Chavez prometió cambiarse el nombre si había niños en la calle. Ahora es el Comandante Eterno



niños con hambre


Hay muchos niños en la calle, hay muchos niños con hambre, hay muchos niños enfermos. Hugo Chávez quizás solo vio el principio, no llegó a ver una revolución que dejó a esos niños sin nada, hasta sin clases porque poco a poco los están llevando a la ignorancia.


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
El día que Hugo Chávez ganó las elecciones a la presidencia de la República, en el año 1998, salió a dar un discurso en el Ateneo de Caracas. Una multitud lo acompañó aquella noche en la que se dirigió al país e hizo una promesa, en Venezuela ya no habrían más niños de la calle, sus palabras fueron más o menos así  “Declaro que no permitiré que en Venezuela haya un solo niño de la calle: si no, dejo de llamarme Hugo Chávez Frías”.

Lo dijo mal, el dejó de llamarse Hugo Chávez, para pasar a ser el comandante eterno, el líder, lo que sea, para más nunca  llevar su nombre como una persona normal, se convirtió en el conductor de una revolución que terminó en hambre.

Los niños de la calle no desaparecieron, tal vez ya no se les vio por un tiempo en la calle. Creó Chávez la Misión Negra Hipólita en el 2006, con la intención de brindar protección social e integral a los ciudadanos en situación de calle. Pero los niños todavía aparecían con sus madres unas veces y otras solos, en los semáforos de las ciudades. Aquellas decisiones no las ató a una buena economía y fue llevando a su país al desastre, hasta entregarlo en otras manos que lo terminaron de desbaratar dando lugar a cientos de niños con hambre, sin medicina, sin escuelas, sin estudios.

Habría que haberle dicho que no hablara tanto y que mejor hiciera. Que quien mucho presume mucho carece.

Es demasiado triste escuchar y ver lo que ocurre en Venezuela, es terrible ver cómo las madres salen temprano con sus hijos, amarrados a sus cinturas en busca de comida para hacer largas colas debajo del sol, esperando, siempre esperando si alguna migaja llega desde algún lado para poder comer, porque mientras tanto aquel vaso de leche que se repartía puntualmente en la cuarta, tan criticada, ya en esta quinta ni se conoce. Porque los niños lo que llevan en sus meriendas es medio plátano.

Porque hay otros que deambulan por las calles a ver que consiguen, porque la delincuencia infantil y juvenil ha proliferado, porque los niños no van a las escuelas los viernes, porque la crisis los lleva a rastras por el camino de la revolución.

Aquellos niños ya ni siquiera encuentran medicinas, mueren antes de nacer, tienen que salir sus madres desesperadas a buscar los remedios para sus males, de casa en casa, de hospital en hospital, de farmacia en farmacia, y llorar, y esperar que la misericordia se apiade de ellas.

Y los médicos de los hospitales se desesperan, y denuncian y hacen huelgas, para que no sucedan cosas como la del hospital de niños J,M. de los Ríos, donde llegan niños hasta del interior del país porque saben que si se quedan en sus ciudades en sus pueblos, la mengua y el olvido se los lleva antes.

Hasta el 6 de junio, según un reportaje de Efecto Cocuyo, en este hospital habían 30 niños que carecen de algún insumo o medicina para realizar su tratamiento. La solidaridad del vecino es la que ha logrado que algunos pequeños consigan alguna esperanza, la solidaridad de los venezolanos en el exterior, de los habitantes de otros países que entienden lo difícil de la vida en un país que decidió cerrar los ojos al futuro, para defender a unos cuantos que lo único que aspiran es a mantenerse en el poder a costa de lo que sea, así sea a costa de la vida de los niños al que una promesa demagógica los sucumbió en el más triste de los olvidos.