Se adelanta el cambio: Maduro da su brazo a torcer

huso horario


Mientras el reloj se adelanta media hora, Venezuela cuenta los minutos para salir cuanto antes de una época que ha llevado al país al hueco más oscuro y profundo de toda su historia. El trabajo en el futuro no es fácil, hay que cambiar también los segundos del reloj interno de los que se acostumbraron a que todo se lo tienen que dar.


Por: Max Römer Pieretti @_max_romer www.maxromer.es
El chavismo da su brazo a torcer. Adelanta los relojes media hora. Vuelve al huso horario que mantuvo desde 1965 hasta 2007 y que por empeño del comandante se retrasó media hora. Venezuela vuelve al GMT -4:00.

¿Se gana algo? No necesariamente. Lo que buscan es que la población venezolana tenga algo de qué ocuparse, de qué hablar al menos durante el día del trabajador. Se pasan recomendaciones por WhatsApp: quita la pila del móvil así no te cambian ellos la hora, sino que la cambias tú. Mientras que las propios operadoras telefónicas tendrán que adecuar sus sistemas, en fin, luces de bengala entre un atronador grand finale de fuegos de artificio.

Se apura el tic-tac del fin del régimen. Se han recogido las firmas para el revocatorio con precisión y prestancia democrática, tal y como lo dice la constitución que los chavistas se inventaron a la medida en 1999. Un referéndum que les pareció en su día una novedad y ahora le tienen terror, como en su día le tuvo Chávez.


La euforia de unos se convierte en la ira de otros. Ahí vimos los golpes que le dieron a Chúo Torrealba y cómo este se los devolvió a los chavistas, que creen que amedrentando se resuelven las causas que no se pueden tapar con un dedo.


Vuelven los líderes políticos a tomar la batuta. Capriles se muestra fuerte, valiente con su bolígrafo en la mano. López le felicita desde la cárcel. Torrealba demuestra entereza y hombría. Ramos Allup y toda la bancada opositora siguen dando la batalla desde el legislativo aunque el judicial les devuelva las leyes con un aderezo de insultos desde el ejecutivo.

Eso sí, sin remedio inmediato el hambre, las ganas de ducharse, de mirar a televisión sin un apagón o una cadena, de tener la nevera llena. La criminalidad pone en primer lugar a Caracas como la ciudad más violenta del mundo dejando de ser aquella odalisca a los pies de su sultán enamorado, la capital del cielo, para ser señalada por lo que se ha convertido: una ciudad de sálvese quien pueda.

El tino político de la oposición será crear un discurso de unidad, de entendimiento de la función de Estado, de diálogo con las partes, de aplicación de la justicia ante tanta corrupción, de desarmar a la población, de multiplicar a los efectivos policiales con salarios dignos, de volcarse a las inversiones urgentes por aquel empeño de Chávez de expropiar hasta las plantas eléctricas que eran de inversores privados (como los Zuloaga), de generar la confianza necesaria para que los capitales vuelvan a generar empleo.

No se trata de cobrar con venganza lo que con revanchismo social y político ha hecho el chavismo en 17 años. Se trata de mostrar al pueblo, a todo junto, que para poder tener comida, hay que trabajar por procurarla produciendo y no mendigando atención a los poderosos como ha hecho el chavismo en estos últimos años.

Hay que crear sentido de dignidad, de miras al futuro, de orgullo. Chávez y Maduro llevaron a los venezolanos a la base de la pirámide de Maslow. Dejaron a todos en una condición de supervivencia, de intentar satisfacer las necesidades básicas, sin ánimo de mirar más allá de tratar de llenar una bolsa de supermercado, o tratar de ducharse o lavar la ropa.

Se adelanta el cambio como se adelantan los relojes. Un cambio que será lento, paulatino, complejo, lleno de ilusión y con pocas promesas. Un momento aciago de juntar mendrugos de pan y de hacer aquello que hicieron en otras latitudes después de las guerras: una piedra, un día, un hombre, una mujer. Colocar una piedra cada día en cada terreno que corresponde para volver a construir lo necesario. Eso pasa por las instituciones y sus funcionarios, por las empresas y sus trabajadores, por los servicios públicos, por las escuelas, por las calles… por usted.