La situación está tan difícil que hay que cuidar los cauchos antes de ofrecer un piropo

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taxi


Los venezolanos siempre han sido piropeadores, de los que abrían las ventanas de los carros para cortejar a una mujer, pero el taxista que le tocó a Vero le confesó que hoy en día ya no puede piropear…antes tiene que mirar bien por dónde conduce, porque si voltea para otro lado, puede caer en un hueco y acabar sin cauchos


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
Ya ni los piropos son gratis en este país, hay que pronunciarlos con cuidado, escogiendo bien el momento y el motivo, porque si se hacen como se hacían, desde un carro con las ventanas abiertas, puede ser el caos para el conductor y la gracia le puede salir en un realero o en la posibilidad de perder su medio de vida, si tiene la mala suerte de caer en uno de los sopotocientos huecos de la ciudad.

María Verónica se subió en un taxi. Hay veces que no hay otra posibilidad para moverse por las calles, aunque los costos de la “carrera” afecten de alguna manera el presupuesto familiar. El hombre como que era “guachafitero” y conversador, de esos que las desgracias las convierten en bromas. No es para menos en estos momentos de país, salir a trabajar como taxista incluye riesgos de asalto, riesgos de choques, riesgos de desbaratarse el carro en los huecos y riesgos de no lograr ni un churupito porque es difícil llevar un montón de billetes en la cartera, así que, ¿quién toma un taxi?.

Los taxistas tienen que proteger más que nunca sus carros, igual que los conductores. Los seguros casi son impagables y los repuestos brillan por su ausencia porque no se consiguen y cuando alguien tiene la suerte de encontrarlos, los costos son de unas dimensiones tales que no hay manera de ajustarlos al presupuesto familiar.

El chofer del taxi tenía su carro en más o menos buenas condiciones. Con pequeños choques en los lados, pero nada de importancia. María Verónica, se sentó en la parte de atrás y de pronto el hombre le dijo, “mire señora, voltee a su izquierda. Yo bajo la velocidad y le quitamos las dos Harina Pan a esa señora… ?  A ella no le quedó otra cosa que reír un poco asombrada y el señor comenzó a reírse a carcajadas, aclarándole antes que no se preocupara, que era una broma, pero que en verdad no dejaba de provocarle llevarla a cabo ante la terrible situación que vivía.

De ahí en adelante le echó su cuento particular, muy parecido al de miles de venezolanos. El dinero no le alcanzaba, hacía tiempo que no veía un paquete de Harina Pan en su casa y que generalmente hacia dos comidas al día, que lo peor era cuando abría la nevera y veía la cara de sus hijos ante la pelazón en la que se encontraba. Le comentó que era un momento terrible, en el que lo invadía una enorme tristeza. Pero que sus hijos adolescentes ya entendían que no podían comer como hace poco tiempo atrás y que tenían que adaptarse a las circunstancias, similares a las que les contaba el nono, el papá de su mamá que había vivido de niño la Segunda Guerra Mundial.

– “Todo cambió con esta Robolución señora, lo que vivimos en otros tiempos son recuerdos ,ahora hay que administrar con criterio de escasez”.

María Verónica ya se sentía un poco más tranquila, la verdad es que el panorama que le pintaba el señor del taxi, le parecía muy conocido. Hasta hace poco su hijo se paraba delante de la nevera a observar detenidamente qué cosa era la que saciaría su ansiedad, aburrimiento o apetito adolescente, ahora sabe que la cosa está dura y que tiene que ser un “poquito más austero”...”¿Será así en la casa de los enchufados del gobierno o de los militares que gozan del poder?”, pensó Vero sin comentárselo al taxista.

El siguió con su historia jocosa y le contó que ya no podía ni siquiera “mirar el panorama”, es decir, desviar la vista hacia una muchacha bonita, con andares cadenciosos, que sabe que camina para que la miren…“porque corremos el riesgo de caer en un hueco y hacerlo implica gastar como cien mil bolívares en los trípodes o en un solo caucho”  De hecho, recordó que hace como dos meses le llegaron a pedir por los cuatro cauchos usados 140 mil bolívares y ya le había parecido un robo.

El taxista que debió ser un poco sinvergüenzón continuó diciéndole:

– Sabe, la peor inversión en este momento es la que hacen las mujeres para ponerse todo artificial… usted sabe, que para verse “buenotas” invierten en unas cuantas cirugías… Yo veo una y huyo…porque lo primero que pienso es “eso me va a costar tanto como cuatro cauchos y que va…prefiero quedarme con mi cuaiminator de toda la vida…

Maduro acabó con eso también, pensó Vero, y se dijo, “sabiduría popular pues…jajajajajaja”

En ese instante recordó lo que le había dicho Julio hace unos días, “mira, cuando una chica me dice “mi lindo ¿y cuándo nos volvemos a ver?, mi corazón palpita y mi otro yo responde por dentro, querida, cuando vuelva  a tener 40 o 50 mil bolívares para gastarlos, así que va a ser muy duro para mi, pero pasará un largo rato niña antes que nos podamos volver a ver!!!  Pero ni modo, Vero, me toca soltar algo menos letal como: ” Estoy contra entrega de un programa de una hora y  entre el trabajo y la edición no he podido. Ya buscaré un espacio linda ?.”

Ya llegaban a la dirección de la casa de Vero, cuando el taxista le dijo riendo, “mire señora, solo Merentes puede seguir en eso” ?