Cuando lo Inverosímil se hace cotidiano

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agua sucia


Nicolás Maduro pide a gritos que salgan a defenderlo si lo sacan del gobierno, mientras los venezolanos solo viven para producir 48 horas, roban chivos, piden consejos de cómo lavar ropa con agua sucia y se desesperan porque los relojes no acataron en las primeras horas la locura de volver a cambiar los minutos de la historia.


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
Lo inverosímil se hace realidad cotidiana en un país sin luz, sin agua y sin comida. Cuando se trata de escribir un cuento de lo increíble por sorprendente, cuando se escribe acerca de lo que puede suceder en un territorio que llegó a ser el más próspero de América Latina, las historias paralizan y ocupan las páginas de las situaciones más inauditas.

Seis soldados del ejército, en el estado Lara, empezaron a deambular por las instalaciones del Fuerte Manaure. Su barriga sonaba a vacía desde hace muchísimo tiempo. La comida que les servían en las mesas de sus comandos cada día reducía su porción, la alimentación no calmaba la desesperación de noches eternas. Sus pasos tienen que destinarse a servir a la patria, al gobierno, a los lemas repetidos hasta la saciedad de unas fuerzas armadas socialistas y chavistas.

Por eso una día se envalentonaron, repitieron quizás las travesuras de la juventud y se dispusieron a encontrar lo que los iba a alimentar por un buen tiempo. Ver a sus superiores gorditos, saludables, dándoles órdenes mientras sus horas se vaciaban en hambre, los envalentonó y decidieron quitarles a otros lo que no era de ellos. Se aproximaron a una finca y se llevaron seis chivos. Cuando los descubrieron ya los animales estaban muertos.

Fue la policía del estado Lara la que los encontró en una camioneta sin placas. En ella, circulaban con su robo escondido, cuando fueron sorprendidos.


Otro vehículo también del ejército se volteó y detuvieron a dos efectivos. Ellos no llevaban comida, su cargamento era de droga.


Así son las historias diarias de un país que se ha convertido en el productor de lo inconcebible. En el que la creatividad ha devuelto el día a día a las épocas más remotas, en donde hasta las piedras ruedan para reforzar lo insólito de la cotidianidad.

Un país que por el capricho de un individuo que produjo la etiqueta de chavista, cambió la hora hacia atrás 30 minutos, descolocando los relojes del mundo y las transacciones bancarias, hasta que la tierra dijo basta y tuvieron que volver al principio y mientras eso ocurría, el primer día de trabajo de la semana, donde el tiempo se tiene que apurar porque solo hay 48 horas de productividad, los relojes volvieron a dar vueltas y vueltas sin saber dónde detenerse para poder acomodarse otra vez. Las sábanas de muchos se pegaron al torso, a otros los engañó la biología del cuerpo y a algunos los desesperó la tecnología de los teléfonos inteligentes que no lograron aprenderse la lección y quedaron raspados en el primer intento.

El agua mientras, sigue su invariable curso de escasez y la luz, apagada en casi todo el país, con un estricto horario de racionamiento y otro de improvisación. Sin embargo, Caracas vuelta loca, después que le prometieron que no la tocarían por ser la mimada de los cerros de la ciudad, se oscurece en algunos espacios sin previo aviso.

Camisas remojadas en el cloro que se pudo conseguir hace algún tiempo y que pujan junto al sol para deslumbrar de blancas, son opacadas por la suciedad del agua, por el color del barro, por el desbarajuste con el que se vive en un país en el que la minoría domina a la mayoría.

Las redes sociales se convirtieron en consejos de abuelas de campo del siglo XIX. “Tienes que vaciar el agua en un botellón o un tobo y esperar a que se asiente, cuando ya veas que el sucio queda en el fondo, poco a poco y con una franela vieja o una buena tela para colar, la vas pasando a otro perol con mucho cuidado para que no se revuelva el sucio del fondo, sino la hierves, la cuelas y la vuelves a hervir”. Una vez hecho este procedimiento tan rudimentario y engorroso, “puedes utilizar el agua para enjuagar las franelas, ya yo lo hice así con el uniforme del colegio de mi hijo”.

Mientras alguien le da una solución diferente. “Recoge agua de lluvia, esa es limpiecita”.

Cuentan que el café lo venden reusado. Es decir, cogen el café ya colado, lo secan al sol y lo empaquetan. Con el arroz hacen algo parecido, lo mezclan con alpiste que han tostado previamente y lo venden como arroz integral.

Esa es la Venezuela que Nicolás Maduro pide a voz en grito que defiendan en la calle si lo “sacan del gobierno”

Como lo describió Julio recordando al cineasta norteamericano Woody Allen: “El mago hizo un gesto y desapareció el hambre, hizo otro gesto y desapareció la injusticia, hizo otro gesto y desapareció la guerra. El político hizo un gesto y desapareció al mago”