Historias diarias de la dignidad pisoteada

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colas


Mientras el presidente Nicolás Maduro, grita en cada mitin que al pueblo venezolano se le respeta y clama por la dignidad del país, las historias que pasan a diario en Venezuela, son la demostración más patente de la dignidad pisoteada.


Gloria Rodríguez-Valdés @gloriabarrios
El taxi esperaba en el aeropuerto, sabía que el vuelo vendría con algunos venezolanos que habían tenido la oportunidad de comprar jabones, champús y pasta de dientes en el exterior. Cuando los pasajeros se subieron, se percató que el bulto pesaba. “Seguramente traerán esos productos, pensó, me voy a aventurar”.

Cuando iba por la mitad del camino se envalentonó y les dijo de una vez, “miren, si ustedes me pueden pagar con jabón, champú, lo que sea, no se preocupen, lo prefiero, para mí ese es el  mejor pago”.


La señora Josefina estaba en el Seniat, tenía que arreglar un problema. Estaba cansada de ir y venir, el dinero que gana no le alcanza para nada. Tiene un nieto al que no le puede dar el tetero porque no consigue leche y a veces, el dinero no le alcanza ni siquiera para darle unas galletas. Sus dos hijos están desempleados. ¿Sabe?, yo soy católica, creo en Dios, antes iba a misa, ya no, porque vivo maldiciendo a todos los que nos han llevado hasta este cataclismo. Ya además creo que por maldecir no peco, no voy a ir al infierno. Ya vivo en él.


Raiza gana 36 mil bolívares mensuales, es secretaria. Gana más que muchas de sus colegas. Le cuesta llegar a fin de mes. Pero este fin de semana tuvo que llevar a su papá al hospital. El hospital del pueblo, el hospital de todos, ese que debería ir amarrado a la dignidad de la que tanto habla Nicolás Maduro. En ese hospital se le fue la mitad del sueldo, si quería que atendieran a su papá tenían que salir a comprar todas las medicinas, los insumos. Todo. Esa no es la salud que el gobierno dice que le da al pueblo.


El palo de agua de hoy no dejó salir a la gente que vive en Guarenas, Guatire, Petare. Meses añorando la lluvia y llegó de pronto para arrasar. Se llevó carros, las personas estaban atrapadas, muchos no pudieron salir de sus casas. Otros también maldecían, el gobierno tuvo tantos meses de sequía que pudo haber limpiado los desagües, las quebradas, las alcantarillas. Y no hizo nada.


María es una muchacha bonita. No está bien vestida, la ropa está sucia. Hace su cola en el supermercado para comprar dos salsas de tomate y dos jabones líquidos para lavar ropa.

Mientras espera para pagar, María que tiene 22 años, demuestra su molestia. No entiende cómo se ha llegado hasta esta situación en la que el dinero no alcanza, en donde no se consigue comida. Llorando dice que no tiene corazón para no poder darle un tetero a su muchachita de dos años y no porque no tenga plata para comprarla, es porque no se consigue.

“En la cuarta, la electricidad era privada y funcionaba, no se iba la luz. Ellos ganaban y reinvertían. Ahora no, ahora, ganan y se lo roban. Los blancos, los verdes, los rojos, eran amigos. Ahora te preguntan si votaste por el PSUV para darte trabajo. Esto no es vivir”.

La señora de al lado, le dice, “si es verdad pero antes no robaban tanto porque había menos dinero”.

–  No, señora, le dice María, como roban ahora no ha robado nadie. Aquí a nada le dan mantenimiento, lo que tenemos, la infraestructura que tenemos, es gracias a la cuarta, no a este gobierno.

María se acaba de graduar de ingeniero industrial, ya le van a dar el título.

–  ¿En qué trabajas?, limpió aquí, en el supermercado, no he podido conseguir otro trabajo. Gano tres mil bolívares semanales. ¿Qué puedo hacer yo con eso? ¿Sabe qué voy a hacer cuando me pongan los sellos a mi título?, me voy a asimilar en la academia militar. Los que están ahí están más tranquilos, consiguen casi todo. Es verdad, no están contentos,  los tienen muy vigilados, hasta los celulares se los revisan, pero tienen un mejor futuro.


Orfelina gana 20 mil bolívares. Pero tiene que pagar el colegio de su hija para que se pueda quedar en la tarde y ella poder trabajar. En los colegios del estado los sueltan a las 12 del mediodía. ¿Quién puede trabajar así?, medio día, nadie. Por eso tiene que pagarlo. Es un colegio privado pero el director es chavista. Ya les dijo, la inscripción del año que viene va a costar 35 mil bolívares.

Hay días que no consigue nada de comida. Su cédula es los lunes, hace la cola porque en el trabajo le dan permiso, pero casi siempre, cuando llega, ya los bachaqueros que con chuzo en mano aseguran que llegaron primero, han arrasado con todo. Hay veces que no le puede mandar el desayuno a su hija para el colegio y hay días en el que no tiene para comer.


Elizabeth tuvo un nieto prematuro, muy prematuro. El día que su hija rompió fuentes ruleteó por varios hospitales. Al final la recibieron en la maternidad Concepción Palacios. El bebé ha sido un milagro. A punto ha estado de no poder sobrevivir por negligencia de las enfermeras, pero el muchachito quiere vivir y lucha. Ahora espera engordar, pero necesitan leche y no consiguen.

Les dijeron que en una farmacia iban a sacar el lunes. Llegaron, tenían el número 51. Se acabó en el número 50. El señor de adelante la oyó hablar con la farmaceuta contándole sobre la necesidad de la leche para el bebé que lucha por vivir. La esperó en la puerta y le dijo que se la vendía. A él le costó 423 bolívares, no la necesitaba, se la ofreció en 4 mil.


Son las historias diarias de las miserias humanas a las que ha llevado un gobierno que regala medicinas a otros países pero que deja que su pueblo muera por la falta de ellas, a un gobierno que habla de precios justos pero que no resuelve el problema de los bachaqueros, a un gobierno que habla de dignidad y no hay como alimentar a los niños. Esas son las cosas que pasan en esta Venezuela de la dignidad pisoteada por el poder.