La tragedia de Dallas descubre un absurdo resentimiento

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policia dallas


En tiempos en el que el racismo está más que superado, cuando un Presidente es de la raza negra, cuando oficiales, funcionarios, militares ocupan puestos destacados, los resentidos de lado y lado empuñan armas para exacerbar un odio sin sentido, que más bien se traduce en un complejo.


Hace casi 53 años Dallas se estremeció por el asesinato de John F Kennedy, uno de los presidentes más queridos de los Estados Unidos, hoy muy cerca de aquel lugar en el que un francotirador acabó con su vida, otros dos francotiradores disparan a mansalva y asesinan a cinco policías de esa ciudad tejana, otros 7 resultaron heridos. Es el resultado de tomar en sus manos unas armas que expresaban una rabia contenida.

Estados Unidos vive unos momentos difíciles como consecuencia del racismo. Una diferencia absurda que se extiende por el color de la piel y que se inserta en la poca capacidad de discernir de los dos bandos, de los extremistas, de los que utilizan cualquier excusa para sacar sus odios y sus complejos. Sucede en personas de todos los colores. Los blancos y los negros, los que intentan sobresalir con sus complejos repudiando al contrario.

Esa situación que se había acabado en la población americana que fue capaz de escoger a su primer Presidente de color, ha comenzado en los últimos tiempos a enraizarse de nuevo en un descontento sin sentido propiciado por algunos incapaces que de una u otra forma necesitan destacar.

Uno de los sospechosos de esta matanza, la peor de oficiales tras el atentado terrorista de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas,murió luego que un robot policía lo mató, fue identificado como Micah Xavier Johnson, de 25 años y según dijo en las negociaciones con la policía antes de morir, era veterano del ejército de Estados Unidos. Su objetivo, según dijo, era matar policías blancos, así lo dijo.


No tenía antecedente y al parecer no pertenecía a ningún grupo, aunque si tenía en su Facebook una foto del Poder Negro.


Todavía están en las investigaciones, hay otros sospechosos y la policía estudia cómo planificaron estos asesinatos, que se hicieron aprovechando una protesta en la ciudad por la muerte inexplicable y abusiva en manos de la policía, de dos hombres de la raza negra, uno en Lousianna y otro en Minnesota.

Según un recuento del diario The Guardian, en 2016, la policía estadounidense acabó con la vida de 566 personas, de las cuales 136 son de raza negra. El año pasado, el número ascendió a 1146 víctimas, 306 de las cuales eran ciudadanos negros.

Lamentablemente los asesinatos de los negros son los que llaman la atención, los que salen en los medios, los que graban con los teléfonos para demostrar, en algunos casos, la cruel actuación de algunos oficiales blancos. Sin embargo, en esa contabilidad de enfrentamientos no destacan los de otras razas, ya sean blancos o hispanos.

Los policías asesinados tenían sus historias particulares. Patrick Zamarripa de 32 años, había estado tres veces en Irak donde había logrado sobrevivir. “El vino a Estados Unidos a proteger a la gente y le arrebataron su vida”, dijo su padre Rick Zamarripa. El joven policía recientemente había sido asignado como oficial en bicicleta por la zona del centro de la ciudad y le encantaba su trabajo. Tenía cinco años en el departamento de Policía de Dallas.

Brent Thomson tenía 43 años y servía desde noviembre de 2009 en el cuerpo de policía de transporte público DART. Se había casado hace dos semanas con otra agente, era divorciado y tenía un nieto. También estuvo en Irak, en plena guerra (entre 2004 y 2008) y brevemente en Afganistán, trabajando para la empresa DynCorp International, dedicada al asesoramiento para apoyo a las fuerzas de seguridad estadounidenses sobre el terreno.

Hace tan sólo mes y medio, el pasado 23 de mayo, por casualidad compartía con sus amigos en Facebook un video humorístico que decía: “Cuando muera, más vale que uno de mis amigos haga esto en mi funeral”.



Así muchas otras historias, las de un lado y las del otro. Historias inentendibles en estos tiempos cuando ya se había superado hace años lo peor. Lo que no tiene sentido es que los americanos porten armas, que sean vendidas legalmente, sin investigar. Han sido ya en los últimos tiempos demasiado los infortunios causados por personas que sin ningún problema portan armas para acabar con la vida de muchos inocentes.