El Gobierno le quita a los Mayores la ilusión de Poder Comer

Foto: Carlos García Rawlings / Reuter

Foto: Carlos García Rawlings / Reuter



Maduro se molesta con la iniciativa de la AN de darle un bono de alimentación y medicina a los de la tercera edad. No hay dinero asegura. Pero es que su emergencia económica, ha regulado el hambre con captahuellas, tecnología que más de una vez falla y le quita a los mayores más necesitados la posibilidad de poder comer. Así le pasó al pobre señor Juan.


Gloria Rodríguez-Valdés  @gloriabarrios
Al Presidente de Venezuela le molesta lo que haga la Asamblea Nacional; que se le ocurra hacer lo que a ellos no, le consume la soberbia. Cuando la AN aprobó el jueves 11 de febrero el proyecto de ley del bono alimenticio y medicamentos para la tercera edad, contaron también con el voto de la bancada oficialista, sin embargo un “pero” salió de la boca de Nicolás Maduro, “con el petróleo a 21 dólares el barril cómo lo vamos a hacer, no hay suficientes recursos para cancelar los bonos alimenticios y medicamentos dirigidos a los pensionados y jubilados”.

Es que el petróleo no siempre estuvo en ese precio, señor Maduro, el petróleo llegó a estar a más de 100 dólares y tampoco hicieron nada por darles a las personas mayores algo más que su pensión. Una pensión que no es un regalo del gobierno, los pensionados pagaron por ello.


Feliz, con sus manos arrugadas y su paso lento, hizo su cola


Triste es ver lo que viven hoy las personas de la tercera edad, ya no solo porque en la última etapa de su vida un sueldo mínimo, que es lo que autoriza el Gobierno a repartir no les alcanza para nada, es que no consiguen las medicinas que les puede ayudar a prolongar la vida, a mantenerse en buenas condiciones y cuando las encuentran, muchos no tienen el poder adquisitivo para comprarlas.

Triste es ver cómo el señor Juan se emocionó cuando entró al supermercado y pudo tomar en sus manos dos paquetes de harina pan y una lata grande de sardinas. Feliz, con sus manos arrugadas y su paso lento, hizo su cola, había conseguido un bien preciado y económico para su alimentación y era el día de su cédula. Podría alimentarse, una obligación básica que tiene un estado con su pueblo.  Al llegar a la caja registradora le exigieron poner su huella en esa especie de cartilla electrónica cubana y la máquina lo rechazó, le aseguró que él ya había adquirido su cuota semanal. No podía seguir comiendo.

El señor Juan, con su mirada triste, con sus pies cansados, juraba y perjuraba que él no lo había hecho, no había podido conseguir sus paquetes de harina desde hacía mucho tiempo. Pero la máquina le insistía en que eso no era cierto. Mercedes, una señora acostumbrada a hacer sus colas para ayudar a los suyos, corroboró su versión. A ella muchas veces le asegura la captahuella que ya compró y firme, asegura que esa inteligencia electrónica miente. A Orfelina también le ha pasado y a la señora María, pero los que manejan el supermercado les señalan que nada pueden hacer. Si ellos contradicen a ese policía gubernamental electrónica, son ellos los multados y a lo mejor llevados a la cárcel. Eso es lo que hace este Gobierno que dice que necesita una emergencia económica.


las manos manchadas de sangre, aunque delante de Dios tengan los bolsillos de dinero sórdido y la conciencia anestesiada.


En Cuba la cartilla de racionamiento es un cartón, es triste confirmar que esta manera de controlar el hambre del pueblo es más sensata que la electrónica. A mano le marcan a la gente que puede comer. En Venezuela, además de haberles quitado la comida al pueblo, se llenaron los bolsillos con las máquinas captahuellas, hicieron un negocio para vigilar el hambre y poner en manos de la tecnología el sustento diario.

Esa es la forma en la que el Gobierno asegura ayudar a los mayores, así dijo Maduro “Entre la disyuntiva de proteger cada vez más pensionados y pensionadas, y dar un bono supermillonario en inversión, la decisión es de cajón, hay que proteger al mayor número”. A cuál número de pensionados, si ni siquiera les asegura su alimentación,

Hoy el Papa Francisco en sus palabras a los Obispos les habló de las manos manchadas de sangre, aunque delante de Dios tengan los bolsillos de dinero sórdido y la conciencia anestesiada.