La política española si preocupa a los venezolanos

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emigración española


Los de Podemos han criticado que Albert Rivera haya ido a Venezuela utilizando su viaje como campaña electoral. No se han preocupado por leer que fue a petición de Lilian Tintori, la esposa del preso político Leopoldo López, la que le pidió que viajara para que denunciara lo que ocurre. Como se lo pidió a los de Podemos e Izquierda Unida, que lejos de acompañarla, aplaudieron que el líder de Voluntad Popular permanezca encarcelado


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
A muchos españoles les molesta que el tema de Venezuela se haya introducido como debate en la campaña electoral de su país. Los que sienten simpatía por Podemos o por Izquierda Unida son los más renuentes. Para ellos hay que hablar del desempleo, de la corrupción y del cambio, de los temas que llevan sus abanderados a las mesas de discusión para captar a los votantes. No de lo que ocurre en otros países a los que estos partidos apoyan.

Los votantes reconocen que en Venezuela hay problemas, son evidentes, al menos muchos los conocen de primera mano por las historias que les cuentan sus familiares, pero es mejor no oírlos. Son casos que están allende los mares, muy lejos para “nuestra economía doméstica”.

En primer lugar vivimos en un mundo globalizado, lo que ocurre en Africa o en Siria, también acaba de salpicar a Europa, donde los refugiados se han convertido en una parte de su población. No solo son recibidos en los territorios del viejo mundo, sino que se les da hogar, comida, clases, se les ayuda a encontrar trabajo y además les dan una subvención durante un tiempo. La política de guerra y hambre de esos países entra dentro de España, se convierte en un tema sobre derechos humanos.

Cuando la guerra civil española, la política entró a Venezuela y a otros países. Los exiliados alcanzaban las costas americanas y desde estas tierras luchaban contra la dictadura de Franco, promovían debates, buscaban apoyos gubernamentales y lograron durante mucho tiempo el rechazo internacional. No era un mundo tan globalizado, no había redes sociales y las noticias no se conocían al instante, pero así funcionaba. Es fácil darse cuenta de esa situación con solo echarle un vistazo a los archivos históricos.

La emigración por hambre hacia países de América, también se involucró en la  política de los países que los recibieron. Hacían comparaciones con el hambre que pasaban en España producto de una dictadura y lo exponían en las campañas electorales de las naciones en las que vivían. Por supuesto, sin la presencia tan mediática de hoy en día.

Actualmente en España hay miles de venezolanos que han huido de la dictadura venezolana. Muchos no tienen raíces con la península, pero la mayoría son los hijos de esos padres que huyeron del hambre y de la represión para buscar un nuevo destino y echar raíces en otro continente. La patria, nunca se borra ni de la mente ni del corazón del que emigra. Y el amor a su tierra, a sus raíces, a sus costumbres, a los genes de muchas generaciones, lo transmiten a sus hijos y a sus nietos. Esa es la razón, lo que sucede en España les duele a los habitantes de las dos orillas.

Por eso, es que no se puede pedir que la política española no sea salpicada por lo que ocurre en Venezuela. Porque los venezolanos, los españoles y los hijos de españoles que viven en estas tierras, están sufriendo lo mismo que se vivió en la postguerra española y claman, piden, le gritan a los españoles de la península y a sus políticos que condenen lo que aquí sucede y resulta que los de Podemos e Izquierda Unida no lo hacen, más bien lo aplauden, más bien lo defienden. Y eso, a la sangre de estos lados le duele. Así que la política venezolana, con la anuencia de todos los políticos, de izquierda y de derecha, a favor y en contra, si entra en la política española.

Duele ver cómo muchos españoles y sus hijos que vinieron a trabajar y a labrarse un futuro, que con su trabajo y progreso en Venezuela ayudaron a sus familiares de España para que salieran adelante, hoy tienen hambre, no tienen medicinas y muchos están en la indigencia. Duele ver cómo no les alcanza lo que tienen. Duele que vayan a morir como nacieron, en medio del hambre y de la guerra. Duele ver cómo los de Podemos asesoran desde hace años al gobierno venezolano en la más pura y genuina injerencia directa de un partido político extranjero sobre los destinos del país .

Injerencia no es pedir ayuda y denunciarla, injerencia es asesorar y además recibir dinero por ello, cuando el dinero hace falta para poner en condiciones los hospitales. Injerencia es asegurar que en Venezuela hay una democracia o más bien eso no es injerencia, es desfachatez.