabriela que también estaba harta de la música del barrio. Ella tuvo más suerte, si de lo que se tratara fuera calibrar la diversidad, la fiesta que le tocó hasta las 9 de la mañana, comenzó la noche anterior con reggueton, siguió con merengue, salsa brava y ballenato, para amanecer con rancheras y cerrando el “festín musical”, con canciones cristianas.

Menos mal que el aparato móvil de pronto sonó, y puso en alerta a Julio. Estaba calentando un café con leche, había tenido la suerte de conseguir un litro de leche en una panadería y lo había olvidado. Inmediatamente se levantó del sillón y fue hasta la cocina a apagar la hornilla, temiendo lo peor, que la leche y la espuma que se forma al hervir, se hubiera desbordado y ¡el desastre!, se debía haber pegado todo…pero, ¡Oh sorpresa!…no sucedió nada. Es como si se hubiera detenido junto a sus pensamientos y siguiera hirviendo. Se fue oscureciendo, aguada, pero nada que ver con la leche de toda la vida. Su única pregunta en voz alta lo remitió a las creaciones culinarias en tiempos de escasez en Venezuela, ¿será esta leche de mamón?...si ya lograron hacer en Guatire arepas con la pepa del mamón, quizás lograron aguar la masa…lo cierto es que Julio estaba seguro que esa leche de vaca no era.


Con esa extraña combinación de café con leche y con la salsa de fondo musical se volvió a ir, regresó a ver al infinito sin reconocer nada, solo sus recuerdos.


Antes de poner a calentar el café con leche y de irse al planeta de la imaginación, había estado en su habitación haciendo una limpieza dominguera profunda y consiguió una factura de 1979, de mucho tiempo atrás, con números y precios irreconocibles, propios de la película de El Planeta de los Simios, sin alusiones personales a nadie. Solo que encontrarla era desenterrar los recuerdos de un pasado alegre que los vientos como de posguerra en Venezuela, han enterrado en el olvido. Más todavía con el empeño del gobierno en hablar de la cuarta República como el paraíso de los males de la civilización.

La otra factura no era tan lejana. Más bien en estos tiempos tan tecnológicos, casi que se podría decirse que era de ayer.

El año pasado, en el 2015, Julio regresaba de dar un diplomado de cinematografía en Panamá. Había sido un buen momento profesional y había una muchacha que le hacía “tilín” y no precisamente el que suena con un WhatsApp. Por eso decidió invitarla a comer. Era la que aparecía de pronto en esos recuerdos recurrentes que lo llevaban a mirar por la ventana, con la salsa de fondo, sin escuchar nada, solo balancearse en “mejores tiempos”.

Fue al “Barriot’s Restaurant”, en Las Mercedes, ese que anuncian full en la radio asegurando que tiene “un ambiente incomparable que se apodera de tus sentidos…”…Allí la llevó y definitivamente fue una gran velada de un 27 de julio de 2015. Pero todo pasa en las páginas de la vida. Aquella chica ya no está, hizo las maletas y se fue del país, dejó atrás una vida para comenzar otra. Tuvo una oportunidad.

 

De aquel momento quedó la factura del banquete que habían disfrutado a través de los sentidos. No había sido barato, pero había valido la pena invertir parte del esfuerzo del trabajo en aquella noche.


factura


Las cuentas hoy en día en Venezuela trastocan cualquier recuerdo. Los más viejos rememoran cuánto pagaban por salir a comer los domingos con la familia y los más jóvenes cuentan, bolívar sobre bolívar a ver de cuánto disponen y qué tanto pueden pagar en un país en el que no hay nada y lo que hay, está más allá de las nubes.

Por eso a Julio ahora no se le ocurre disponer de sus ahorros para pasar una velada con alguien que a lo mejor, sin decirlo, ya tiene las maletas preparadas para partir, “solo lo haría para ofrecerle matrimonio a alguna afortunada”

Después de servirse ese café con leche tan extraño, -porque no es cuestión de desperdiciar los granos que ya están a unos 4 mil bolívares el kilo, y de disipar esos recuerdos-, Julio le comenta por mensaje a Gabriela que:

whatsapp

Gabriela no quiso aguarle los recuerdos a Julio entre el café con leche extraña y una noche “tan bonita como esa”…pero por casualidad, la música del barrio también la obligó a revisar papeles. Pareciera que se trataba todo de un gesto automático, música de una fiesta lejana, sin estar convidados, con repertorio que no está incluido en el iPod personal y revisar facturas. Todo en uno.

Las de ella eran un poco menos alegres o por lo menos, no rememoraban momentos tan dulces, aunque finalmente todo acabó bien, gracias a Dios. Se trataba de facturas de una operación de válvula que le hicieron a su mamá tres años atrás. Es decir, en el 2013. En aquellos momentos el implante de la válvula costó 587 mil 750 bolívares, este año por una compañera de trabajo supo que el costo es de 2 millones 895 mil 750 bolívares y la intervención ronda los Bs. 4 millones 800 mil,  si no hay complicaciones y si se consigue la válvula, los materiales para la operación y los antibióticos. ¡Una pelusa!, pensó Gaby.

Son las consecuencias de una política de gobierno que no ha hecho nada, solo crear misiones, bolsas, más bolsas, colas y una guerra económica que hunde a un país en la tristeza y la desesperación.

barriot