La Libertad, La Igualdad y La Fraternidad fueron enlutadas por el Odio

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Sin título


Nuevamente el mundo llora por la intolerancia, por el terror, por la violencia. Esta vez le tocó a Niza. Inocentes que disfrutaban de la libertad fueron atacados por el resentimiento, la locura y el odio. Venga de donde venga las agresiones nunca podrán acabar con la esperanza y el futuro.


Miedo, eso es lo que quieren siempre propulsar los que utilizan la violencia. Sea como sea, venga de donde venga, actúe como actúe. Esa disposición de utilizar armas y violencia contra inocentes, contra las personas que están en lugares públicos, en concentraciones, desarmados, es la actitud de la intolerancia, de la cobardía, simplemente de la locura.

¿Qué sucede con la gente? ¿Por qué atacan a sus semejantes, por qué quieren acabar con la vida de sus vecinos, de los que en cualquier momento los pueden haber atendido, les pueden haber hecho un favor?

Es un comportamiento propio de la barbarie, del odio. Un odio que exacerban líderes llenos de resentimiento y que ponen a mentes desquiciadas a matar, a utilizar su incapacidad para envalentonarse con un arma y llevarse por delante el futuro de quienes nada tienen que ver con sus locuras.

El terrorismo, la actuación de seres que canalizan sus desgracias e inconformismo reprimidos en contra de otros; la violencia, la represión de los gobiernos dictatoriales, el ataque contra inocentes. Todo tiene las mismas raíces, la intolerancia y la falta de valores.


Cada día nos levantamos con noticias que vapulean la esperanza. Pero la solidaridad, la humanidad, es lo que el mundo enlaza como bandera, son más los amantes de la libertad.


Ayer le volvió a tocar a Francia. Esta vez fue en Niza, en esa ciudad con tanto caché, con tanto glamour, de las revistas del corazón, del turismo de élite. Una celebración que recordaba la libertad, la igualdad y la fraternidad, fue ensangrentada por las manos de la locura. Justo después de que los fuegos artificiales hicieran brillar el cielo, la calle se enlutó y quedaron los cuerpos regados como en un campo horrible de batalla, un campo de asfalto, con un arma salida de las revistas de Al Quaeda, que recomendaba utilizar ” los vehículos como cortadoras de césped para acribillar a los enemigos de Ala”.

Esa fue el arma letal, un camión de 15 metros de largo y 19 toneladas que se dirigió sin piedad contra los niños que disfrutaban en un Tiovivo, diez pequeños perdieron la vida, contra los padres que los miraban sonreídos, contra los que regresaban a sus casas después de celebrar que lo más importante en la vida es la libertad.