Emergencia Eco-cómica

Juramentación de Luis Salas/ Reuters

Juramentación de Luis Salas/ Reuters



Los últimos movimientos en materia económica que ha realizado el gobierno vienen a ser más de lo mismo. Pocas soluciones se ofrecen en los cambios de ministros y en unas medidas tan absurdas como plantar comida en botellas y latas. El decreto de emergencia económica habla de lo mismo y las soluciones que ofrece son perfecta para incrementar la corrupción.


Angel R-Valdés Cardiel
Después de más de un año de poderes especiales con los que Nicolás Maduro se suponía iba a arreglar la pésima situación económica de Venezuela, ahora él se siente en la necesidad de crear un estado de emergencia para seguir con el desastre.

De entrada resulta paradójico, por no decir tragicómico, que el mismo Presidente que tuvo la oportunidad y todos los poderes en su mano para encarrilar las cosas, ahora diga que éstas están muy mal y que necesita otros poderes para arreglarlas.

Como era de esperarse las primeras acciones dejan ver a las claras que no hay ninguna intención de reparo ni ningún interés en que las cosas mejoren. Los movimientos ministeriales dejan traslucir  que su intención es burlarse de todos. Nadie puede pensar seriamente lo contrario.

La creación de nuevos ministerios y el decreto de emergencia económica  parecen una obra de humor del absurdo.

El nuevo gabinete destaca por carteras redundantes y llenas de contrasentido. Cuatro ministerios de producción agropecuaria, como son el de Acuicultura y Pesca, Ecosocialismo y Aguas, Alimentación, Agricultura Productiva y Tierras y por último el de Agricultura Urbana, que por lógica debemos asumir que si uno es de agricultura productiva el otro es de agricultura improductiva.


…debemos deducir que el problema no es que no se consiga leche, pañales o medicinas, sino que la gente espera conseguirlos.


Llama obviamente la atención eso de Agricultura Urbana, rescatando el viejo y fracasado concepto de los gallineros verticales del “Galáctico”, aunque con la genial mejora que incluye la nueva  flamante ministra, Emma Ramona Ortega,  que nos propone sembrar en potes, botellas y latas en nuestras casas. También va coordinar la producción en espacios populares de las ciudades, algo que se hace desde hace más de 30 años, pero que no alcanza ni para garantizar por completo la dieta alimentaria de sus productores. Pero que para ella “Ese es el trabajo, la labor que nos corresponde, la batalla que hay que dar y en eso seremos incontenibles”.

Luego hay varios ministerios de economía, como el de Banca y Finanzas, proceso social del trabajo, Comercial exterior e inversión, Industria y Comercio, Economía Productiva y su correspondiente ministerio de economía (suponemos que improductiva) que es la Vicepresidencia de Economía; aunque en este caso parece que el de Economía Productiva será más  improductivo.

Luis Salas, titular de economía (Im)productiva, cree que no hay un problema económico, sino de percepciones. O sea, que debemos deducir que el problema no es que no se consiga leche, pañales o medicinas, sino que la gente espera conseguirlos. Dicho a lo Ricardo Arjona, el problema no es problema.

También es un convencido de que hay una guerra económica y de que la caída de los precios del petróleo se debe a una confabulación mundial contra ese paraíso que es Venezuela.

En su decreto de emergencia económica, lanzado poco antes de la presentación de la memoria y cuenta de Maduro y publicado en Gaceta sin pasar antes por el Congreso, como marca la ley, habla oficialmente con esos términos de “Guerra Económica”, “Estrategia de desestabilización…  que ha provocado la caída de los precios  de nuestro petróleo”, etc.

Las soluciones, etéreas y sin base, apuntan a más de lo mismo: “Recuperar la inversión productiva”, que ellos mismo acabaron, cabría agregar; “Asignar recursos no previstos en la ley de presupuestos a los organismos públicos…”, imaginablemente traducido en más corrupción; “Agilizar las compras del Estado”, o sea más corrupción para funcionarios y empresarios bolivarianos pero en plan express; facilitar divisas para la importación por parte de los organismos del estado, que es igual a más negocios cambiarios con dólares para crea más bolimillonarios en aumentar las cuentas de los ya existentes.

Lo demás es mucho blablablá de incentivar la inversión extranjera, producir mucho y ser felices.

Hay temas que no caben en el  limitado presupuesto de soluciones de estos nuevos ministros, como devolver las cientos de miles tierras expropiadas y ahora improductivas a manos privadas para que vuelvan a ser productivas, en vez de sembrar en macetas y botellas, o rectificar y sincerar  la política cambiara, eliminar los controles de precios que ahogan a los productores, pagar la deuda del gobierno a empresas que han tenido que irse del país por esa y otras razones.

Por último, ante el nuevo gabinete ministerial hay que preguntarse, ¿cuántos nuevos empleados habrá en los nuevos ministerios? Los países y los gobiernos serios lo primero que hacen en crisis económicas es reducir el gasto público fijo y de nómina, Nicolás Maduro solo piensa en aumentarlo creando más productores de palabras, no de bienes. Pero ya sabemos que Maduro habla con pajaritos.