En Venezuela los estudiantes de medicina practican Medicina de Guerra

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médicos de guerra



Los médicos venezolanos trabajan en unas condiciones tales, que se sienten tal cual los galenos que salen en las películas de guerra. Sin embargo, hay tantos que se sienten tan motivados con su profesión que atienden a sus pacientes con dedicación pero pidiéndoles que sean ellos los que llevan los insumos o la “colaboración” a la consulta.


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
Los médicos hacen lo que pueden. Su vocación los empuja a atender como sea a sus pacientes, pero hay ocasiones en que la tarea es imposible y recurrente. Es una situación que se presenta una y otra vez en todos los centros médicos de Venezuela.

Los centros de asistencia del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales, en muchos casos se llevan el premio de bien dotados. Algunos, se destacan por sus instalaciones. Limpios, bien hechos e inclusive con ciertos equipos de última generación. Un buen laboratorio para hacer análisis de sangre, excelentes médicos y enfermeras y unas instalaciones que en nada tienen que envidiar a cualquier centro de cuidados de otras partes del mundo. Sin embargo, tiene el mismo mal que el resto de hospitales y centros médicos del país. No hay insumos, de ningún tipo. 

Si una persona no se siente en condiciones tiene que tratar de buscar las medicinas fuera del recinto y si la consigue, será bien atendido.

Los médicos venezolanos son reconocidos en casi todo el mundo porque desde que son estudiantes aprenden a tratar con pacientes. Llevan esa ventaja sobre otros que sus primeros tiempos universitarios son simplemente para estudiar y aprenderse libros y más libros, pero que no ponen nada en práctica hasta que se han graduado. Los venezolanos, los que estudian en las universidades de siempre, empiezan su contacto con la gente casi desde el principio. Ahora, en estos tiempos, ellos aseguran que lo que ejercen es “medicina de guerra”.

Es así, tienen que aprender a curar con lo que haya, como si estuvieran en el frente de batalla sin la posibilidad de conseguir los materiales necesarios para curar simples heridas. Pero, lo hacen. Logran curar con sus conocimientos, con su práctica y con las clases en directo de los médicos que saben que dar clases a futuras generaciones en esas condiciones  hará que sus estudiantes sean extraordinarios en el futuro.

No sucede así con los MIC, los que se gradúan gracias al programa inventado por Hugo Chávez de Medicina Integral Comunitaria. Son jóvenes que se gradúan en las universidades experimentales del gobierno en un tiempo récord, con pocos conocimientos para poder atender en profundidad a un paciente con problemas de cualquier índole. Son una copia de muchos de los médicos cubanos que han aterrizado en Venezuela y que tienen poca idea de cómo atender casos que se salgan fuera de lo común.

En estos momentos en que encontrar medicamentos, utilizar equipos médicos que no tienen mantenimiento y disponer de cosas tan básicas como guantes o algodones, es tan complicado en el país, nadie quiere tener que caer en las manos de un MIC. Y así se lo hace saber la población a estos jóvenes que han optado por entrar de la manera más fácil a buscar una profesión que piensan que se trata de coser y cantar.

En el hospital Domingo Luciani, la situación es tan precaria que a las personas que van a consulta les piden en el recetario que colaboren con algunos materiales. Muchos tan insólitos como dos preservativos o 20 hojas blancas de las de las resmas, con la finalidad de tenerlas y poder escribir ahí las recetas médicas o las instrucciones para un proceso de revisión u operatorio.

Hay ocasiones, cuando el enfermo insiste en no llevar la “colaboración” que los médicos tienen que decirles que no los pueden atender. Es la forma de “cobrar” la consulta y disponer de lo necesario para atender a las cientos de personas que a diario pasan por los consultorios.

Ya cuando llega el momento de la operación la situación cambia de color. Hay que llevar al quirófano más cosas, guantes, sábanas, inyectadoras, medicinas y todo lo que sea posible. Solo así pueden acceder a la medicina de un país que se supone que mira por el bienestar de su población, porque el gobierno les promete igualdad y les promete el cielo socialista para luchar contra la derecha y contra aquellos que un día mantuvieron el país sin tantos problemas.