El Golpe Durmiente

Constitución


Hugo Chávez Frías fue un apasionado por el poder, dispuesto a obtenerlo y conservarlo por cualquier vía, sin freno ético o moral que lo detuviera y con la ventaja del monopolio de las armas no dudó en matar para derrocar a Carlos Andrés Pérez. Sin entrar en el debate sobre las razones que dieron pie a los dos alzamientos militares de 1992, la realidad es que existieron.


José Vicente Antonetti @joseantonetti
El fracaso de imponerse por las armas, no inhibió a Chávez Frías de imponerse por la fuerza, sino que lo llevó a modificar su estrategia, siempre autoritaria. Disfrazado de demócrata, con una reconocida habilidad oratoria y sin escrúpulos para mentir, Hugo, el candidato, hipnotizó a la mayoría electoral venezolana en 1998 y con la promesa de una refundación de la República ofreció “una Constituyente” que permitiría materializar su oferta.

Pocos fueron capaces de ver la trampa que escondía la “Constituyente” y prefirieron apostar a ella, que continuar con un estilo de hacer política que se había desnaturalizado, en la bautizada cuarta república.

Jamás olvidaré cuando la propia Corte Suprema de Justicia, por un voto, aceptó el carácter “supra constitucional” de la “Constituyente de 1999”. Recuerdo haber entrevistado a quien significó la diferencia, el hoy occiso Magistrado Alirio Abreu Burelli. 

En aquella ocasión le pregunté: ¿Magistrado, qué pasaría si en el referéndum aprobatorio del proyecto de Constitución que emita la Constituyente el país vota no, pero ya la Constituyente disolvió el Congreso, la Corte Suprema, destituyó al Fiscal, al Contralor y a los integrantes del Consejo Supremo Electoral, que están legítimamente en funciones de conformidad con la Constitución vigente que es la de 1961?


Se limitó a responderme que jurídicamente mi inquietud era correcta, pero que las encuestas que ellos manejaban apuntaban a que la Constitución sería aprobada y, en consecuencia, políticamente la Corte no podía colocarse de espaldas a la mayoría del país.


Lo demás es historia, la Constituyente se impuso y Hugo Chávez utilizó la vía democrática, para imponer su proyecto dictatorial y así lo afirmo: Venezuela vive en dictadura y no de ahorita, sino desde 1999 y mientras esto no se entienda no habrá salida, sino frustración.

La realidad política contemporánea impedía el triunfo de un golpe de estado tradicional. Pero, esa realidad también impide que un régimen sea calificado de dictadura, si conserva las formas tradicionales de división de poderes, aunque sólo sea una apariencia y eso lo entendió Chávez como nadie.

Con una nueva Constitución, que le permitió hacer borrón y cuenta nueva, el chavismo “colonizó” todas las ramas de los poderes públicos, para asegurarse la permanencia eterna en el poder, sin que la gran mayoría del país entendiera que cada proceso electoral sólo ha servido hasta el presente para legitimar al régimen, mas no para democratizar y garantizar la alternancia.

En una disección de cada rama del poder público a lo largo de estos últimos 18 años, la conclusión es la misma, todos están colonizados por chavistas, puestos allí con el único propósito de proteger al Gobierno y el TSJ cumple esa tarea.

Mientras no es necesario, esos colonos conviven con la sociedad, forman parte de ella y son hasta gentiles. Pero cuando son activados, despiertan, como despiertan aquellos espías o asesinos “durmientes” que son infiltrados en determinados países, cuyos ejemplos sobran en la historia.

Son Yihadistas de la política chavista, dispuestos a sacrificarse cuando se lo ordenen, convencidos que al pertenecer a alguna rama de los poderes públicos, van a ser vistos en el exterior como legítimos representantes de un sistema democrático que tiene mecanismos de contrapeso.

En un análisis simplista habrá más de uno que dirá que es normal, natural y hasta sano, que el poder judicial controle al legislativo, sin ver más allá de sus narices y eso es lo que entendió Hugo Chávez para dar el golpe de estado con la Constituyente y que cada cierto tiempo la oposición denuncia.

Hoy es el TSJ el yihadista que el chavismo despierta para protegerse, 7 Magistrados de dudosos méritos integran la Sala Constitucional, todos ellos vinculados al oficialismo. La Presidenta, Gladys Gutiérrez fue Procuradora, embajadora y candidata a la Asamblea de Chávez, Calixto Ortega y Juan José Mendoza fueron diputados chavistas, Luis Fernando Damiani ex viceministro de Chávez, Arcadio Delgado exconsultor jurídico del alcalde chavista Gian Carlo Di Martino, Carmen Zuleta fue representante del Gobierno en organismos internacionales y Lourdes Anderson está vinculada al Psuv.

No son imparciales, tienen interés en las “resultas” como se dice en Derecho, al igual que lo tienen la Fiscal General Luisa Ortega Díaz, ex consultora jurídica de VTV durante la presidencia de Maripili Hernández y responsable directa de numerosos juicios amañados como el de Leopoldo López; el Defensor del Pueblo Tarek William Saab, ex diputado y gobernador chavista; el Contralor Manuel Galindo, ex consultor jurídico de la Asamblea Nacional de mayoría chavista.

En mi opinión, la única salida es ir al origen del problema, a la Constituyente. Venezuela necesita un nuevo proceso constituyente que permita una Constitución que de pie a poderes públicos independientes, con mecanismos de elección y designación que impidan que mayorías circunstanciales escojan a sus integrantes en función de sus intereses y no los del país.

Y eso tiene que entenderlo la mayoría opositora de la Asamblea Nacional, que lamentablemente, desde mi punto de vista no avanza a la velocidad que la realidad exige.