El Hambre de Posguerra que obliga a comer hasta las conchas



HAMBRE


Ese gran país que quiso Chávez inventar, la gran nación de Cuba y Venezuela, ha llevado a los venezolanos a pasar la misma hambre que en la posguerra española, esa que Rodríguez Zapatero quiso rescatar con su memoria histórica y que probablemente podrá revivir si pasea por las calles venezolanas. Hoy la desesperanza y el dolor llenan las urnas de un país que lo único que espera es un milagro.


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
Cuando no hay comida  el hambre acecha en la vida, hablar de cómo y dónde se consigue es el tema de cualquier conversación. Es también cuando surgen las personas más altruistas y solidarias y cuando los más bajos instintos afloran en algunos individuos. El sufrimiento por no poder comer, por no poder darle a los hijos ni siquiera un pan para llevarse a la boca, convierte en un círculo vicioso la supervivencia.

En la guerra y la posguerra española, hubo mucha hambre. No existían los bachaqueros, existía lo que llamaban el estraperlo, donde a precios altísimos se podía conseguir ciertos productos. Nunca en bultos, como ahora en Venezuela, se podía comprar un litro de aceite, por ejemplo y cuando a alguien lo encontraban contrabandeando un producto podía correr dos clases de persecución, la de la policía que lo encarcelaba o la del que lo necesitara y decidía robarlo y arremeter contra el comprador, o el vendedor, en ocasiones hasta arrebatarle el producto y  la vida.

Corrían los años cuarenta y los españoles hablaban de hambre. Con una cartilla de racionamiento, podían tener sus propios CLAP para subsistir.


Es la época que el ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero, trató de recordar en su gobierno con la memoria histórica.


Inventaron cómo comer los españoles en aquellos momentos, con un país pobre, bloqueado, devastado por una guerra civil que duró tres años. Surgieron diferentes formas de poder aplacar el dolor que arremete el hambre en el estómago. Los que vivían en los pueblos hacían su propia huerta, plantaban verduras y se las ingeniaban con lo que tenían. Los de las ciudades lo llevaban un poco peor, aquello de los gallineros verticales y la soberanía alimentaria inventada por el régimen venezolano, es demasiado complicado implementarlo en una ciudad, en aquel entonces y ahora.

En España, cuando conseguían pan y se les ponía duro, hacían migas, tan famosas hoy en algunas regiones y si tenían papas, horneaban las conchas y con eso se alimentaban. Con el ajo y las cebollas hacían sopas y se las ingeniaron para hacer una mayonesa sin huevo, con la parte blanca de las naranjas, sustituían las papas.

Fue entonces, cuando se adoptó la costumbre de reciclar el aceite. Se ponía algodón y en un pote se echaba el aceite que había sobrado, para volver a usarlo sin las burusas del refrito anterior y así se hacía hasta que el aceite disminuyera su cantidad a niveles en los que era imposible cocinar. Esa costumbre quedó después de la posguerra hasta que las investigaciones demostraron que era una de los caminos más rápidos para tapar las arterias de colesterol.

Aquellos fueron tiempos que marcaron la vida de los españoles. Los campos no eran expropiados pero se les obligaba a vender más barata la producción, tal como le gusta hacer a este gobierno mal llamado bolivariano, con lo que muchos dejaban de trabajar la tierra.

En Venezuela la creatividad ha volado a los tiempos de una dictadura como la que apareció en la época franquista, recién terminada la guerra, como la que viven en Cuba por más de cincuenta años, la de la Unión Soviética, tras la instalación de los Soviets o la de Europa después de sus dos guerras mundiales.

La diferencia es que en Venezuela, no ha habido una guerra, ha habido un saqueo de las arcas de uno de los países más ricos de Latinoamérica, en nombre de un socialismo, del enfrentamiento al neoliberalismo y de los proyectos personales de un hombre, Hugo Chávez que logró expandirse por algunos países, que todavía hoy defienden su figura.

La Comida del Venezolano en estos tiempos de guerra

Los venezolanos han sustituído la cena por mangos, que gracias a la divina naturaleza crecen desde hace muchos años en las calles de ciudades y campos. Los plátanos, que también por la gracia de la vida aún se producen con facilidad, se han convertido en el plato principal y su concha, esa dura que se desperdiciaba por inútil, ha logrado aplacar el hambre de muchos que la hierven hasta que está blandita, después la esmechan y sustituyen la carne mechada, que se hace con la carne de la vaca y que tiene un precio inalcanzable para la mayoría que devenga un sueldo mínimo. Las hamburguesas ahora las hacen de soya, perfecta para un vegetariano. Con las verduras cocinan sopas y todo lo que encuentran se lo echan a la olla. Hasta el aceite de las sardinas se recicla para llevar algo a la mesa.

Se aplican los refranes que surgieron en la posguerra española, “lo que no mata engorda” y “lo que se menea a la cazuela”, por eso dicen que ya ni perros ni gatos deambulan por las calles.

El dinero no alcanza. Los precios suben todos los días. Ya no se sabe con cuánto se puede ir al mercado.

El Centro de Documentación y Análisis para los Trabajadores (Cendas), reportó que en abril la canasta alimentaria para una familia de cinco miembros tuvo un costo de 184.906,35 bolívares o varios salarios mínimos. Con eso es imposible vivir.

Pan más nunca se ha conseguido y el aceite tiene que reciclarse hasta tapar las arterias de un pueblo que no tiene agua, ni luz, ni comida, ni medicinas y en el que la desesperanza cabalga en un ataúd esperando que un día surja el milagro que devuelva la tranquilidad.

Esa es la sola nación que quiso Hugo Chávez que se convirtieran Venezuela y Cuba, ese es el mar de la felicidad que creó este comandante eterno, esa es la situación a la que llevó el país el admirado líder de los españoles de Podemos que lloraron su muerte y recibieron su dinero. Esto es solo una parte de este cuento macabro de la revolución.