El gobierno y sus magistrados temen que la ayuda humanitaria afecte al entendimiento

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Una nueva sentencia del TSJ  y las declaraciones del embajador de Venezuela en la OEA, indican por qué el gobierno no quiere la ayuda humanitaria en materia de salud, eso significaría una intervención de la derecha apátrida y antirrevolucionaria que podría aprovechar la oportunidad de meter gato por liebre.


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
El Tribunal Supremo ha estado muy movido. Jamás imaginaron los magistrados express que tendrían que estar tanto tiempo sentados en sus escritorios, produciendo sentencias como arroz, y es un símil que no debería funcionar tan bien en este país en el que ese grano brilla por su ausencia. Pues, si, ellos reciben demandas del gobierno y su equipo denunciante, y unos y otros, tienen que recurrir a los que escriben las sentencias hechas a la medida del gobierno con premura y dedicación psuvista.

Ahora decidieron que la Asamblea Nacional usurpa el papel del Ejecutivo en materia de relaciones internacionales y por eso declara inconstitucional la Ley de emergencia de Salud. Especialmente este escrito sale del horno revolucionario debido a la crisis humanitaria que tanto ha clamado la Asamblea Nacional. Sus argumentos se basan en que la Asamblea tiene competencias para formular, dirigir y ejecutar las relaciones internacionales de la República, sirviendo de intermediario receptor de la cooperación internacional, siempre y cuando haya sido solicitada por el Ejecutivo Nacional y como este no lo ha pedido, pues el poder Legislativo, según el Judicial, incurre en usurpación.

Lo que está claro es que el Ejecutivo por más que vea a la gente muriendo en las calles de mengua y de falta de medicinas, por más que vea a las madres llorando y a los ancianos muriendo poco a poco, jamás va a reconocerlo, pareciera que usan antifaces eternos o algo que les nubla la mente y el entendimiento. Cualquier cosa que sea en beneficio de la ciudadanía y que no haya pasado primero por la lupa del imperio cubano, tiene tintes de imperio derechista y apátrida.

Todo esto lo ratificó el embajador Bernardo Alvarez en la Asamblea de la Organización de Estados Americanos, cuando señaló que ellos, es decir los del gobierno, no la mayoría de los venezolanos, no aceptan ayudas humanitarias porque eso significaría una intervención directa de otros estados. Así que si no hay medicinas, pues nada, sobrevivan, pues podría ser un interés específico de la derecha internacional por curar las enfermedades de los más necesitados con el fin de que la gente sobreviva y tenga esperanzas y eso es terrible para la soberanía y el desarrollo auténtico de la revolución.

Lo más increíble del fallo del TSJ, es cuando indica que con la ayuda humanitaria los países tendrían la potestad de decidir en qué va a consistir dicha cooperación y con qué calidad y condicionalidad sería entregada la misma.

Lógico si alguien decide ayudar lo hará dentro de sus posibilidades, pero para los magistrados express eso “expondría a grave riesgo a la población, al obligar a la recepción de productos medicinales que podrían estar en etapa de investigación, así como de fármacos susceptibles de afectar la salud y de prohibida administración en seres humanos o productos que, pudiendo fabricarse en el país, su libre ingreso afectaría a la industria farmacéutica nacional, sin que el Poder Ejecutivo previamente haya evaluado si éstos son necesarios para enfrentar la situación que se quiere solventar”. Muy preocupados están ellos por la industria nacional, a no ser claro está, que hablen de la cubana.

Es decir, una de dos cosas se desprenden de tan brillante decisión, o internacionalmente pudieran estar interesados en acabar con la vida de los venezolanos proporcionándoles medicamentos que los lleven a la muerte o con pastillas que hagan cambiar el entendimiento y reviertan el gran amor del pueblo hacia sus mandatarios por un odio visceral ¡y eso sería gravísimo! (sin pastillas ya esto sucede) o el Ejecutivo se declara abiertamente tan incompetente que no es capaz de supervisar el medicamento ni de conocer cómo un remedio, producido por un determinado laboratorio, realmente proviene de su producción.