Si Podemos está “hasta las narices”, imagínese señor Iglesias, cómo están los venezolanos

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hasta las narices


En un foro por internet Pablo Iglesias llegó a confesar con una frase muy española, que “está hasta las narices” que le toquen el tema de Venezuela, pero es que cuando se mete hasta la nariz en la vida y política del otro país a través de asesorías y loas al fundador del desastre, no puede pretender recoger manzanas habiendo plantado peras.


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
Caramba, el señor Pablo Iglesias está “un poco hasta las narices” del tema de Venezuela, qué diremos los venezolanos de hasta dónde podremos estar del tema de Podemos y Pablo Iglesias que desde hace ya varios años han estado asesorando al gobierno de Hugo Chávez y después al de Nicolás Maduro, dejando hasta algunos de sus partidarios con sueldo permanente y defendiendo la revolución que ha sumido en la pobreza y la desesperación a la mayoría de los venezolanos.

Al parecer en una transmisión en vivo por Facebook, un internauta le preguntó a Iglesias “¿No estás hasta las narices del tema Venezuela”, a lo que el líder de Podemos contestó: “Pues sí, estoy un poco hasta las narices como dices tú, pero nuestra obligación es responder a todo lo que se nos pregunte”.

Pues imagínese nosotros que tenemos presos políticos y ustedes no los reconocen, más bien piensan como su aliado más fiel, Alberto Garzón, que el que se insurreccione contra el gobierno de Maduro, debe ser encarcelado, en una línea de pensamiento tan fiel al socialismo del siglo XXI, que comparten a pie juntillas todos los argumentos del gobierno. 

Supondrá Iglesias lo hartos que estamos de su posición a lo largo de los años, la actitud que llevó a Podemos e Izquierda Unida en el año 2015, cuando los principales grupos del Parlamento Europeo exigieron la liberación inmediata de los opositores venezolanos encarcelados por el Gobierno de Maduro, a pronunciarse en contra. Es decir, para ellos los opositores presos deben estar presos y todavía hablaban de un diálogo. Lo que no explicaron entonces, es que el diálogo del gobierno siempre ha sido basado en que los que se sienten en su mesa deben en principio aprobar todo lo que quiera el gobierno. Claro, eso para ellos debe ser lo válido.

También estamos muy cansados de que los simpatizantes de Podemos, junto con miembros de la ETA, vean a Venezuela como un paraíso en el que realizar sus reuniones, tal como lo hicieron en enero de este año, cuando se montaron en una avión de la Fuerza Aérea venezolana para participar en un congreso en el que firmaron un documento sobre los derechos a la autodeterminación y para el denominado proceso de paz en el País Vasco.

Muy obstinados estamos que cuando se le pregunta por Venezuela y la situación de hambre, enfermedades, desigualdad, corrupción que hunde al país, Iglesias se refiera que también hay problemas en Arabia Saudita o en Africa y meta a Venezuela en el mismo saco; un país con una enorme emigración española. Fastidia igual que no le preste mayor atención a una nación que le abrió sus puertas a los perseguidos políticos y a los que buscaron un futuro diferente para sus familias.

Nos lleva al cansancio escuchar cómo el asesor de Maduro, desde la Celag, alaba los procesos e ideología de Podemos, al mismo tiempo que resalta las políticas económicas del gobierno venezolano, las mismas que nos han llevado al cataclismo. Nos cansa tener que aceptar que en las sesiones del Parlamento español Podemos no defiende a los presos políticos, o que fue el único partido que no ha querido conversar con las esposas de los presos venezolanos, o que no ha condenado que exista una tumba donde están enterrados en vida unos jóvenes o que cada vez que hay una presentación en España condenando la situación que se vive en Venezuela, vayan a sabotearla jóvenes de izquierda que irrumpen con el mismo discurso de los seguidores de Hugo Chávez.

Todo eso también tiene a los venezolanos hasta las narices, porque además, señor Iglesias, en este mundo tan globalizado, el tema de Venezuela preocupa enormemente, pero a los españoles, debería preocuparles un poco más, porque este país le abrió las puertas a miles de españoles que sufrían hambre y persecución en las primeras décadas del siglo XX, lo mismo que están sufriendo hoy los venezolanos, a principios del siglo XXI.