El Estado Islámico Mata en la Capital de Europa

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Imagen captada por las cámaras de seguridad del aeropuerto de Bruselas



En Europa muchos empezaban sus vacaciones de Semana Santa, en América analizaban la visita de un Presidente norteamericano a la cuna del socialismo, en Bruselas interrogaban a uno de los autores intelectuales de los atentados de París. Era temprano y varias exposiciones alteraron la paz.


Bruselas hace unos días detuvo al hombre más buscado tras los atentados de París en noviembre del año pasado. Salas Abdevlam se escondía como una rata, de rincón en rincón con la ayuda de muchos como él que viven en el corazón de Europa. Al final lo encontraran en su barrio Molenbeek. No se inmoló, no quiso, él ama la vida, la suya al menos, por eso un día la policía lo atrapó y habló en los interrogatorios lo que quiso hablar.

Hoy los terroristas volvieron a atacar, lo hicieron en Bruselas. Nuevamente no les importó nada, ni siquiera los musulmanes que estaban en el metro, en el aeropuerto. Allí en esa ciudad habían planificado los atentados de París, y ahí en una reacción inmediata, de pocos días las células yihadistas, atacaron otra vez. Tres explosiones, dos en el aeropuerto y una en el metro. 34 muertos y hasta ahora 202 heridos. Encontraron un cinturón de explosivos que no explotó.

El Estado Islámico reivindicó esa siembra de terror.

Son terroristas que solo piensan en atacar y morir. Esta es la nueva guerra del siglo XXI, son células contiguas y como señala el eurodiputado Ramón Jaúregui, las fuerzas de seguridad europeas tienen que proponerse que deben actuar de otra manera. “No hay una policía europea que analice a estos responsables conjuntamente, es una guerra que requiere una globalización, una coordinación informática y una iniciativa común”.


Es una nueva guerra porque son ataques no esperados, no hay pistas, por eso se requiere un trabajo conjunto y profundo de las policías del mundo. Los terroristas se han desplazado por todos lados. La presencia de núcleos radicalizados no era del todo novedosa ni exclusiva de Bruselas.


La gran paradoja —y motivo de alarma para las autoridades belgas— es que los ataques han golpeado los dos núcleos más vigilados de la capital belga desde el 13-N: el aeropuerto de Zaventem, el principal del país y uno de los de más tráfico de Europa, y la zona donde se sitúan las principales instituciones comunitarias, conocida como Schuman. Lo mismo ocurre con las dos paradas de metro de esa almendra central: Maelbeek (la que ha sufrido la explosión también este martes) y Schuman.


 

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El comunicado distribuido por el aparato informativo del grupo terrorista  anuncia: “Soldados del Estado Islámico han llevado a cabo una serie de atentados con cinturones explosivos, bombas y aparatos explosivos contra objetivos en el aeropuerto y una estación de metro del centro de Bruselas, capital de Bélgica un país que participa en la coalición contra el EI”. El comunicado también se refiere a que otros “países cruzados” vivirán “días negros” en respuesta a su agresión al Estado del Islam. El texto añade que con estos ataques, el Estado Islámico ha conseguido “infundir el miedo y el terror en los corazones de los cruzados en su propia casa”.

Señala el portal El Español que “en los foros yihadistas predomina un ambiente de euforia por estos ataques y se prodigan también mensajes de incitación para atacar a los países occidentales, sobre todo los que participan en la coalición militar contra el EI en Irak y Siria”.

Hay tres sospechosos de los atentados del aeropuerto, las imágenes han sido divulgadas en todos los medios del mundo. Tres hombres que llevan de la mano la muerte mientras empujan unos carros con maletas. Uno de ellos creen que logró escapar, los otros dos presumen que murieron.

En el metro hablan de una explosión y otros de ráfagas de tiros.

Es un día más que se suma a la tristeza de la vida de tantos que no tienen nada que ver con el pensamiento asesino de unos inconformistas que pasean por el mundo.